La crisis climática se ceba con España, que en 2019 soportó un año con récord de calor, lluvias destructivas y sequía

España padeció en 2019 toda la combinación dañina relacionada con los efectos de la crisis climática: acumuló un calor excepcionalmente severo, temporales destructivos y, además, grandes áreas del país soportaron sequía, según ilustra el Informe del Estado del Clima de la Agencia Estatal de Meteorología.

El año pasado fue el sexto más cálido desde 1965 en España. De hecho, se registraron tres olas de calor. Pero una de ella, la que se produjo entre el 25 de junio y el 1 de julio, batió récords absolutos en los termómetros. Algo muy «inusual», ya que lo habitual es que los picos máximos de temperaturas se han dado históricamente en los meses de julio o agosto. «Ha sido la más intensa en cuanto a temperatura junto a la de 1987», calcula el meteorólogo de la Aemet Rubén del Campo. Esa masa de aire caliente en la península ibérica fue la más cálida para un mes de junio desde 1979, explica un estudio del meteorólogo José Ángel Núñez.

El país se está recalentando y de manera acelerada. Desde la década de los 60 del siglo XX, la temperatura media crece, de promedio, 0,3ºC cada década, según recoge el informe. La llegada de aire cálido o extremadamente cálido es diez veces más frecuente en las dos primeras décadas del siglo XXI que en las dos últimas del siglo XX.

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Vista del estado del Pantano de Sau, perteneciente a la cuenca del río Ter.

EFE

Las olas de calor, pues, se adelantan y 2019 fue un indicador más sobre este fenómeno. Los episodios anormalmente cálidos y extendidos que se disparan en junio eran antes bastante raros. En las últimas décadas, no tanto. De las diez olas registradas en el primer mes del verano desde 1975, ocho fueron a partir del año 2001.

Menos menos agua disponible

Una vez comprobado que la crisis climática hace que en España haga más calor cada vez, los registros de la Aemet indican que, a lo largo de los 12 meses del año, las precipitaciones estuvieron en un nivel normal respecto a la media histórica: 628 mm, un 3% menos que ese promedio. La Agencia avisa de que observó diferencias muy grandes según la época y el lugar donde se viva. Los datos absolutos se compensaron debido a las fuertes lluvias del otoño en el norte y el sureste de la península que revertieron el ciclo entre enero y octubre que era «muy seco».

Sin embargo, grandes zonas cerraron el curso en sequía meteorológica: la cuenca del Guadiana recibió un 28% menos de agua de lo normal. Las mediterráneas andaluzas un 43% menos. En la cuenca del Guadalquivir llovió un cuarto menos de lo esperado y en la del Tajo, un 15% menos. Se trata de dos amplísimas zonas con problemas de agua.

Mapa de las temperaturas extremas que registrará la Península esta semana

Mapa de las temperaturas extremas que registrará la Península esta semana

AEMET

Con una perspectiva más amplia, la Aemet indica que «la precipitación media anual ha experimentado un moderado descenso en los últimos 50 años». A esto hay que añadir que, al convivir con un calor cada vez más intenso, el agua se evapora más. A igual volumen embalsado, renta menos. «Así, se dibuja actualmente en España un escenario claramente más cálido y con menor disponibilidad de agua que en décadas pasadas», resume la Agencia.

Precipitaciones torrenciales e inundaciones

En contraste, incluso paradójico, el curso pasado varios puntos sufrieron episodios de lluvia torrencial destructiva que provocaron riadas e inundaciones. Fue especialmente aguda la que barrió el sureste y las Baleares entre el 10 y el 15 de septiembre. Lluvias con una fiereza estadísticamente sin precedente en varios lugares: siete estaciones recogieron el máximo de lluvia diario jamás registrado desde la provincia de Valencia a la de Almería pasando por Alicante y Murcia. Esta DANA fue la más profunda documentada por la estación de radiosondeo de Murcia en todo su funcionamiento desde 1984. Y, aunque quizá el más mediático, no fue el único caso de precipitaciones catastróficas de 2019. En abril en Valencia, en julio en Navarra y en agosto en Madrid fueron casos de lluvia destructiva y riadas.

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Imagen aérea de la ciudad de Almoradí (Alicante) con la rotura del dique del río Segura por la gota fría.

EFE

Mirando los mapas de la Aemet, se ve que la cuenca del Segura tuvo un 127% más de lluvias respecto a su media histórica. La del Júcar, un 97%. Las imágenes de Orihuela (Alicante) o Los Alcázares (Murcia) han ejemplificado las consecuencias de los temporales. Durante ese episodio, en algunos puntos llovió en tres días más que en todo un año. Y, sin embargo, «no han garantizado la abundancia de agua», explica la vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Hecho que han confirmado las protestas de los regantes del sureste cuando no han dispuesto del agua que querían desde el trasvase Tajo-Segura. Esto anuncia la necesidad de una «mejor gestión del agua. Vivimos en un país donde dos tercios de territorio está en riesgo de desertificación», ha resumido Ribera al termina de leer el informe de la Aemet.

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