Por qué el tamaño de los pies o la longitud de los dedos no sirve para predecir lo alto que será un niño o niña cuando crezca

¡Qué mona! ¡Qué carita más tierna! ¡Y qué piececitos más bonitos que tiene! Solo verle tan pequeñito o pequeñita y nos deshacemos en tiernos piropos. Pero, ¿cuánto crecerá el bebé? ¿Bastará con medirle la longitud de los dedos o de los pies para saberlo?

Nos habéis hecho llegar esta duda, y hemos contactado con la pediatra Vanesa Llorente, maldita que nos ha prestado sus superpoderes para este artículo, que nos ha advertido: “No está clara la relación entre la talla del pie y la altura, ni siquiera en adultos«.

Un estudio de 2012 encontró una relación entre la longitud del pie, medida por huella plantar, y la altura. “Sin embargo”, asegura Llorente, “este estudio fue rebatido el año siguiente por otro estudio por deficiencias metodológicas. En definitiva, actualmente no se ha podido demostrar una clara relación entre talla del pie y altura, a pesar de lo útil que sería disponer de esta información por ejemplo en caso de catástrofes múltiples, en las cuales a veces se encuentran pies separados del cuerpo, o para calcular la talla en investigaciones forenses cuando sólo se dispone de huellas de pisadas en la escena del crimen”.

Existen otros métodos para tratar de predecir cuál será la altura de un bebé cuando crezca. En 1970, después de haber medido millares de niños británicos desde finales de la Segunda Guerra Mundial, el investigador J. M. Tanner, junto con dos investigadores más, ideó una fórmula (hoy conocida como Fórmula de Tanner) que a partir de la media de las alturas de los padres (biológicos) establecía que un niño sería 6,5 cm más alto y una niña 6,5 cm más baja.

Esta fórmula ha sido criticada en los años sucesivos. Por ejemplo, en este estudio de 2015 se muestra que la predicción sobre la altura con el método de Tanner infravalora la talla final en jóvenes de zona rural del sudeste de España, mientras que en este otro de 2011, para niños holandeses, se aplica una corrección a la fórmula.

Sin embargo, “la fórmula de Tanner se suele utilizar en pediatría”, asegura nuestra maldita, recordando que “tiene una variabilidad de más o menos 8 centímetros, con un margen de error del 5% (es decir, en el 5% de los casos la predicción no coincidirá con el crecimiento final)”. Un ejemplo concreto: si el padre mide 1,80 m y la madre 1,60 m, el pronóstico de talla para su hija estará entre los entre 155,5 y 171,5 centímetros. 

“Otro método, más preciso”, añade Llorente, “y utilizado por los endocrinólogos pediátricos, estima la talla final a partir de la talla actual del niño y de su edad ósea, la cual se mide mediante una radiografía del carpo (la muñeca) de la mano no dominante y aplicando una fórmula matemática. No se emplea de forma rutinaria, sólo en casos donde se sospeche un problema de crecimiento”.

El también maldito Lluís Delgado, pediatra del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, que nos ha prestado sus superpoderes, añade que, además del método de la maduración ósea, también se suele mirar en qué percentil de crecimiento se coloca el niño o la niña a partir de los dos años de edad: “Esto suele ser un indicador fiable de cómo crecerán los niños”, nos dice.


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