Chocolate afrodisíaco, picoteo y hambre, quemarse a la sombra y pollitos caídos. Llega el 99º consultorio a Maldita Ciencia

¡Muy buenos días, malditas y malditos! Rozando el primer centenar, un viernes más os damos la bienvenida a nuestro consultorio, la herramienta definitiva para resolver desde esa dudilla que se te pasa a veces por la cabeza a diferentes y trascendentales cuestiones científicas como la relación entre el chocolate y el sexo (sigue leyendo para más información).

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El chocolate, ¿tiene propiedades afrodisíacas?

Hace unos días os respondíamos a algunas de las cuestiones más comunes sobre el chocolate: que si realmente hace que salgan más granitos, por qué no es un alimento saludable como tal o qué pasa con el choco negro y el blanco. A raíz de este artículo, muchos de vosotros nos habéis hecho la pregunta del millón: si es cierto que el chocolate es afrodisíaco y, como tal, aumenta el deseo sexual (no, nada que ver con la mejora de la capacidad o el rendimiento en este sentido).

Y aunque sentimos decepcionar a vuestra faceta más pícara, no hay evidencias científicas suficientes que garanticen que el chocolate u otros alimentos (que os vemos venir con el tema de las ostras, las fresas y la canela) tengan propiedades relacionadas con el apetito sexual, al menos en humanos.  Si este se relaciona con el sexo o se propone como «supuesto sustitutivo» es porque es un alimento muy palatable, que activa nuestros circuitos de recompensa y nos hace «sentir bien», sensaciones que también se producen con el sexo.

«[Los alimentos afrodisiacos] son una leyenda urbana«, confirma a Maldita Ciencia Beatriz Robles, dietista-nutricionista y tecnóloga de los alimentos. «La relación de determinados alimentos o sustancias con posibles propiedades afrodisíacas se ha establecido tradicionalmente por diversas razones: su parecido con los órganos sexuales (como el cuerno de rinoceronte o los moluscos bivalvos), el origen marino de algunos alimentos que se vinculan al mito de Afrodita, las sensaciones trigeminales (irritantes o agresivas, como el picante) que producen en la boca, sus características sensoriales placenteras (como el chocolate)…», continúa.

«La verdad es que hay mucha literatura al respecto, pero gran parte de ella está enmarcada en la ciencia basura o mala ciencia más directamente», explica Juan Revenga, dietista-nutricionista, en este artículo. «Hay mucha creencia, mucha fe, anclada en prácticas y costumbres de siglos atrás, de culturas ‘milenarias’, mucha ‘ciencia onírica’, pero de la buena hay verdaderamente poco (aunque suficiente)», continúa.

Los autores de este estudio apuntan que, aunque se suele creer que el chocolate, el café y la miel tienen potencial afrodisíaco, «no existe o hay poca confirmación científica que respalde esas afirmaciones». En este otro, sobre el chocolate y la salud sexual femenina, los investigadores sugieren que, a pesar de que quienes confirmaron tomar chocolate tenían un índice de función sexual femenina mayor que las que no lo hacían, los valores eran similares al ajustar los datos por edad (tomasen o no chocolate). Además, diferentes revisiones de estudios (como esta o esta) sugieren que la evidencia actual indica que no existen los afrodisíacos naturales como un tratamiento efectivo para las disfunciones sexuales masculinas o femeninas y hace referencia a «los decepcionantes datos actuales sobre su efectividad».

«Es cierto que algunos alimentos los vinculamos con situaciones eróticas. Pero, más allá de circunstancias ajenas a las propiamente nutricionales, se debe a otros factores: son alimentos que se consumen en ocasiones especiales, que se pueden comer con las manos (y obligan a que participen otros sentidos, como el tacto), recuerdan los genitales…», explica Robles. «En definitiva, el alimento en sí mismo no es el elemento importante, sino más bien la intención o la complicidad con la que se eligen, se preparan, se comparten, se decora la mesa, se prepara el entorno, la música, etc. y como no, las expectativas de la pareja al respecto», concluye por su parte Revenga.

¿Te puedes quemar la piel estando a la sombra?

Ha llegado el verano, y quizás, para los y las que tengan más suerte, también esas merecidas vacaciones. Tumbados en una playa, haciendo excursiones montañeras, disfrutando de ríos y lagos: el compañero de nuestro relax y actividades al aire libre siempre es el sol.

Pero nuestra estrella preferida puede ser peligrosa: organismos como los Centros para el Control de Enfermedades de los EEUU nos recuerdan que “la exposición a los rayos ultravioleta (UV) causa la mayoría de los casos de melanoma, el tipo de cáncer de piel más mortal. Para reducir su riesgo de cáncer de piel, proteja su piel del sol y evite el bronceado en interiores”.

Pero nos habéis preguntado por una duda muy común: ¿es posible quemarse también cuando estamos a la sombra?

