Tontos de rebrote | MadridPress periódico digital de noticias de Madrid, España y mundo

La verdad es que el discurso este me suena de algo. Si en el ocho eme el hijo de Simon podía ir a una manifestación sin problema, ahora todo hijo de vecino puede marcharse a


La verdad es que el discurso este me suena de algo. Si en el ocho eme el hijo de Simon podía ir a una manifestación sin problema, ahora todo hijo de vecino puede marcharse a la playa porque ya no pica el bicho. Lo único al parecer que puede picar es el Lorenzo en plena solana. Se puede disculpar el picar por el gusto de rascar, pero este no es el caso. Si no, que se lo pregunten a los sanitarios. Ellos han visto bien de cerca el aguijón. Y no debe ser poca cosa.

 

Es verdad que yo no soy virólogo. Y que a toro pasado es mucho más fácil hallar certezas y encontrar verdades, pero tampoco le veo muy suelto en todo esto a don Tedros. Cierto es que la situación es para llorar, y entiendo su lamento y su retórica cuando se pregunta aquello de: «¿Por qué es tan difícil para los humanos unirse, luchar contra el enemigo?». Pero yo creo que nos podríamos unir fácilmente si se demostrara algún criterio en la toma de decisiones.

 

Es más fácil de entender con el caso español: No es tan importante el uso de la mascarilla, ahora es primordial. No hace falta test, los test son imprescindibles. Funcionan los test, ahora ya no funcionan. ¿Respiradores, para qué?, ¡ve al polígono de Móstoles a ver si en una nave pueden producir más de cien al día! Hay que usar guantes, pero que no, ya no son tan importantes los guantes. No permanece vivo el virus en las superficies, cuidado con tocar cosas. Mantén dos metros de distancia, guarda toda la distancia social que puedas. No nos vamos a confinar, aquí se confina todo lo confinable. Puede haber casos aislados, aíslan a todo ser vivo. Por el aire no, tal vez por el aire… Y así con todo.

 

En lo único que se han puesto de acuerdo es en lavarse las manos. Y yo conocí a uno que cuando decidió lavárselas tembló el mundo. Es verdad que en este caso concreto la acción es párvula, pero la más sensata de todas las que se han tomado. Incluso han destinado millones de euros para explicarnos cómo tiene que hacerlo uno. Y ha quedado patente que no teníamos ni idea. Dinero bien empleado. Cierto. Ahora solo hace falta que haya sobrado algo para llenar la despensa de muchos españoles que se han quedado sin familia y sin trabajo. ¿Ve, don Tedros, en qué estamos? Llorando también como usted. Porque ni contar sabemos en España.

 

Puedo entender que esto solo pase aquí con estas cuentas de los veinte misterios del Santo Rosario, pero ya no sé qué pensar cuando veo que vuelven las restricciones a países como Alemania, Corea del Sur o Portugal. De verdad que me pierdo con tanto vaivén. Pero sí que me queda clara una cosa con todo este ajetreo: vamos a tropezar dos veces con la misma piedra. Lo veo venir. Porque, como dice Cipolla, el cincuenta por ciento del género humano es estúpido por naturaleza. Vamos, que somos tontos. Pero tontos de rebrote.


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