La morosidad bancaria por la Covid es (aún) impredecible


Madrid, 01 de julio de 2020
(04:55 CET)

La banca cerró este martes el primer semestre del año y hasta finales de julio solo de puertas para dentro sabrán cuál ha sido su evolución en el que probablemente haya sido uno de sus trimestres más atípicos, con la convivencia de las moratorias, con un ritmo inusual en concesión de crédito a empresas.

El propio Banco de España reconoce que con esta crisis, de la que no existe precedente, los datos estadísticos podrían no servir de referencia a la hora de anticipar cuál será la cifra de impagos, aunque tanto el sector como el supervisor son conscientes de que el coronavirus dejará una morosidad creciente.

Durante la presentación de resultados del primer trimestre de 2020 casi ningún banco, con la excepción de Caixabank, se atrevió a pronosticar cuál sería su nivel de morosidad al cierre de este año, a pesar de que sí existen modelos capaces de replicar cuál será la cifra final.

El Banco de España, en su Informe anual de 2019, da pistas sobre cuál podría ser la magnitud del golpe, pero con muchos matices. «A partir de los datos trimestrales desde el año 2008 hasta la actualidad, se estima una correlación entre el crecimiento del PIB y la tasa de morosidad que indica que una caída de 1 punto porcentual en el PIB, va asociada a un aumento de 0,7 puntos porcentuales en la ratio de mora agregada», señala.

Extrapolándose esa relación a las previsiones económicas más benévolas del Banco de España (una caída del PIB del 9 o del 11,6%, este año), la morosidad se iría hasta una banda del 11,05%/12,87%, lo que equivaldría a elevar los saldos morosos entre 75.800 y 97.700 millones, a 133.000 y 155.000 millones (la cifra podría ser superior si la cartera de crédito del sector aumenta respecto a los niveles de 2019).

Sin embargo, el propio organismo reconoce que esta aproximación podría no ser válida en esta crisis. Óscar Arce, director general de Economía y Estadística, así lo reconocía durante la presentación del informe y señalaba que todavía era pronto para poder realizar proyecciones fiables de morosidad, recomendando mirar con cautela la «correlación» estadística.

Fuentes financieras apuntan que previsiblemente el peor golpe en impagos no se registre este año, sino que comenzará a verse en 2021, y que estará muy ligado a cómo reaccione la economía, al nivel de conversión de las moratorias en impagos y a la resistencia del sector empresarial, que está incrementando su endeudamiento. A mayor recuperación, menores posibilidades de que los saldos morosos se disparen.

El Banco de España también dejan abierta esa puerta. «Es preciso tener presente que el fuerte repunte de la actividad proyectado para 2021, tanto por el Banco de España como por la mayoría de estos analistas, implicaría asimismo una reducción de la tasa de mora más rápida que en otros períodos de recuperación de crisis económicas pasadas. Además, el potente conjunto de medidas de política económica a escala nacional y europea en respuesta a esta crisis también debería contribuir a reducir la intensidad de la transmisión de la caída del PIB a la tasa de mora» valora.

«En este sentido, cobran especial importancia los programas introducidos por el Gobierno de avales al crédito bancario para las actividades productivas y de apoyo a la renta de los hogares y a la liquidez de las empresas, las acciones del Banco Central Europeo relacionadas con la política monetaria y las medidas contables en el ámbito regulatorio», añade en su informe de 2019.

La incertidumbre choca con los dividendos

La falta de visibilidad sobre cuál puede ser el impacto de la crisis en el sector financiero, es un mal aliado para convencer a los supervisores de que la banca europea debería recuperar la libertad para repartir dividendos, tal como reclama el sector desde hace unas semanas.

Óscar Arce, de hecho, reconoció que existían incertidumbres sobre las que mantenerse alerta para valorar cambiar esta recomendación. Hasta el momento, el Banco Central Europeo (BCE), del que forma parte el Banco de España como parte del Eurosistema, solo ha dado la recomendación de no repartir dividendos hasta octubre de este año, pero es una guía que no se descarta que se pueda prolongar si existen incertidumbres sobre el coronavirus.  

Obligar a la banca a retener capital es una manera de evitar una posible crisis financiera, que provocaría que la recuperación económica fuera todavía más lenta. Y sin ella el golpe ya será significativo: constará una década que la deuda vuelva a caer por debajo del nivel del 100%.

 




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