A Torra y a Illa se le ve el «torrao»

Quim Torra recomienda a los catalanes que no viajen a Madrid, como si la Comunidad que él preside estuviera libre de coronavirus. Tal recomendación responde al postureo de un nacionalista sin nación, de un fracasado

Quim Torra recomienda a los catalanes que no viajen a Madrid, como si la Comunidad que él preside estuviera libre de coronavirus. Tal recomendación responde al postureo de un nacionalista sin nación, de un fracasado inconsolable.

Torra pide a los catalanes que no vengan a Madrid, pero ellos hacen lo que más les interesa en cada momento, porque cuando recomendó que no se fueran de Cataluña, un importante número de empresas, fábricas, empresarios y profesionales se vinieron a Madrid huyendo del utópico y dañino Procés y de las fantasías animadas de los nacionalistas. Desoyendo a Torra, se vinieron y aquí se quedaron. Ahora el president aprovecha que el covid también pasa por territorio madrileño para recomendar a los catalanes que no cojan el puente aéreo, el Ave o la N-II con destino a nuestra Comunidad, de la misma formar que no quiere que los madrileños pisen suelo catalán ¿Tampoco las empresas que se exiliaron “expulsadas” por el Procés? Antaño, en el argot castizo de barrio, se le llamaba “torrao” a la cabeza intelectualmente mal amueblada.

Viernes 25 de septiembre del año del Coronavirus. El día comienza con la recién estrena tregua de cordialidad del gobierno de Pedro Sánchez con el gobierno de Isabel Díaz Ayuso y el afán mutuo de colaboración, expresado solo unas horas antes en la Puerta del Sol, dentro de ese edificio donde de proclamó la II República, en ese recinto donde Sánchez dijo que acudía para ayudar a Madrid en su cruzada contra la Covid. Pero ese 25 de septiembre, es decir, ayer viernes, se desvanecieron las buenas palabras, se difuminaron los ánimos de colaboración, y lo más mezquino de la política se hizo presencia. Casi al mismo tiempo que el viceconsejero de Sanidad, Zapatero (Zapatero el bueno), anunciaba las nuevas zonas de Madrid y su Comunidad que entraban en el mapa de los confinamientos, el ministro de Sanidad, Salvador Illa (Illa de apellido y de nombre equívoco), pedía al gobierno regional del PP, que extendiera el confinamiento a toda la ciudad de Madrid y a otros municipios madrileños que alcanzaran unos niveles de contagios por número de habitantes iguales, o incluso inferiores, a los de otras zonas de España, donde el gobierno no había hecho tal recomendación.

Madrid volvía a ser la malquerida del Estado.




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