Zanahoria y bronceado, sol y mascarillas, pescado blanco y azul, y Coca-Cola para limpiar: llega el Consultorio 98º a Maldita Ciencia

¡Hola malditas y malditos! Ya hemos llegado al viernes, el día que os sacamos de cualquier duda que hayáis tenido durante la semana con el Consultorio de Maldita Ciencia. Se nota que ya estamos en el verano, pues nuestros temas son casi todos estivales: si las zanahorias nos ayudan a ponernos morenas, si el sol puede ser un buen desinfectante para las mascarillas, qué diferencias hay entre pescados y finalmente si la Coca-Cola nos puede ayudar a desatascar cañerías y a limpiar objetos.

Si aún no sabes cómo preguntarnos esa duda que te trae loca o loco de la cabeza, no te preocupes, que te lo recordamos: envíanosla a nuestro WhatsApp (655 19 85 38), a nuestro e-mail ([email protected]) o a nuestras redes sociales (bien Twitter, o bien Facebook). ¡Lo que prefieras!

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¿Comer zanahoria está relacionado de alguna forma con ponerse moreno?

Nos habéis preguntado si comer zanahoria te ayuda a ponerte moreno. Antonio Clemente Ruíz de Almirón, portavoz de la Academia Española de Dermatología y Venereología, explica a Maldita Ciencia que se trata de un mito. 

Según afirma, es cierto que algunas frutas y verduras son ricas en betacarotenos, una sustancia que tiene un pigmento que “cuando se toma en grandes cantidades da una tonalidad anaranjada a la piel«, que no es uniforme, sino que es más evidente en algunas partes del cuerpo. Pero indica que se trata de un color anaranjado, no bronceado. 

La dietista-nutricionista Beatriz Robles, que hace referencia a esta revisión de la literatura científica, cuenta a Maldita Ciencia que esta pigmentación se ve sobre todo en zonas en las que se produce más sudor (como las palmas de las manos y las plantas de los pies).

Comer zanahoria no te pone moreno, sino naranja”, indica a Maldita Ciencia Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de los alimentos. En muy altas dosis, los betacarotenos pueden producir “una excesiva coloración anormal (carotenemia), que desaparece cuando cesamos el aporte de esta provitamina”. 

El color moreno, según explica, se debe a un pigmento llamado melanina que sintetizamos con la exposición al sol. Clemente cuenta que ni la zanahoria ni ningún otro alimento estimulan la producción de melanina que sí que daría este color a la piel bronceado, “que es lo que considera la gente atractivo”. 

Lo confirma Robles: “Se están investigando distintos compuestos (algunos de ellos presentes en los alimentos, como los flavonoides) como promotores de la melanogénesis (formación de melanina), pero no hay alimentos concretos que aceleren el bronceado”. 

Tampoco servirían, según cuenta, los complementos alimenticios que se usan para “broncear más rápido”, ya que se basan en el mismo efecto. “Contienen betacarotenos que ‘tiñen’ la piel desde dentro”, afirma. Por lo tanto, también en este caso el color que se consigue tiende más hacia el anaranjado que hacia el tono dorado. 

Los betacarotenos son “posiblemente eficaces” a la hora de disminuir las quemaduras por el sol en personas sensibles al sol, según Medline Plus, el servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de EEUU. Pero “no parecen disminuir el riesgo de cáncer de piel u otros trastornos de la piel asociados con la exposición al sol”.

Lurueña insiste en que no sustituyen en ningún caso el uso de protectores solares. Como ya os explicamos aquí, las mascarillas tampoco protegen de la radiación solar por lo que, al salir a la calle, hay que aplicarse protector en toda la cara.

¿Se puede desinfectar una mascarilla dejándola al sol?

Teniendo en cuenta que el uso de mascarillas es obligatorio a día de hoy en España en todos aquellos lugares públicos donde no sea posible guardar la distancia de seguridad con otras personas, y que estos objetos pueden convertirse en un grave problema medioambiental, mucha gente se pregunta cómo dar toda la vida posible a sus mascarillas.

En Maldita Ciencia ya hemos hablado de que lo ideal es no reutilizar las mascarillas desechables más allá del periodo indicado por el fabricante (que suelen ser unas 4 horas para las mascarillas quirúrgicas o higiénicas) pero que si nos vemos en la oblicagión de hacerlo, hay métodos que funcionan mejor otros que conviene evitar. Relacionado con este tema, aquí os contamos lo que sabemos sobre la reutilización de mascarillas que se han dejado aireando varios días, y finalmente aquí lo que sabemos sobre la desinfección en el microondas (aquí os contamos todo sobre las mascarillas y los trucos que podéis, o no, utilizar).

