‘Otoño en abril’ vs. ‘Traición’ o Carolina África vs Harold Pinter

En el comienzo de la temporada teatral madrileña coinciden dos obras en cartelera que merece la pena analizar juntas. Una es Otoño en abril de la dramaturga y directora Carolina África en el Teatro María

En el comienzo de la temporada teatral madrileña coinciden dos obras en cartelera que merece la pena analizar juntas. Una es Otoño en abril de la dramaturga y directora Carolina África en el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional. La otra es Traición de Harold Pinter en el Pavón Teatro Kamikaze. La primera jugando en la liga de lo popular y las historias de mujeres. El otro en la liga de lo sesudo y las historias de hombres. El contraste entre una y otra es muy revelador. Tanto que merece la pena ir a verlas y compararlas.

Quien vaya a Otoño en abril se encontrará una obra costumbrista que, si bien se está cociendo todavía, muestra ya los sabores y olores que dejará a medida crezca con las representaciones. Obra que retoma a los personajes de Verano en diciembre, de la misma autora por la que recibió el Premio Calderón de la Barca 2012, y que se lleva representando desde que se estrenó. Una familia de mujeres, en la que los hombres siempre están ausentes. Unos porque se murieron. Otros porque trabajan, trabajan y trabajan. Otros porque no asumen sus responsabilidades. Y otros porque no aparecen, tampoco se les espera.

Es este gineceo, montado en un pequeño piso de barrio, de cualquier barrio español, en donde ellas viven, se relacionan, se pelean, se hacen daño y se quieren. Se quieren mucho. Un amor que a veces es asfixiante. ¿No se decía antes que los niños asmáticos tenían madres que los querían tanto que el asma era una reacción una forma de decir que no les dejaban respirar? Pues eso.

En esta situación asfixiante, Carolina, como la que no quiere la cosa, con humor y con poesía, va poniendo en escena vívidamente, sin dar un discurso, temas que están ahí. En las noticias, en los periódicos, en los reality, en los programas del corazón y, también, en las barras de los bares y las terrazas. La maternidad, la fraternidad, la familia, el amor maternofilial, el amor y el deseo, la relación vecinal, el trabajo, la salud y la enfermedad, la individualidad frente a la comunidad, la soledad.

De Otoño en abril'.

‘De Otoño en abril’.

Y para contarlo recurre al costumbrismo español, ese que vivificaron series como Los Serrano, por ejemplo. Lo hace sin cortarse un pelo. Como hizo Almodóvar en Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón. En esa escena mítica de venganza en la que a ritmo de zarzuela sonando en un cassette se le pega una paliza a uno de los personajes. Sí, así de subversivo es el humor y la poesía de esta obra. Hay que quitarse mucho discurso, mucha (mala) educación, mucha revista de tendencias, para apreciarlo.

Frente a ella Traición es el producto que se ofrece con una fuerte coartada cultural. No solo por Pinter, su autor, que es Premio Nobel. Sino por donde se estrena, el Pavón Teatro Kamikaze. Y por su equipo artístico, con Israel Elejalde a la cabeza como director y Pablo Remón como adaptador de la obra. Dos profesionales clave en el teatro actual español. Brillantes, como se puede comprobar en este montaje, que son capaces de que el espectador se trague este artificio pinteriano como si fuera lo más. Tan más que en las butacas te puedes encontrar, por ejemplo, al cineasta ya citado. Sí, Pedro Almodóvar, otro icono cultural.

Historia de un triángulo amoroso. El que dos amigos y rivales, que se atraen mucho, forman con la misma mujer. Esposa de uno y amante de otro. Historia contada del revés. Es decir, que comienza por el final para, al final, contar el principio, de cómo comenzó todo. Una mujer pasiva incluso a la hora de sentir y de hacer con lo que siente, frente a unos hombres activos. Tanto que por desahogarse la pegan de vez en cuando unas cachetadas, reales o emocionales (las que más duelen) frente a las que ella ¡compra manteles en Venecia! Esto sucede en los 70 del siglo pasado, en Reino Unido, en plena revolución sexual, en un entorno de letraheridos, editoriales, y libros de cejas altas. ¡Ay, Pinter, se te ve el perkal!

De Traición'.

‘De Traición’.

Es cierto, que se sale del Kamikaze deslumbrado y cegado. Por todo, pero sobre todo por Raúl Arévalo que hace un trabajo actoral de autor. Es decir, hace suyo un texto y una dirección sin dejar de hacer lo que un autor como Pinter y un director como Ejalde le piden, sin anularlos con su personalidad de actor. Eso que se describe como magia o como talento porque no se consigue solo con oficio. Una energía que vivifica a sus compañeros cada vez que tienen escenas conjuntas con él.

En ese deslumbramiento interviene un factor que une a las dos obras. El factor humano de la escenógrafa Mónica Boromello que firma la escenografía de ambas obras. Un factor que por algún motivo no acaba de funcionar en Otoño en abril, donde parece que se queda corta, y sale por la puerta grande en Traición, vamos, de premio.

Tal vez por lo que ya se ha comentado, la primera es una obra que todavía se está cociendo y las actrices tienen que hacerse con el espacio, hacerlo propio. Aunque, también puede ser una cuestión de producción. La Belloch, la compañía de Otoño en abril, es una compañía pequeña, que viene de practicar economía doméstica, como una madre en una familia. Una compañía que sabe que ahora está en la sala grande del María Guerrero, pero que la vida de una producción de éxito es muy larga y puede que la tengan que meter en escenarios (mucho) más pequeños del off madrileño o, si giran, en teatros municipales o de pueblos.

En definitiva, merece la pena ir a ver estas dos obras. Y luego contrastarlas, como si se tratase del torneo de dramaturgia del Teatro Español. ¿Quién gana? ¿Carolina África o Harold Pinter? Desde luego por subversiva y rebelde, Carolina le da una paliza. Lo hace al elegir la tradición de la comedia española, el costumbrismo, el lenguaje de serie y de telefilme de sobremesa, el lugar común, el chiste hasta fácil, lo esperable. Lo simple y lo sencillo desarma tanto artificio, tanto discurso, tanta luz. Porque, la lluvia que cae en Otoño en abril cala, como lluvia fina, hasta los huesos, mientras que la luz de Traición ciega y quema, pero eso lo hace en superficie. Y, al menos ahora, se necesita empaparse, mojarse.




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