Redes sociales obligadas a retirar contenido, privacidad y apps y móviles rebeldes: llega el 8º consultorio de Maldita Tecnología

¡Buenos días, malditas y malditos! Desde que anunciamos la vuelta de nuestro consultorio tecnológico, nos habéis preguntado por cosas que e os hacen dudar cuando usáis redes sociales o ciertas aplicaciones, ¡pero estamos ávidos de más! Así que mandad todas las consultas que tengáis a nuestro Twitter, Facebook, a [email protected] o a este formulario, que despacito y con buena letra las iremos respondiendo.

Hoy contestamos a más consultas sobre cuándo las redes sociales tienen que retirar contenido, si implica pérdida de privacidad participar en algunas aplicaciones y aprendemos a lidiar con los quebraderos de cabeza que nos dan los móviles cuando empiezan a ralentizarse. Vamos allá.

¿Cuándo están las redes sociales obligadas a retirar un contenido si se lo pide el interesado?

Hace unos días respondimos a qué se podía hacer cuando un contenido que subimos a una red social se viraliza y ya no lo queremos pululando por ahí. Esta vez, nos habéis consultado por los casos en los que una red social está obligada a retirar contenido si se lo pide el autor, pero la respuesta no es sencilla porque “obligada, obligada… no lo está del todo”.

Es lo que explica a Maldita Tecnología el abogado especializado en protección de datos y comunicación Jorge Campanillas: “No es tan sencillo porque juega la situación de quién es el titular. En caso de duda, lo primero que hacen es retirar el contenido, pero si el titular de los derechos o el autor demuestra a la red social que el contenido en realidad es suyo, se lo debería restituir”.

La red social tiene que “hacer de juez” en estos casos hasta que se demuestra quién es el autor o quien, por defecto, tiene los derechos del contenido concreto, si hablamos de casos en los que pueden estar involucrados asuntos de copyright o contenidos delictivos. El problema es que “hacer de juez” es algo que los directivos de las redes sociales detestan y tratan de evitar siempre a toda costa (y existe un debate sobre si esto es bueno o no porque… ¿quién es Facebook o Twitter para hacer de juez?).

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Lo primero que podemos hacer es o bien dirigirnos al usuario infractor (la persona que ha cogido nuestro contenido sin permiso) o a la red social, dependiendo del tipo de contenido que se ha podido viralizar o subir y sabemos a ciencia cierta que es nuestro. Campanillas recuerda que en los Términos y Condiciones de la propia red social suele figurar qué hacer con cada situación en la que se requiera retirar contenido y que incluso añaden canales propios para denunciar violaciones de copyright, por ejemplo.

Si contactamos directamente a la red social en el caso de contenidos que pueden ser ilícitos (un comentario o imagen que atenta con nuestra privacidad o nuestra intimidad, por ejemplo), la abogada especializada en derecho digital Camino García avisa de que “la efectividad no siempre es la esperada, ya que cada red social tiene los protocolos distintos y actúa de manera más o menos diligente según sus políticas internas”. Volvemos a la idea principal: obligadas del todo a retirar algo no están.

García explica que la cosa cambia cuando se solicita la retirada en base a la normativa de protección de datos. En caso de que estemos reclamando un infringimiento relacionado con nuestros datos personales o nuestra imagen, deberíamos poder acudir a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) para hacer valer nuestros derechos. ¿Qué pasa? Que aquí entra la vía legal de por medio y los tiempos se pueden estirar más de lo que pensamos.

La abogada sí que señala algo a lo que están obligadas las redes en un caso probado en el que un contenido es ilícito o afecta a los derechos del autor: deben actuar “con diligencia” para retirarlo y “pueden incurrir en responsabilidad” si “conociendo la ilegalidad de un determinado material no actúan con rapidez para retirarlo o impedir el acceso al mismo”. Es decir, que quizás no se hagan responsables del contenido que discurre por sus plataformas, pero cuando uno muestra las suficientes pruebas de que el trabajo es propio o de que no tiene que estar ahí, las redes deben pisar el acelerador y facilitar las cosas.

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“La retirada de contenido ha estado en mucho tiempo metido con las discográficas, con los autores, con las multinacionales o las televisiones diciéndole a YouTube que retiren contenido, pero en la mayoría de los casos no les queda más remedio que ir también a los tribunales y se acaba judicializando de alguna forma”, relata Campanillas.