Ahora nos habéis preguntado si una buena forma de desinfectar las mascarillas podría ser dejarlas al sol. Después de todo, la luz del sol tiene rayos ultravioleta que, en situaciones muy concretas, se utiliza para desinfectar. Algunos estudios han obtenido resultados positivos con este sistema, pero la respuesta no está del todo clara.

Hace poco se publicó un artículo en la revista The Journal of Infectious Diseases que explicaba cómo en condiciones simuladas de exposición del virus Sars-CoV-2 a la luz sol, se observa una disminución del 90% de la carga viral en pocos minutos (entre 6 y 19, concretamente).

Sin embargo, como explica a Maldita Ciencia Víctor Jiménez Cid, catedrático del departamento de Microbiología y Parasitología en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Microbiología, “en ese estudio trabajan con aerosoles en suspensión, no con fibras impregnadas, como esperamos ocurra en una mascarilla”.

“Obviamente”, continúa Jiménez, “si exponemos una mascarilla al sol, la radiación ultravioleta acelerará la destrucción del virus”. Ahora bien, “el término ‘desinfección’ es siempre relativo. Mejor hablar de reducción de la posible carga viral que pueda contener el objeto”, asevera.

Como os explicamos aquí, lo que es siempre cierto es que el virus no sobrevive eternamente sobre superficies y materiales, sino que la carga viral va disminuyendo hasta desaparecer.

En este otro artículo de The Lancet Microbe, los investigadores estudiaron la estabilidad del virus SARS-CoV-2 en diferentes entornos. En particular, observaron que después de siete días, detectaban aún un 0,1% (es decir, una milésima parte) del virus que había al principio en la cara externa de las mascarillas quirúrgicas.

“No debemos olvidar que la mascarilla no es para protegernos nosotros, sino primordialmente para proteger a los demás”, advierte el microbiólogo. Por lo tanto, el grueso de las secreciones respiratorias quedará en la cara interna de la mascarilla. En el caso de ser positivo en PCR o tener síntomas, la mascarilla una vez quitada es el fómite perfecto” (es decir, un objeto transmisor pasivo del virus).

Este es el motivo por el cual no se recomienda reutilizar las mascarillas y su eliminación debería seguir un protocolo especial, nos explica Jiménez.

Aun así, dice, “dado que hay que salvar el planeta y dar a nuestras mascarillas toda la vida que podamos, cualquier solución es buena. Hay quien usa sprays de alcohol y quien las ventila al sol. En cualquier caso, una mascarilla usada epidemiológicamente debe tratarse como un kleenex usado. Solo su dueño debe reciclarlo si procede y su exposición a segundas personas (o animales) debe evitarse”.

¿Qué diferencia hay entre el pescado blanco y el pescado azul?

En Maldita Ciencia no es la primera vez que os hablamos sobre pescado de toda clase y tamaño, así como algunos mitos y bulos que circulan sobre él. Aquí, por ejemplo, os explicábamos su famosa y polémica relación con el mercurio y aquí que no hay evidencias de que estemos tomando antidepresivos, antibióticos o crema solar cuando lo comemos. Otra de las consultas que nos habéis planteado durante estos días es qué diferencias existen entre el pescado blanco y el azul.

Si nos fijamos en su cola, podemos determinar visualmente si estamos ante un tipo de pescado u otro, ya que el azul tiene la cola en forma de V y el blanco la tiene con un corte recto o curvado. Sin embargo, esta clasificación se establece en base a otro factor muy distinto: su composición lipídica, es decir, de las grasas que presenta, y no se limita a estos dos grupos exclusivamente, aunque sean los más habituales. En realidad el pescado puede ser blanco o magro, semigraso y azul o graso.

Según la Base de Datos Española de Composición de Alimentos, el pescado blanco o magro (como el bacalao, la merluza, o la lubina) tiene entre un 1 y un 3% de grasa. Por su parte, el pescado semigraso (como el emperador, la trucha o la dorada) presenta entre un 3 y un 5% y el azul o graso (atún, caballa, salmón o pez espada, por ejemplo), más de un 5%.

Ahora bien, no hay por qué temer a las grasas a las que nos referimos. «Es cierto que el pescado azul tiene un mayor porcentaje de grasa que el blanco, pero estas son saludables para nuestro organismo. Son las llamadas omega 3 y 6, ácidos grasos esenciales. Estos son cardioprotectores, favorecen al sistema circulatorio y ayudan con la regulación del colesterol. Además, no podemos olvidar el aporte de micronutrientes, como son las vitaminas del grupo B», explica a Maldita Ciencia Sevi González, nutricionista y maldito que nos ha prestado sus superpoderes.