Es verdad que “en la sombra recibimos menor cantidad de UVA y UVB”, los dos tipos de rayos ultravioleta que nos alcanzan, dice nuestra maldita dermatóloga Inés Escandell, que nos ha prestado sus superpoderes (aquí la Asociación Española de Dermatología y Venereología nos explica la diferencia) pero eso no supone una protección absoluta. “Dependiendo de dónde nos encontremos, también a la sombra recibiremos más o menos radiación. Por ejemplo, cada tipo de suelo refleja un porcentaje diferente de ultravioleta, y mientras que el asfalto solo refleja aproximadamente el 2% de la radiación, superficies como la arena (17%) y en especial la nieve (85%) reflejan porcentajes más importantes de radiación y en ese caso también podríamos quemarnos”. Por lo tanto, cuidado: en la sombra estamos más protegidas, pero no del todo.

¿Y si «la sombra» nos la proporciona la ropa que llevamos puesta? Aquí también nos saca de dudas Escandell: “No todos los tejidos protegen por igual. En general, las telas con una trama menos densa protegen menos que aquellas con trama más densa (una camisa de lino protege menos que una camiseta gruesa de algodón), y los colores también influyen. Con colores claros como el blanco o el beige es más fácil que nos alcance la radiación, mientras que colores como el negro o azul marino protegen más«.

Las telas también pueden tratarse con productos para ofrecer una protección mayor, por eso se venden camisetas o sombrillas con índice de protección que se conoce como UPF. Este tipo de prendas son evidentemente las que mejor van a proteger del sol”. Sin embargo, cuidado: como nos advierten los CDC estadounidenses, “una camiseta normal ofrece un nivel de protección mucho menor que el FPS (filtro protección solar) 15, así que también debe usar otros tipos de protección”.

Y ¿cómo sabemos cuánto estamos protegido si nos ponemos una crema solar? Hay muchos productos diferentes de protección, y es muy complicado decir cuánto aplicar, nos explica Escandell. “Depende de la cantidad aplicada, de si nos mojamos/secamos, del sudor… Pero, por lo general, si la aplicamos correctamente, es decir, 2 miligramos de crema por centímetro cuadrado y en toda la superficie expuesta, debería durar algunas horas”. Si hacemos la cuenta, nos advierte la dermatóloga, es una gran cantidad de crema (aquí un enlace donde podéis hacer fácilmente la cuenta). Y añade: “La mayoría de veces no aplicamos la cantidad suficiente o de la forma más homogénea posible”.

Así, que a untarnos crema, a palmadas. Y recordad: “En las horas de mayor incidencia solar (11:00-16:00) se debe evitar la exposición prolongada. Además, es necesario utilizar una cantidad adecuada de crema en todas las zonas expuestas, utilizar prendas de vestir (preferiblemente tupidas o con protección UPF) y buscar la sombra de árboles, edificios o sombrillas (mejor si tienen factor de protección)”, concluye Escandell.

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Aquí puedes consultar una guía de la American Cancer Society sobre qué hacer para protegernos de los rayos UV. Y aquí abajo, un tuit del departamento de salud de EEUU sobre cómo saber si te has pasado con el sol y tienes síntomas de insolación.

¿Qué hacer si nos encontramos un polluelo en el suelo?

Otra de las preguntas que nos habéis hecho estos días tiene que ver con cómo se espera que actuemos cuando encontramos un polluelo en el suelo que, bajo nuestro punto de vista (que no quiere decir que realmente sea así) está abandonado y necesita ayuda y protección.

Para saber reaccionar correctamente ante esta situación, hay que plantearse una serie de cuestiones que garanticen que no vamos a empeorar la situación del animal, por muy buena que sea nuestra intención. Con el objetivo de facilitar que recordemos y conozcamos esta especie de «protocolo de actuación», los proyectos Spring Alive, SEO Birdlife y BirdLife International han elaborado una infografía donde puedes encontrar en qué fijarte y cómo actuar paso a paso.

Primero fíjate en si el polluelo está o no herido. Si es así, contacta con un centro de recuperación de aves o con los agentes de la autoridad ambientales. Si no, fíjate en qué aspecto tiene. En caso de que parezca un polluelo recién salido del cascarón (con poco plumaje o incluso sin él, todavía) y puedes ver el nido, devuélvelo a este con sumo cuidado. «Los pollos no son abandonados por los padres cuando los tocamos porque ‘huelan a nosotros’. Si tienes que tocar a un pollo no tengas miedo a que sus padres le rechacen», explica en su web la iniciativa Spring Alive.

Si el nido no aparece, intenta construir algo similar en un lugar seguro, cerca de donde lo has encontrado. Si los padres no vuelven durante las dos horas siguientes, llama a un centro de recuperación de fauna: ellos te dirán cómo actuar.

