Crowdless y otras aplicaciones colaborativas: cómo se usan y guardan los datos

Nos habéis preguntado por una aplicación en particular llamada Crowdless, pero vamos a tratar de daros una respuesta que podáis usar en general al usar servicios digitales. Al final, la mayor parte de la preocupación por la privacidad se resuelve con una medida relativamente sencilla (aunque tediosa, que lo sabemos): leer los Términos y Condiciones y la Política de Privacidad de los sitios.

Crowdless es una aplicación lanzada en abril que sirve para comprobar en tu zona geográfica qué locales y espacios públicos están más concurridos que otros. La iniciativa surgió a cuenta de la pandemia del coronavirus y la necesidad de mantener el distanciamiento social y recoge los datos de servicios como Google Places o Google Maps (que ya hacen esto para servicios como el transporte público).

Puedes ser “voluntario” en la app, que implica participar en acciones que van desde apuntar tu local para registrar la concurrencia a añadir comercios y espacios que no están en ella. Este tipo de aplicaciones colaborativas son muy comunes y cada una tiene sus particularidades. Por ejemplo, con la COVID-19 surgieron varias para que la sociedad “colaborase” con el control de los contagios, por ejemplo apuntando si tenían síntomas, pero a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) no le gustó demasiado la idea por los riesgos a la hora de mover datos de salud.

En el caso de Crowdless, su Política de Privacidad no dice mucho de lo que hacen con nuestra información, lo cual no es un punto a favor. Desde la compañía, explican a Maldita Tecnología que no recogen datos personales de gente que usa la app, pero que sí pueden guardar la información de personas que “rellenan encuestas, formularios o se apuntan a programas como el de los voluntarios”.

Explican que esa información personal se guarda en una “base de datos encriptada” a la que solo puede acceder la compañía, que esos datos sólo se guardan para comunicarse con los voluntarios y que no se comparten a terceros. Esta información no está especificada en su política de privacidad, que es lo que cuenta.

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Este caso puede servir como patrón para muchas otras aplicaciones que nos vamos a encontrar que sean poco específicas en sus textos de privacidad: “Hay que leer siempre las políticas de privacidad de las apps móviles, y en caso de que sean o escuetas o no te den confianza quizás mejor no utilizarlas”, explica Jorge Campanillas, abogado especializado en protección de datos y comunicación.

Deja a elección de cada consumidor que delibere entre usar una aplicación opcional: “Todas las aplicaciones pueden ser inocuas, pero no lo sabemos a ciencia cierta”, dice este abogado. Además, dado que las plataformas tienden a “no siempre ser lo transparentes que les exige la normativa”, nos generan dudas y eso es normal. Lo mejor es “utilizarlas con cuidado o preguntar directamente a la compañía, a ver qué tipo de respuesta dan a la consulta para dejarnos totalmente tranquilos”.

Por su parte, Camino García, abogada especializada en derecho digital, señala que la Política de Privacidad de esta aplicación es “incompleta” e “insuficiente” porque no ahondan en el sistema de registro que tienen ni especifican “para qué se utilizan los datos, durante cuánto tiempo, los destinatarios a los que, en su caso, se comunicarán los datos o cuál es la base legal del tratamiento”, puntos clave de un documento así.

Contando con que no siempre es posible hacer un análisis desde una perspectiva legal de una Política de Privacidad, lo ideal según estos profesionales es usar las aplicaciones con cabeza (es decir, no descargar ochenta en nuestro móvil por el mero hecho de tenerlas), analizar su objetivo y en función de ello y de lo que podamos observar en su funcionamiento y sus documentos legales pensar si nos hace falta y vale la pena. ¡De modo que todo el mundo a hacer limpieza de aplicaciones!


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