El «contra» que se suele plantear al hablar de este tipo de pescado, como adelantábamos, es su relación con el mercurio. Es cierto que, al comer pescado, hay posibilidades de que estemos haciendo lo propio con dos derivados de ese metal: el metilmercurio, su forma orgánica más común en la cadena alimentaria, y el mercurio inorgánico. Ahora bien, la cantidad de ambos compuestos, compres lo que compres en tu pescadería, son mínimas y están reguladas. De hecho, a pesar de la posible (pero mínima) exposición al mercurio, las autoridades recomiendan el consumo de pescado y marisco por sus beneficios para la salud.

«Sobre el pescado blanco le podemos achacar la escasez de grasas en todo su cuerpo, lo que le hace apropiado para unas dietas menos calóricas o de tratamiento facultativo, por eso lo solemos ver recomendado en infinidad de dietas terapéuticas y hospitalarias», continúa González.

Dejando de lado la proporción de grasas, González indica que lo ideal es mantener equilibrio entre el consumo de los diferentes tipos de pescado, enriqueciéndonos con las propiedades de las grasas del azul y el bajo aporte calórico que supone el blanco. Con respecto al aporte de mercurio, lo ideal es limitar el consumo de las especies que más lo presentan (pez espada, atún rojo, tiburón y lucio) como recomienda la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).

¿Puede la Coca-Cola desatascar tuberías o limpiar monedas?

Esta semana nos habéis preguntado por uno de los clásicos: si es cierto que la Coca-Cola tiene propiedades para desatascar tuberías o limpiar monedas, entre otras proezas. Lo cierto es que esta vez estáis en lo cierto: debido a algunos de sus componentes, este tipo de refrescos sí pueden eliminar (en parte) el óxido y, por lo tanto, aportar su granito de arena en estas tareas.

Por un lado, este efecto se debe al ácido carbónico (el resultado de que el dióxido de carbono se disuelva en agua) de los refrescos carbonatados. «Este ataca a los óxidos de hierro que forman la herrumbre y que son de naturaleza básica, de manera que los disuelve», explica a Maldita Ciencia Ricardo Díaz Martín, decano del Colegio de Químicos y de la Asociación de Químicos e Ingenieros Químicos de Madrid.

Sin embargo, este no es el único componente que interviene en la reacción química, ni tampoco el más importante. «La Coca-Cola lleva ácido fosfórico que hace que su pH sea ácido (3, aproximadamente)», señala a Maldita Ciencia Albert Monferrer, tecnólogo alimentario y maldito que nos ha prestado sus superpoderes. De hecho, el ácido fosfórico se utiliza, según la propia marca de refrescos, para añadir un sabor ácido a algunas bebidas. Su uso está autorizado como aditivo alimentario (E 338) en la Unión Europea.

«Los ácidos pueden desatascar tuberías por su capacidad de eliminar depósitos o incrustaciones, como cuando se ponen los filtros de los grifos en vinagre para eliminar la cal», continúa Monferrer y añade que lo mismo pasa con la suciedad de las monedas. «De hecho, pasaría lo mismo si en vez de Coca-Cola se usara zumo de limón o vinagre, sólo que el ácido de la primera es un poco más fuerte y, por lo tanto, más eficaz».

Tal y como explicaba en Maldita Ciencia Beatriz Robles, dietista y tecnóloga de los alimentos, «la concentración de ácido fosfórico es muy inferior a la que podemos encontrar en productos específicamente formulados para limpieza: en la Coca-Cola el ácido fosfórico está en una concentración de, aproximadamente, un 0’058 % mientras que en los productos de limpieza la concentración es a partir de un 20 % (que, aunque se empleen diluidos al 1%, seguirán teniendo una concentración de ácido fosfórico mucho más alta)», concluye la experta.

¡Eh, eh! Espera…

Antes de despedirnos, hay algo que queremos (y debemos) recordarte las veces que haga falta: no somos médicos, somos periodistas. Puedes contar con nosotros para todo aquello que esté en nuestra mano, ¡por supuesto! Pero si lo que necesitas es un diagnóstico concreto y o tienes dudas médicas específicas, la mejor opción será que recurras a un profesional sanitario que estudie el caso y te recomiende la solución o tratamiento más adecuado. ¡Gracias por leernos y buen fin de semana!

*Hemos corregido la forma de la cola del pescado blanco y azul.

Para la redacción de este artículo, nos han prestado sus superpoderes el nutricionista Sevi González y tecnólogo alimentario Albert Monferrer.

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Os estamos contando todos los bulos por los que nos estáis preguntando respecto a la COVID-19 en este recopilatorio. Además, tenemos un especial sobre este tema donde también puedes consultar consejos de prevención y preguntas y respuestas sobre el brote del nuevo coronavirus.

Fact-checkers de 30 países nos hemos unido para luchar contra la ola de desinformación que ha traído consigo el nuevo coronavirus iniciado en China, puedes leer más sobre los desmentidos en este artículo y en este otro del IFCN.




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