El último paso disponible suele ser el de acudir a los tribunales contra una red social, como nos contaba otro abogado en este artículo, pero es el que la mayoría de personas quiere evitar llegado el caso por los costes que conlleva.

¿Implica pérdida de privacidad ser voluntario en la aplicación Crowdless?

Nos habéis preguntado por una aplicación en particular llamada Crowdless, pero vamos a tratar de daros una respuesta que podáis usar en general al usar servicios digitales. Al final, la mayor parte de la preocupación por la privacidad se resuelve con una medida relativamente sencilla (aunque tediosa, que lo sabemos): leer los Términos y Condiciones y la Política de Privacidad de los sitios.

Crowdless es una aplicación lanzada en abril que sirve para comprobar en tu zona geográfica qué locales y espacios públicos están más concurridos que otros. La iniciativa surgió a cuenta de la pandemia del coronavirus y la necesidad de mantener el distanciamiento social y recoge los datos de servicios como Google Places o Google Maps (que ya hacen esto para servicios como el transporte público).

Puedes ser “voluntario” en la app, que implica participar en acciones que van desde apuntar tu local para registrar la concurrencia a añadir comercios y espacios que no están en ella. Este tipo de aplicaciones colaborativas son muy comunes y cada una tiene sus particularidades. Por ejemplo, con la COVID-19 surgieron varias para que la sociedad “colaborase” con el control de los contagios, por ejemplo apuntando si tenían síntomas, pero a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) no le gustó demasiado la idea por los riesgos a la hora de mover datos de salud.

En el caso de Crowdless, su Política de Privacidad no dice mucho de lo que hacen con nuestra información, lo cual no es un punto a favor. Desde la compañía, explican a Maldita Tecnología que no recogen datos personales de gente que usa la app, pero que sí pueden guardar la información de personas que “rellenan encuestas, formularios o se apuntan a programas como el de los voluntarios”.

Explican que esa información personal se guarda en una “base de datos encriptada” a la que solo puede acceder la compañía, que esos datos sólo se guardan para comunicarse con los voluntarios y que no se comparten a terceros. Esta información no está especificada en su política de privacidad, que es lo que cuenta.

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Este caso puede servir como patrón para muchas otras aplicaciones que nos vamos a encontrar que sean poco específicas en sus textos de privacidad: “Hay que leer siempre las políticas de privacidad de las apps móviles, y en caso de que sean o escuetas o no te den confianza quizás mejor no utilizarlas”, explica Jorge Campanillas.

Deja a elección de cada consumidor que delibere entre usar una aplicación opcional: “Todas las aplicaciones pueden ser inocuas, pero no lo sabemos a ciencia cierta”, dice este abogado. Además, dado que las plataformas tienden a “no siempre ser lo transparentes que les exige la normativa”, nos generan dudas y eso es normal. Lo mejor es “utilizarlas con cuidado o preguntar directamente a la compañía, a ver qué tipo de respuesta dan a la consulta para dejarnos totalmente tranquilos”.

Camino García, por su parte, señala que la Política de Privacidad de esta aplicación es “incompleta” e “insuficiente” porque no ahondan en el sistema de registro que tienen ni especifican “para qué se utilizan los datos, durante cuánto tiempo, los destinatarios a los que, en su caso, se comunicarán los datos o cuál es la base legal del tratamiento”, puntos clave de un documento así.

Contando con que no siempre es posible hacer un análisis desde una perspectiva legal de una Política de Privacidad, lo ideal según estos profesionales es usar las aplicaciones con cabeza (es decir, no descargar ochenta en nuestro móvil por el mero hecho de tenerlas), analizar su objetivo y en función de ello y de lo que podamos observar en su funcionamiento y sus documentos legales pensar si nos hace falta y vale la pena. ¡De modo que todo el mundo a hacer limpieza de aplicaciones!

¿Por qué es tan difícil borrar datos del móvil y qué se puede hacer para ahorrar espacio cuando el teléfono está lleno?

