Una forma de gobierno de progreso

No todo es “bronca” y enfrentamiento en la política española. Se abren paso acuerdos y vías de colaboración, incluso algunas que hace muy pocos meses se tachaban como imposibles.

Lo hemos comprobado con la imagen de la reunión entre una delegación al máximo nivel del gobierno, presidida por la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y Ciudadanos, encabezada por su portavoz en el Congreso, Edmundo Val, su cara pública durante la baja por maternidad de Inés Arrimadas. 

Hace muy pocos meses se había levantado una “barrera de fuego” entre el PSOE y Ciudadanos. Ahora, el partido naranja ha acordado con el gobierno presidido por Pedro Sánchez las dos últimas prórrogas del estado de alarma y el decreto de nueva normalidad. Y Edmundo Val ha reivindicado su “participación para mejorar los decretos”, asegurando que “no somos socios del gobierno y seguiremos en la oposición, pero seguiremos siendo un partido que tiende la mano y huye de la bronca”. E incluso ha deslizado que Ciudadanos no se negaría a negociar unos nuevos presupuestos con el gobierno.

Se nos repetía insistentemente que Unidas Podemos y Ciudadanos eran como el agua y el aceite, y que por tanto cualquier acuerdo en el que participaran ambos saltaría por los aires antes de firmarse. Ahora Ciudadanos ha pactado no uno sino tres decretos con un un gobierno del que Pablo Iglesias es vicepresidente. Y desde Unidas Podemos se acepta que esa colaboración se amplíe. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el de Consumo, Alberto Garzón, representando a Izquierda Unida, se han declarado partidarios de una negociación presupuestaria en la que se incluya a Ciudadanos.

Durante los últimos años la posibilidad de un gobierno de progreso, basado en un acuerdo en el que se incluyeran PSOE, Unidas Podemos y Ciudadanos, ha marcado la política española, reapareciendo una y otra vez. En la doble vuelta de las generales en 2015 y 2016, en las crisis de gobierno en Madrid y Murcia, en la nuevo doble envite electoral en 2019… Desde estas páginas lo hemos defendido, como una alternativa que permitía formar un gobierno de progreso, estable y sostenido por una amplia mayoría… sin necesidad de depender del peligroso respaldo de las élites del procés.

Se hicieron, por parte de importantes centros de poder, denodados esfuerzos por apartar a Ciudadanos de este camino. Hasta empujarlo a un suicida y antinatural alineamiento cerrado con el PP y Vox, que condujo a Ciudadanos al abismo, perdiendo más de 2,5 millones de votos y 47 escaños.

El giro político realizado bajo la dirección de Inés Arrimadas en la formación naranja abre nuevas y saludables perspectivas, que entroncan con el espíritu regenerador con el que Ciudadanos irrumpió en la política española. La sociedad española lo está ya premiando, a través de una tendencia al alza de Ciudadanos en todas las encuestas.

No sabemos todavía hasta donde va a llegar esta colaboración entre Ciudadanos y el actual gobierno de coalición. Y ya ha recibido duros ataques desde los sectores más reaccionarios, incluyendo la acusación de “traidora” arrojada contra Arrimadas. Pero se ha abierto una vía que debemos empeñarnos en explorar. Que permitiría poder dotar de estabilidad parlamentaria a un gobierno progresista, con una mayoría en el Congreso plural en la que pudieran coincidir desde el PNV, Mas País a Ciudadanos. Y que además permitiría que los votos de JuntsxCat o ERC no fueran decisivos.

Que este nuevo horizonte político, aunque sea incipiente, irrumpa es una buena noticia. Especialmente en un momento donde la unidad y la solidaridad, para hacer frente a las consecuencias de la pandemia, es una necesidad urgente.


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