La solidez del gobierno Conte

“Organizaremos una cumbre mundial sobre Sanidad en Italia con Giuseppe Conte y la presidencia italiana del G20 para demostrar que Europa está para proteger a los ciudadanos”. En su primer discurso del Estado de la Unión, uno de los momentos más relevantes en las instituciones comunitarias, la presidenta del Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, no anuncia sólo haber asignado a Italia un evento importante, sino que dice explícitamente que será Conte el que lo organizará el próximo año.

Una señal no banal que demuestra cómo la Unión Europea sigue apostando por el abogado pugliese como el mejor dique de contención ante el desafío soberanista, que en Italia es todavía muy fuerte. A la vista están los sondeos, que dan a la pareja Salvini-Meloni un porcentaje cercano al 40% de forma constante. 

Con vistas a la votación del domingo y el próximo lunes —elecciones en siete regiones y el referéndum sobre el recorte de parlamentarios— parece cada vez más evidente que las tuercas que estabilizan la silla de Conte vienen de dos “fabricas políticas” europeas, Bruselas y Frankfurt. Los factores externos a los palacios romanos cuentan más que las maniobras de los partidos y los líderes tanto de dentro como de fuera de la mayoría de gobierno.

En un mundo globalizado, aunque sea un fenómenos cuestionado y en algunos casos rechazado por los ciudadanos, no debe sorprender cómo a menudo los grandes partidos se juegan y se deciden fuera de las fronteras nacionales.

Las cesiones de la soberanía de los estados miembros a las instituciones europeas, ya sean las políticas (Comisión Europea y Consejo Europeo) o las económicas (Banco Central Europeo), no sólo se están produciendo, sino que están teniendo sus efectos. Ni siquiera es por voluntad de los estados miembros, sino simplemente por el hecho de que las cuestiones europeas pesan más que las nacionales. 

La caída del primer gobierno Conte, aquel en el que Salvini se había aliado con Di Maio, parte de la ruptura entre la Liga y el M5s sobre la elección de Von der Leyen; así como el segundo gobierno Conte, aquel en el que la mayoría es PD-M5s, nace con el aval internacional de una cumbre del G7 de Biarritz a finales de agosto de 2019. El Conte II, en definitiva, sigue hacia adelante desde hace unos meses gracias sobre todo a los éxitos europeos o, mejor, a las concesiones que la UE  ha decidido hacer a la Italia antisoberanista. En definitiva, la estabilidad del sillón de Roma ahora se decide en Bruselas y Frankfurt.  

De hecho Conte, sea cual sea el resultado de las próximas regionales y del referéndum, puede contar con una paz económica en los mercados verdaderamente envidiable a pesar de que el coronavirus ha empujado a la economía a una fase de recesión.

Y esta paz viene sobre todo por lo que ha sucedido y está sucediendo en Europa. En primer lugar en Frankfurt, sede del BCE. El Banco Central Europeo ha abierto un paraguas sobre los bonos de estado italiano protegiéndolos de la especulación financiera: el programa de readquisición de los bonos paraliza las malas intenciones de los que quieran poner en el punto de mira las emisiones de un estado con una de las deudas públicas más altas del mundo, este año casi el 160% del PIB. Y muchos analistas creen que el bazuca de Lagarde puede disparar todavía más munición de aquí a final de año. Por otro lado está Bruselas, que ha elegido a Italia como la primera destinataria de los fondos europeos del Recovery Fund: 209 millones de euros para gastar en tres años, divididos en subvenciones y préstamos.   

Estos movimientos han tranquilizado a los mercados financieros. El diferencial entre los bonos italianos y alemanes, indicador principal de confianza, permanece estable en valores bajos, en torno a los 150 puntos. Y hay quien ve un diferencial todavía más bajo para el final de 2020: Commerzbank estima que descenderá a los 115 puntos. De hecho, las últimas emisiones de títulos del estado hechas por el Tesoro han ido más allá de lo previsto, tanto para inversores institucionales como para pequeños ahorradores. 

Hay un gran interés por los bonos italianos, también porque la relación entre entre el rendimiento (bajo) y el riesgo (bajo-moderado) es mejor que la de otros estados europeos. No es casualidad que los múltiples informes de los fondos de inversión hagan una indicación inequívoca: comprad débito italiano. De JP Morgan hasta Intermonte, pasando por Capital Economics, todos están de acuerdo en que la inminente llamada a las urnas no minará la estabilidad política italiana ni mucho menos levantará de nuevo los temores de un Italexit, a saber, la salida de Italia del euro. 

Este es el contexto económico-cultural en el que se enmarca la cita electoral. Eso no quiere decir que Conte pueda dormir tranquilo, porque una debacle electoral de los partidos de la mayoría de gobierno, especialmente del Pd , no sería indolora para el futuro del ejecutivo a medio plazo. Pero salvo escenarios dramáticos como un rotundo 6-0 para Salvini y Meloni o una improbable victoria del No en el referéndum, Conte puede resolver una derrota electoral con una sencilla remodelación, metiendo mano al equipo de Gobierno.

Una remodelación a la que ninguno de le los miembros de la mayoría se opondría mucho, ni siquiera los más alérgicos, como Di Maio y Crimi (M5s). Porque, al final, 209 millones que vienen de Europa valen más que 345 parlamentarios recortados y un puñado de gobernadores regionales menos.   

 

Este texto se publicó originalmente en la edición italiana del HuffPost y ha sido traducido y adaptado del italiano por Uxía Prieto. 




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