Que levante la mano el que no se haya desesperado alguna vez con la lentitud que a veces se va apropiando de los teléfonos móviles y de lo difícil que parece encontrar el origen del problema. Ese estrés ha llegado hasta Maldita Tecnología, ya que esta semana nos habéis preguntado qué hacer cuando no encontramos el origen de que se ralentice el móvil.

Para resolver esta duda más relacionada con el consumo que con nuestra vida digital, hemos contado con la ayuda de dos malditos que nos han prestado sus superpoderes: “Los terminales móviles que tenemos hoy en día no se diferencian mucho de un ordenador personal y el conocimiento que tiene el público general del funcionamiento interno es bastante escaso. El usuario simplemente observa que su terminal ‘va muy lento’ y, después de aguantar así unos meses, termina comprándose otro nuevo”, comenta Ricardo Fuente, ingeniero de telecomunicaciones y desarrollador de software.

“Por norma general, la causa de la ralentización de los teléfonos móviles suele ser el incremento de los recursos mínimos para que el sistema operativo del dispositivo funcione. También puede pasar, como pasó en el caso de los iPhone, un recorte de prestaciones por medio de las actualizaciones para salvar la salud de la batería”, precisa Carmelo Establier, ingeniero electrónico.

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“Algo que no suele conocer el usuario medio es que los sistemas operativos se apoyan continuamente en el almacenamiento no volátil del dispositivo”, dice Fuente, especialmente con Android. Esto implica que cuando hay muchos servicios que le piden a la vez a esa memoria (como un disco duro del ordenador) que se ponga a funcionar, el propio sistema operativo del móvil tiene que crear un espacio complementario para atender tantas instrucciones. La velocidad de actuación en este compartimento es inferior y ahí pueden empezar los problemas.

También hay que tener en cuenta que se abren muchos frentes: cada teléfono es particular y el sistema dispositivo Android no funciona igual que el iOS de Apple. Ambos especialistas explican a Maldita Tecnología que un teléfono “lleno” no es sinónimo de un teléfono necesariamente más “lento”, ya que depende de la antigüedad y el modelo, entre otros factores. Tampoco es lo mismo el almacenamiento del teléfono (que suele ser un directorio visible) que su memoria (una característica de su hardware).

Por norma general, esa “ralentización” se puede ir produciendo en un teléfono cuando va cumpliendo años y lo vamos atiborrando de recursos. Fuente explica que hay factores como la instalación de aplicaciones antivirus, de estilos o temas, así como la salud de la batería (“con el número de cargas, las baterías van perdiendo vida útil poco a poco”) y el espacio libre, que van contribuyendo a esa pérdida de funcionalidad.

“Me atrevería a decir que si nunca actualizáramos el sistema operativo ni instalásemos ninguna aplicación, el móvil siempre iría igual de rápido que cuando lo compramos”, vaticina Fuente. Sin embargo, como  es algo que no logramos, este experto recomienda utilizar, por ejemplo, las opciones de limpieza de archivos que traen las propias aplicaciones y de vez en cuando hacer chequeos de lo que tenemos instalado.

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“WhatsApp, por ejemplo, permite liberar espacio por chat individual, además de la herramienta de mantenimiento propia del fabricante. Además, convendría eliminar las fotografías de cuando en cuando pasándolas a un almacenamiento extraíble, un PC o directamente a la nube. Y, una vez más, desinstalar aplicaciones no utilizadas pues cada una tiene un pequeño almacén (caché) que va llenando”, aconseja el desarrollador.

Establier concluye contando que “lo ideal es hacer limpieza de aquellas apps que no utilicemos, borrar archivos de vídeo e imágenes que no necesitemos o que ya hayamos hecho copia de seguridad, revisar que no tengamos apps en segundo plano, o simplemente vaciar las descargas de algunas de estas apps”. Por ejemplo de Netflix y Spotify, que permiten descargar audio y video para su consumo offline.

¡Una última cosa!

No somos técnicos o ingenieros pero contamos con mucha ayuda de personas que son expertas en su campo para resolver vuestras dudas. Tampoco podemos deciros qué servicio usar o dejar de usar, solo te informamos para que luego decidas cuál quieres usar y cómo. Porque definitivamente, juntos y juntas es más difícil que nos la cuelen.

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes los malditos Ricardo Fuente y Carmelo Establier.

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