Por qué el desayuno no es la comida más importante del día

Hasta el mismísimo refranero español tiene parte de culpa de la propagación de algunos mitos y bulos sobre nutrición, ¿o no has escuchado nunca ese que dice que «hay que desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo»? Pues haz clic en el botón derecho de tu ratón mental y selecciona «Eliminar», porque no: el desayuno, por más que se empeñe la sabiduría popular, no es la comida más importante del día ni a la que más atención hay que prestar.

«Es una afirmación absolutamente gratuita», explica a Maldita Ciencia Juan Revenga, dietista-nutricionista. Su origen, según explica aquí Revenga, se remonta a 1917, cuando una dietista de gran prestigio en EE UU, Lenna Frances Cooper, cofundadora de la Academia Americana de Dietética y Nutrición, publicó en la revista Good Health que, al ser la primera comida del día, esta era la más importante.

«Ojo a ese argumento porque, si nos atenemos a la lógica, la primera comida del día la podemos hacer a las tres de la tarde, ¿no?», añade Revenga. «De hecho, lo que indica la palabra desayuno (tanto es castellano como en inglés), es exactamente eso: romper un periodo de ayuno más o menos largo en las 24 horas diarias. Des-ayuno. Lo que no quiere decir que no podamos hacerlo a las tres de la tarde, a las dos, a las seis o a las ocho».

«La realidad es que, ni es tan grave no romper el ayuno antes de empezar con las actividades del día, ni lo que comemos tiene un valor especial por el hecho de ser lo primero que comemos«, explica a Maldita Ciencia el dietista-nutricionista Daniel Ursúa y añade que evolutivamente estamos más preparados para el ayuno que para el excedente de comida. «Por eso, más que preguntarnos por el efecto que puede tener no desayunar, deberíamos preguntarnos (y preocuparnos) por el efecto que está teniendo desayunar lo que desayunamos«, añade.

No importa tanto desayunar como lo que desayunamos*

Sobre la importancia del desayuno, uno de los argumentos más frecuentes fue este estudio que no solo confirmaría el (en teoría) importante papel de este sobre la salud cardiovascular, sino que sugería que saltárselo podría servir como marcador de hábitos alimenticios y de un estilo de vida poco saludables. Hay que señalar que la investigación solo analizaba el aporte calórico del desayuno y no la procedencia de esas calorías (no es lo mismo obtenerlas de bollería industrial que de fruta o huevos, por ejemplo).

Sin embargo, la investigación presentaba limitaciones. Entre otras, que era un estudio observacional, lo que quiere decir que recogía una correlación entre desayunar y una mejor salud cardiovascular. Pero como ya hemos explicado aquí, correlación no implica causalidad, es decir, que dos cosas ocurran juntas no quiere decir que una esté causada por la otra.

«Lo habitual es que una persona que se preocupe por su alimentación en una de las ingestas, se preocupe también por el resto. Además, podemos imaginar que lo hace también por su salud en general», explica Ursúa. «A pesar de ello, debemos tener en cuenta que hay otros factores que influyen en la salud y no están en nuestra mano», concluye.

Eso mismo, «relación no implica causa», concluía en este artículo la dietista-nutricionista Gabriela Uriarte, quien animaba a recibir investigaciones como la citada con cierta prudencia. En el mismo texto señala que, de hecho, no hay un número adecuado de comidas al día. «Lo que sabemos que es importante es que la elección de alimentos de estas comidas sea adecuado. Que elijamos alimentos saludables […] Desde luego si lo que vas a desayunar es cacao soluble con unas galletas prefiero que no desayunes”, sentencia Gabriela.

Entonces, ¿qué desayuno?

A pesar de todo, relacionamos el desayuno con horas (relativamente) tempranas y, lo que es peor, con alimentos determinados: que si un vasito de leche con tostadas, un café con bollería, chocolate con churros, cereales, zumos…, ¿por qué? «Porque tenemos televisión, internet, radio, etc. Punto y pelota. Utilizándolos, quienes diseñan estos productos nos hacen creer que son los adecuados y los que debemos incorporar nada más levantarnos«, explica Revenga. Es decir, «imitamos» los desayunos «ideales» que vemos en publicidad, series, películas… (que de ideales, muchas veces, tienen poco).

Revenga añade que, si preguntásemos a nuestros bisabuelos o tatarabuelos, que no estaban expuestos a estos medios, probablemente su respuesta sería distinta. «Es más, en otras culturas actuales el desayuno no contiene alimentos especiales de desayuno. Esa es una característica de nuestro entorno: hay alimentos de desayuno, pero no hay alimentos de comida ni hay alimentos de cena. ¿Qué pasa? ¿Que no puedes desayunar una tortilla de patata, o un filete de ternera con pimientos verdes?».

Como apuntan los autores de esta revisión, no hay nada de protector en comernos un pastel solo porque lo comamos por la mañana: tiene el mismo impacto en la ingesta calórica si lo tomamos en el desayuno que si lo tomamos a las cuatro de la tarde. «El gran mito que ha prevalecido es que, de alguna manera, si desayunas estarás más seguro que si no lo haces. Sin embargo, el estudio sugiere que, si tomas un pastel y un café por la mañana, tendrás que estar atento a lo que comes el resto del día. Al fin y al cabo, un pastel es un pastel«, afirma Flavia Cicuttini, una de las autoras de la investigación, en este artículo titulado «El desayuno ya no es la comida más importante del día».*

Si no hay un menú ideal con el que romper el ayuno; si un buen pedazo de empanada de pulpo y melocotón, como el de la imagen, tiene la misma cabida que una tostada y un café y si no hay diferencia entre los nutrientes que necesitamos a primera o a última hora del día, no hay bases que sostengan que el desayuno sea la comida más importante. «Las ingestas del día son como los hijos: no puedes decir que uno sea más importante que otro», bromea Revenga.

Saltarse el desayuno tampoco se relaciona con un aumento de peso*

«Se nos dice que el desayuno ayuda a nuestro metabolismo y que, saltárnoslo nos dará mucha más hambre, por lo que comeremos en exceso y subiremos de peso», señala en este artículo de opinión publicado en el British Medical Journal Tim Spector, profesor de epidemiología genética en el King’s College de Londres y añade que, en realidad «no hay evidencias de que saltarse el desayuno hace que se gane peso o reduzca negativamente la tasa metabólica en reposo«. Lo mismo apuntan revisiones de estudios como esta o esta.

En ambas los autores señalan que todas las comidas se elaboran de la misma manera y que no es necesario meterse entre pecho y espalda un buen desayuno para «preparar el día» o para evitar sentir hambre pasadas unas horas.

Para saber más sobre otros mitos relacionados con el desayuno, puedes echar un vistazo a lo que Juan Revenga explica aquí o aquí.

*Hemos actualizado este artículo con información sobre por qué relación no implica causalidad (tampoco en el desayuno), sobre los estudios en relación al desayuno y el aumento de peso y con las declaraciones de Daniel Ursúa.




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