Salud y bici (II): los cascos son útiles pero tienen que cumplir las normativas

Al contrario de lo que se podría esperar, cuantos más ciclistas en las carreteras, menos accidentes hay (aquí un documento de la Comisión Europea sobre ello) porque de un lado los ciclistas acumulan kilómetros y experiencia, y del

Al contrario de lo que se podría esperar, cuantos más ciclistas en las carreteras, menos accidentes hay (aquí un documento de la Comisión Europea sobre ello) porque de un lado los ciclistas acumulan kilómetros y experiencia, y del otro los conductores son cada vez más conscientes de la presencia de los ciclistas y ponen más atención.

Dentro de las iniciativas para cuidar la seguridad, existe un debate entre quienes piensan que se debería obligar a los ciclistas a usar casco al circular por ciudad y quienes opinan que más vale aconsejar su uso, y no obligar, porque eso disuadiría a algunas personas de ir en bicicleta y al final es más beneficioso para la salud pública que más gente utilice la bici (ejemplos de este debate aquí, y aquí).

Sin embargo, en este estudio de 2015 de la región de Ontario, en Canadá, los expertos de salud pública de la región concluían que la obligación de usar cascos se asocia a una disminución de las hospitalización de los ciclistas, de la incidencia de daños a la cabeza, y de su muerte, mientras que no queda claro si ha disminuido el número de ciclistas ni cuánto después del implementar esa obligación.

Según cuenta a Maldita Ciencia Pedro Valero Mora, investigador del Instituto Universitario de Investigación de Tránsito y Seguridad Vial (INTRAS) de la Universidad de Valencia, “hay países en los que, sin necesidad de dictar leyes, la gente usa el casco, probablemente porque la conciencia de la importancia de la seguridad es muy alta, pero en otros la presencia de obligaciones específicas parece ayudar a favorecer su uso”, como muestran en un reciente artículo en la revista Transportation Research Part F: Traffic Psychology and Behaviour.

Valero se posiciona entre los que cree que es positivo fomentar el uso del casco, y lo resume con un dicho inglés “better safe than sorry”, es decir algo así como más vale prevenir que curar. Y recuerda que “mucha gente piensa ir en bicicleta no tiene excesivo riesgo, pero la ciudad está llena de elementos que podrían hacer mucho daño en caso de una caída tonta”. Está convencido de que la idea que “obligar a llevar el casco va a hacer que la gente deje de usar la bicicleta” es excesivamente rígida y que depende del contexto social donde se aplique.

Los cascos tienen que cumplir las normativas

En cuanto a las características técnicas de los cascos, el maldito ingeniero Oscar Lázaro, experto en materiales, explica que “los cascos de bicicleta están pensados para impactos en los que no esté implicado otro vehículo, es decir para cuando el ciclista golpea contra el suelo principalmente. Solamente se prueba contra dos tipos de yunque, uno metálico y otro que simula un bordillo”. Y advierte que “se prueban en un impacto sin rebote: el poliestireno, que es lo que habitualmente se utiliza,no resiste varios rebotes. Por lo tanto, al producirse el primer impacto, debe retirarse y comprar otro”.

Según él, el estar diseñados para proteger de las caídas propias sin intervención de otros vehículos y solamente para el primer impacto en la cabeza es “un problema porque en la actualidad los peores accidentes son cuando interviene otro vehículo en la colisión. Además, las normas de homologación (esta principalmente) no prevén que protejan la mandíbula.” Este investigador espera que pronto la homologación contemple también “los impactos con rebote, la caída con abrasión o incluso la posibilidad de montar una mentonera como parte del casco”.

Lázaro recuerda también que los cascos de ciclista no duran eternamente. “La fecha de caducidad suele estar entorno a los 5 años, aunque cada fabricante puede establecer sus indicaciones. Si han pasado 5 años desde que se hizo ha perdido parte de sus propiedades. Es obligatorio que aparezca la fecha de fabricación en el casco, de esta forma sabremos cuando hay que cambiarlo”.

Finalmente, subraya Lázaro, hay otros aspectos importantes a tener en cuenta: “el casco tiene que ajustar perfectamente a la cabeza, ni sobrar ni apretar. Una regla práctica es que, una vez puesto el casco, si lo mueves se ha de mover la piel de tu frente o ligeramente tu cabeza sin que apriete y te duela”.

Este especialista señala también el sistema MIPS (Multidirectional Impact Protection System), que convierte el impacto frontal en rotatorio, por lo que se reduce la fuerza de impacto” que resultan ser “muy seguros”, y recuerda que “cuanto mejor te cojan las correas y mejor distribuidas por encima de la nuca estén mucho mejor protegerán y evitaran que se salga. Las mentoneras, además, aportan seguridad en el enganche” y que, si además los cascos llevan “reflectantes y luces led”, esto “favorece que te vean en zonas oscuras o baja iluminación”.

Primera fecha de publicación del artículo: 21/07/2020.

Para la redacción de este artículo nos han ayudado [email protected] [email protected] Oscar Lázaro, ingeniero y experto en materiales.


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