En el caso de que el polluelo parezca algo más curtido y no parezca que necesite volver al nido, fíjate en el lugar donde lo has encontrado: ¿es peligroso? Si es así, trata de ponerlo en un sitio seguro, cercano a ese punto (lejos de coches y mascotas) y aléjate. Si no lo es, no hagas nada: quizá esté aprendiendo a volar, es un proceso natural.Por último, si es un pájaro adulto, llévalo al borde de una repisa, para comprobar que puede volar. Si no es así, es el momento de contactar con un centro de recuperación de aves o con los agentes de la autoridad ambientales.

«Desafortunadamente, después de que hagamos todo lo que está en nuestras manos, muchas veces los pollos no sobreviven. Hay ocasiones en las que los padres abandonan huevos o pollos y solo los más fuertes sobreviven», señala Spring Alive y añade que hay veces incluso que las aves son necesarias como alimento de otros animales (como aves rapaces o zorros) y que esto forma parte del ciclo de vida natural.

¿El picoteo llena más que comer ordenadamente?

Nos habéis preguntando si picoteando te llenas más que cuando te sientas a comer. El dietista-nutricionista Daniel Ursúa explica a Maldita Ciencia que es difícil responder a esta pregunta y generalizar. Según cuenta, en ocasiones te acabas llenando más porque comes más al hacerlo de forma distendida, pero “varía muchísimo en función de lo que comes o lo que bebes mientras comes”. 

“No es raro que picoteando acabemos comiendo más de lo que comeríamos en cualquier otro momento, pero tampoco puedes dar eso como respuesta general porque no siempre es así. También es habitual que comamos alimentos con más porcentaje de grasa por las salsas, pero al mismo tiempo se está popularizando un picoteo más saludable con hummus y similares”, indica. 

En principio, “comer de esta forma es adecuado, ya que damos tiempo a que llegue la sensación de saciedad y comamos solamente lo que necesitamos, pero al comer de manera distraída y distintas cosas, tendemos a comer más”.

Normalmente cuando picoteamos lo hacemos “de forma pausada y distraída”. Primero una patata, luego otra y, de repente, sin ni siquiera darte cuenta, te has comido una bolsa entera. El dietista-nutricionista subraya que muchas veces “en este tipo de picoteos comemos por socializar y disfrutar de la comida, por lo que no es raro que comamos sin hambre”.

¿Depende de qué se picotee podemos llenarnos más o menos? No es lo mismo comer frituras con salsas o similares que fruta y verdura, según el experto. “Patatas fritas, untables o alimentos que no requieran de mucha masticación nos invitarán a comer más rápido y, por lo tanto, más cantidad. Tampoco podemos olvidar que estos alimentos suelen ir acompañados de bebidas alcohólicas, fermentadas o incluso de combinados con bebidas azucaradas. Todo eso influye”, explica. 

Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de los alimentos, cuenta a Maldita Ciencia que comer entre horas no tiene por qué estar mal, “si lo hacemos por apetito y eligiendo alimentos saludables”. 

Por ejemplo, fruta, zanahorias crudas o hortalizas baby (de tamaño pequeño) como los tomates cherrys o los pepinillos frescos. Es decir, “alimentos saludables, que no tengan altas proporciones de harinas refinadas, sal o azúcares añadidos y que sí aporten nutrientes de interés como fibra, vitaminas o minerales”. 

Por el contrario, la dietista-nutricionista Beatriz Robles cuenta en El Comidista todo lo que debes evitar comprar: “La bollería, los snacks dulces o salados (da igual que estén hechos con espelta y sal del Himalaya, por saludables que parezcan, son una castaña nutricional), las gominolas y chucherías en general, los postres lácteos, los frutos secos “con cosas” (salados, recubiertos de miel o chocolate…) o los chocolates con menos de un 65% de cacao. El resto, para un consumo muy ocasional y comprando de tableta en tableta, no tengas cuatro en casa, que te las cepillas”.

Si tienes pensado que el picoteo sustituya a una comida, Ursúa recomienda incluir alguna ensalada o algún alimento saludable. “Si, por el contrario, nuestra idea no es sustituir una de las comidas principales, debemos poner límites en cuanto a la cantidad que vamos a comer y siempre será mejor que incluyamos opciones saludables como hummus o encurtidos”, afirma. 

También aconseja que, si sabes que vas a picotear, comas antes algo de fruta o frutos secos para “poder controlar mejor el hambre y comer realmente lo que quieres comer”.

¡Ojo! Que no hemos terminado…

Antes de despedirnos, hay algo que queremos (y debemos) recordarte las veces que haga falta: no somos médicos, somos periodistas. Puedes contar con nosotros para todo aquello que esté en nuestra mano, ¡por supuesto! Pero si lo que necesitas es un diagnóstico concreto y o tienes dudas médicas específicas, la mejor opción será que recurras a un profesional sanitario que estudie el caso y te recomiende la solución o tratamiento más adecuado. ¡Gracias por leernos y buen fin de semana!

Primera fecha de publicación: 10/7/2020.

Para la redacción de este artículo, nos ha prestado sus superpoderes Inés Escandell, dermatóloga.

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