Escuelas infantiles: ‘conejillos de indias’ en la vuelta al cole

EFEControl de temperatura a los niños en una escuela infantil. Blanca salió de la guardería sin saber andar y vuelve por su propio pie. Han pasado casi seis meses desde que pisara un aula por

Blanca salió de la guardería sin saber andar y vuelve por su propio pie. Han pasado casi seis meses desde que pisara un aula por última vez, y este martes, con una buena llorera encima y zapatos de recambio -para que los de la calle no contaminen el recinto infantil-, ha soltado la mano de su padre, Jaime, para coger la de su profesora en el patio de la escuela. Una de las medidas adoptadas por el centro para que ningún progenitor acceda al interior y tratar así de evitar un mayor riesgo de contagio.

“Era necesario que volviera a la “normalidad”. Necesita estar en contacto con otros niños y no pasar tanto tiempo en casa con nosotros, que además tenemos que teletrabajar”, cuenta Paloma, su madre, que a pesar de sentirse tranquila ante la situación reconoce que “cundirá el pánico” en unos meses, “en cuanto los más pequeños empiecen a coger frío o tengan fiebre”.

Medidas sanitarias y reorganización del centro

Las escuelas infantiles han sido las primeras en exponerse a ‘la vuelta a clase’ en tiempos covid, y no ha sido fácil.

“La verdad es que están siendo unos días un poquito… digamos atareados”, confiesa “riendo por no llorar” Pilar Álvarez, directora de un centro privado de la capital. “Estuvimos valorando si reabrir solo una de las dos escuelas con las que contamos, pero las exigencias de los protocolos vimos que eran poco factibles, no solo económicamente sino también de cara a los niños”, expone. “Eran más estrictos entonces y era complicado de gestionar. A partir de ahora al menos tenemos todo el curso por delante para irnos adaptando”, añade

Como si de una yincana se tratara, cada mañana los niños entran en clase de uno en uno, se cambian los zapatos, se les toma la temperatura, se lavan las manos con agua y jabón y a la salida, lo mismo. “Si sale algo del centro se desinfecta. Los juguetes también, pero ahora la ropa tanto de ellos como de los profesores se lava aquír”, cuenta Sashenka, profesora de Inglés de una escuela bilingüe en Rivas. 

“Lo más complicado es mantener la distancia de seguridad»Sashenka Muñoz, profesora de la escuela bilingüe Nemomarlin Rivas.

“Lo más complicado es mantener la distancia de seguridad, especialmente con los más pequeños”, reconoce. “El periodo de adaptación para ellos es muy difícil, necesitan apoyo, cariño y mucho contacto de los adultos porque lo pasan fatal después de llevar siete meses con sus padres. La separación es dura”, asegura. 

Bajas por miedo 

En ambos centros las bajas se han notado. “Ha habido muchísimas”, explica Pilar. “Nuestras matriculaciones fueron en enero y febrero y teníamos una de las dos escuelas completa y la otra casi, salvo 4 plazas, pero ahora en agosto hemos tenido muchas bajas, en cuanto la cosa ha vuelto a ponerse fea”, precisa. En Nemomarlin tampoco están al completo. “Ha bajado bastante la cantidad de alumnos, cosa normal”, apunta Sashenka, “hay padres con miedo”.

«En agosto hemos tenido muchas bajas, en cuanto la cosa ha vuelto a ponerse fea”Pilar Ávarez, directora de la escuela infantil Teo.

“Por lo general quienes traen a sus hijos lo hacen porque tienen confianza en el centro, saben que cumplimos con los estándares, les hemos enviado la información correspondiente… mientras que los más inquietos están retrasando la vuelta”, añade Pilar. “También influye si las familias tienen hijos mayores o no. Si se da el primer caso, ya que tienen que llevarles a ellos de forma obligatoria se arriesgan más a traer a los pequeños”.  

A pesar de ello, el Protocolo madrileño establece que la ratio de alumnos por edades sigue siendo la misma en las escuelas infantiles que antes del coronavirus: “En clases de 2 años se permiten hasta 14 niños, de un año: 20, y por último bebés: 8”, explica Mónica Herguedas, directora de otra escuela infantil madrileña en cuyo centro están al 85% de ocupación.

Protocolos claros… a medias

Las opiniones en cuanto a las facilidades ofrecidas por la Comunidad son dispares. Sashenka apunta que la información fue llegando “con cuenta gotas” y de manera “caótica”. “Nosotros, como somos una franquicia, lo hemos tenido algo más fácil y hemos recibido bastante apoyo”, señala, mientras que para Pilar ésta sí ha sido precisa y suficiente.

“La normativa que ha salido está dirigida a escuelas públicas y sostenidas con fondo público, como las concertadas, pero a nosotros se nos ha dicho que intentemos aplicarla en el margen de nuestra autonomía”, comenta Mónica.

“Por ejemplo, la Comunidad de Madrid va a realizar pruebas PCR a los educadores de las primeras, pero nosotras no tenemos cobertura de ningún tipo y nos hemos visto obligadas a hacer test al personal”.

“Además, hemos adoptado otras medidas propias. Antes teníamos dos profesoras en cada aula y lo que hemos  hecho es desdoblar los grupos: menos niños y una sola profe asignada”, detalla. “Pero claro, las docentes no pueden estar 8 horas sin parar y ni siquiera ir al baño. Hay algún momento puntual en el que entra otra compañera a sustituirla. Intentamos que esto ocurra mientras duermen la siesta para interactuar lo menos posible con ellos”, añade.

Los sindicatos denuncian

Desde el sindicato FSIE MADRID, formado por y para los trabajadores de la Enseñanza Privada, reivindican la insuficiencia de las medidas adoptadas.  

Su secretaria de Comunicación, Beatriz Rodríguez Agudín, asegura que la gran problemática se encuentra en el segundo plano al que se relega la Educación en España. “Particularmente a la educación infantil”, remarca, “y a los centros privados, que poseen los niveles de mayor desprotección”.

Este mismo viernes, el Ayuntamiento de Benacazón (Sevilla) se ha visto obligado a cerrar la guardería municipal tras detectarse un positivo en una de sus trabajadoras, que días antes había dado negativo en las pruebas realizadas por la Junta de Andalucía. En total, sesenta niños de 0 a 3 años se encuentran aislados en sus casas a la espera de saber si se someterán también a una PCR.

“Faltan medidas. Nos están llamando muchos educadores que saben que cuando termine el ERTE estarán en la calle”, añade Rodríguez.

“Los padres tampoco gozan de garantías. Si un niño tiene que guardar cuarentena sin haber dado positivo, los padres no tendrán derecho a cobrar una baja, podrán pedirla, pero perderán su sueldo”, comenta.

Lo cierto es que esta es una de las incógnitas que más se ha tratado en los últimos días. Después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra portavoz, Maria Jesús Montero, apelaran a la flexibilidad laboral y al ‘Plan Me Cuida’ en este supuesto, este miércoles, el vicepresidente segundo Pablo Iglesias se desmarcaba anunciando que Trabajo ya está poniendo en marcha una baja por incapacidad temporal que tenga reconocido al menos el 75% de las cotizaciones sociales.

“Es una cuestión de salud pública, no les podemos decir a los padres que no sean responsables. Vamos a legislar la figura de la incapacitación temporal”, afirmaba.

Quedan escasos días para que los colegios reabran sus puertas a los alumnos y el Gobierno aún ultima la normativa ante la incertidumbre de un curso escolar “excepcional”.



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