Por qué no se están declarando brotes en Madrid si sigue siendo la comunidad con más número de casos


Desde que comenzó la desescalada del confinamiento, el Ministerio de Sanidad ha contabilizado unos 50 brotes de COVID-19 en toda España. Considerados «activos», es decir, que aún comportan cierto riesgo, hay una decena. Ninguno en Madrid y solo uno en Barcelona, pero no en el área metropolitana sino en Manresa, asociado a un matadero de otra localidad cercana. Ambas fueron las provincias que entraron en la ‘nueva normalidad’ sin completar la transición y pasaron a esta etapa con todavía transmisión comunitaria, aunque fuese ya residual. En Madrid, este 1 de julio han sido registrados 40 contagios en las últimas 24 horas. En Aragón, donde está uno de los dos brotes que el portavoz Fernando Simón ha reconocido que más preocupan a Sanidad, 20.

Para comprender por qué los gobiernos de Madrid y Catalunya (en Barcelona) no están registrando brotes hay que empezar por entender qué es un brote. Un brote es una agrupación de casos producidos en cadena en un lugar determinado. Pero el primer problema es que su definición técnica es «dinámica», explican desde la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). «No hay una definición canónica del número de personas contagiadas para la situación epidemiológica de brote» y eso complica hacer y tener unas instrucciones claras, añaden desde la Asociación Ares, de médicos residentes de Medicina Preventiva y Salud Pública.

Hay instituciones que tres o cuatro casos relacionados los consideran brote, otras que lo hacen a partir de más, porque no hay una cifra de casos fija a partir del cual tengan obligación. El Ministerio de Sanidad especifica en su protocolo para las comunidades que debe notificarse a partir de 3 casos, aunque pone la excepción de los brotes en el hogar, es decir, familiares, y están siendo muchos los que encajan ahí. Sanidad sí exige también que se aplique el código de «brote» en residencias de ancianos a partir de un solo positivo, no porque lo sea estrictamente sino por ser sitios de extrema vulnerabilidad (en Madrid sí se ha registrado alguno de ese tipo). 

Como de todos los datos relacionados con la pandemia, de los brotes informan los gobiernos regionales a Sanidad, que da el parte diario de infecciones. Algunas consejerías de Salud, como la de Andalucía, han preferido hablar de ‘clusters’, un anglicismo que, como recordó el portavoz de Sanidad Fernando Simón no significa otra cosa que «agrupamiento de casos», y «el agrupamiento de casos suele ser el primer paso de un brote, pero primero hay que comprobar y verificar la relación entre los casos». Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología, indica que las diferencias entre cluster y brote tampoco son «categóricas». A partir de tres «transmisiones», que es un contagio de persona a persona, puede haber un cluster, «una agregación pequeña de casos. Pero no hay una diferenciación técnica partir de la cual pasa a ser lo suficientemente grande como para ser brote». 

«Quiero pensar que en Madrid hay brotes»

La palabra «brote» ha generado algo de miedo –a la población general al oírla y a algunos políticos al pronunciarla– pero desde el punto de vista epidemiológico y de salud pública son casi una buena noticia. Asumiendo que va a persistir durante mucho tiempo algún nivel de transmisión comunitaria en España, y que va a haber casos importados tras la reapertura de fronteras, es preferible que haya un brote acotado a que esta se descontrole.

Ildenfonso Hernández, portavoz de SESPAS, desarrolla la idea: «De los 40 casos que ha habido este miércoles en Madrid, cabe preguntarse de dónde vienen. Y lo ideal sería que fueran un brote. Es mejor eso a que cada uno surja en un lugar diferente. Si se pueden trazar bien, se conoce de dónde vienen, a quién han contagiado… no hay problema. Lo preocupante es cuando surgen en una situación y tienen procedencia desconocida. Lo bueno de lo que pasa en Aragón es que son todo agrupaciones de casos identificadas y se sabe de dónde vienen».

Mario Fontán, presidente de la Asociación Ares, también lo cree así: «La población general vive un brote de manera distinta a como se ve desde la medicina. Cuando hay una fuente común para una serie de casos, muchas veces en una familia o en lugar de trabajo, la situación está controlada mientras sepas quiénes son. Va a pasar todo el rato y debemos acostumbrarnos. Se debe al volumen pequeño de transmisión comunitaria que tenemos». Por eso, de hecho, «quiero pensar que seguramente en Madrid esté habiendo brotes, aunque no se declaren».

La clave: el rastreo de contactos

Que se detecte un brote correctamente y a tiempo también depende en gran medida de cómo se esté llevando a cabo el rastreo porque así se sigue el camino epidemiológico y la relación entre los contagios. En España se analizan entre dos y seis contactos estrechos de cada confirmado, una media de cuatro, pero las comunidades no aportan a cuántos están investigando de media cada una.

«Lo lógico», según Ildefonso Hernández, sería que «las comunidades informasen», pero en todo caso el rastreo de contactos depende mucho de la situación: «En una fiesta de cumpleaños se pueden contagiar una docena, en una fábrica varios más». Por ahora, matiza Mario Fontán. «Si ese número empieza a incrementarse» puede ser un riesgo de descontrol, porque de momento la gente reporta pocos contactos estrechos, al no hacer aún del todo vida normal. Actualmente hay tres escenarios básicos en los que se están produciendo brotes: centros sociales y sanitarios, fábricas con condiciones precarias, y reuniones familiares.

Fontán señala que la situación actual es parecida a la que había hasta el 9 de marzo, cuando se reportaban también brotes controlados –hasta que dejaron de estarlo–, pero con una diferencia sustancial: «Ahora se está delimitando de dónde sale cada caso, hay protocolos definidos, se está haciendo PCR a asintomáticos, antes de cirugías, a contactos estrechos… estamos detectando cosas que antes no sabíamos. Y ahora sabemos más del virus que entonces».




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