Evasión o victoria | Madridiario

Hace ahora cuarenta años que empezó a rodarse una película, Victory, llamada en España Evasión o victoria, que finalmente y con el paso del tiempo se convertiría en la mítica abanderada del fútbol recreado en celuloide, y hace cinco que el estadio Nándor Hidegkuti de Budapest, donde se rodó, fue completamente demolido para construir un gran complejo deportivo. La película, teniendo en cuenta la escasa afición al soccer de los estadounidenses, fue un relativo fracaso de taquilla en USA; pero en Europa, además de producir pingües ganancias, se convirtió en película de culto con una exhibición masiva tanto en salas comerciales como en sus innúmeros pases en cadenas televisivas.

La historia, como es sabido, está ambientada en 1943 y en el campo alemán de prisioneros de Gensdorff que un día visita el oficial alemán Von Steiner interpretado por el actor Max von Sydow. Jugador de fútbol antes de la guerra, concibe la idea de organizar un partido entre los prisioneros y los soldados alemanes.

En el equipo de los confinados figuran actores como Michael Caine en el papel de John Colby, Sylvester Stallone como Robert Hatch, jugador de rugby con escasas capacidades para el fútbol/soccer por lo que acaba actuando de portero, y profesionales del balompié como Pelé, en el papel de Luis Fernández, Bobby Moore, como Terry Brady y un inefable Osvaldo Ardiles en la figura de Carlos Rey, quien realiza en el campo su excelsa “lambretta” y que años más tarde relataría que rodar el penalti decisivo que al final del partido detiene Stallone, requirió de treinta y cuatro tomas; pero el caso es que al final detuvo el balón evitando la victoria nazi, lo que condenaba al grupo a seguir en el campo de prisioneros, aunque en ese momento y en un brindis forzado al happy end, los aficionados franceses saltan en masa a la cancha y los aliados logran camuflarse entre el gentío quitándose las camisetas y poniéndose la ropa de calle que aquellos les prestaban precipitadamente para lograr la libertad envueltos en los sones de La Marsellesa.

La película, más que remakes en sentido estricto ha contado con homenajes y guiños en otras películas como Stargate, de Ronald Emmerich. Estrenada en 1994, se trata de una cinta que entremezcla ciencia ficción con antiguas y muy diferencias mitologías, y en la misma se produce una escapada con invasión final del público, en clara reminiscencia a lo supuestamente ocurrido en estadio parisino de Colombes en Victory, cuando huyen de la explanada de las pirámides entre una multitud que les cubre y disfraza con sus túnicas para que puedan consumar la huida.

En España, el homenaje y tributo al film llegó de la mano de Santiago Segura en la película Torrente 4 Lethal Crisis estrenada en 2011. El personaje protagonista, el incombustible Torrente, está recluido en la cárcel de Alhaurín de la Torre y consigue organizar un partido entre los presos y los funcionarios de prisiones, un planteamiento casi idéntico al de la cinta de John Houston, que completa con la misma idea de incluir profesionales del balompié en la filas de la formación reclusa, tales como los madridistas Sergio Ramos, Gonzalo Pipita Higuaín y Álvaro Arbeloa, el Kun Agüero, entonces en el Atlético de Madrid y Cesc Fábregas, ligado en aquel momento al Arsenal.

Sin embargo, la verdadera historia es sustancialmente distinta y empieza a gestarse en el verano de 1942, en la Ucrania invadida por la Wehrmacht y más concretamente en una panadería de Kiev, la capital, regentada por Jósef Kordick, hincha acérrimo del Dynamo. Entre los centenares de vagabundos que rondaban por los alrededores de su local con la esperanza de echarse algo a la boca, descubrió al portero de su equipo Nikolai Trusevich y a otros jugadores del mismo Dinamo y también del Lokomotiv, tradicional eterno rival. A todos les fue brindando cobijo y sustento en la medida de sus posibilidades, al tiempo que armaba un equipo, el Start y a organizar partidillos para entretenerse y de paso solazar a la población hambrienta que vagaba sin rumbo por la ciudad.

Un aciago día les vio jugar el responsable de Flakelf, escuadra formada por miembros de la Luftwaffe y de las temibles SS e inmediatamente les conminó a jugar con ellos un partido. El combinado alemán fue derrotado por un más que humillante cinco a uno e inmediatamente se exigió un encuentro de revancha que se acordó para el 9 de agosto de 1942 en el Zenit Stadium hoy rebautizado como Start Stadium en homenaje a aquellos desdichados. El encuentro, arbitrado por un oficial alemán predispuesto a la parcialidad extrema, comenzó con la negativa de los chicos del Start a saludar a la romana como los nazis y mantuvieron brazos y manos pegados al cuerpo. Llegado el descanso, los locales vencían por dos a uno a los invasores y un oficial de las SS bajó a los vestuarios para advertirles de las fatales consecuencias que tendría el que ganaran. Al comenzar la segunda parte, los alemanes marcaron el gol del empate tras propinarle una brutal patada en la cabeza al portero ucraniano que tuvo que retirarse del campo, pero al final el partido se decidió por cinco a tres a favor de los locales.

Al día siguiente la Gestapo hizo una redada en la panadería y se llevó arrestados a gran parte de los jugadores formalmente acusados de pertenecer a la NKVD, la policía secreta soviética. Fueron llevados al campo de concentración de Siretz, donde tres de ellos fueron ejecutados en febrero de 1943.

Para los protagonistas de la Evasión o victoria ucraniana no hubo happy end.




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