Animales en la pandemia: lo bueno y lo malo


Por motivos de sobra conocidos, este 2020 lo recordaremos como el año en que revaloramos la vida hogareña. Quizás las ganancias inesperada en los juegos de casino y el casino online sirvieron para aminorar la claustrofobia, nos reencontramos con la familia en todos sus defectos y virtudes, pero los inesperados beneficiarios de la pandemia fueron nuestros animales de compañía.

Y más bien funcionó en ambos sentidos. Particularmente las personas que viven solas y sin posibilidad de visitar a su familia, encontraron en sus mascotas remedio a la soledad y una distracción que ahuyentaba la angustia de no saber bien qué pasaba.

Los animales domésticos, que dejábamos aullando o con cara de mártir cada vez que salíamos, de pronto vieron su gran sueño hecho realidad: pasar días enteros sin separarse de su amo. Ahora, no todo han sido ventajas, al mismo tiempo el encierro ha traído otras fuentes de estrés para los animales domésticos que los dueños deberíamos tener en cuenta.

Sí, agradecerán que pasemos mayor tiempo con ellos, pero tampoco hay que ser empalagosos. El respeto realmente es un valor que no distingue especies. Así como hay veces que a nuestros hijos simplemente hay que dejarlos solo, pasa lo mismo con los animales en casa, hasta por seguridad es necesario aprender a identificar sus momentos de disposición a la convivencia y cuándo prefiere que no se le moleste.

Esta breve comparación con los niños de la especia humana, de ninguna manera debe servir de pretexto para la infantilización de los animales. Ya Donna Haraway es bastante tajante al respecto en su Manifiesto de las especies de compañía (Sans Soleil Ediciones, 2016) al señalar que, aparte, eso restaría claridad en la decisión que ella tuvo de tener animales, no hijos. Son un maravilloso contacto a una parte de nuestra naturaleza que milenios de cultura y civilización nos han dificultado, pero hay que tratarlos y respetarlos en sus propios términos.

El vínculo-humano mascota, obviamente, ha mejorado y los propietarios han estado más pendientes de la salud de sus acompañantes animales. En una encuesta del Banfield Pet Hospital, en Washington, Estados Unidos, 44% de los participantes afirmó sentirse más responsable del cuidado de su mascota, con el 41% declarando que había contactado al veterinario durante el confinamiento.

Dicho porcentaje, por otro lado, seguramente no era en vano. Entre las consecuencias negativas del encierro para los animales de casa está el exceso de atención, una fuente de estrés a la que ya hemos aludido, y la falta de entrenamiento. Este factor pesa significativamente en razas fuertes, cuya constitución requiere de una actividad física constante que se ha limitado en los pasados meses.

Los efectos colaterales de esto pueden afectar tanto la relación con el animal si empieza a mostrar conductas nocivas, como a nivel de salud, si empieza a perder pelo o a dejar de comer. Al final, hay que mantenerse vigilante de cualquier manifestación o síntoma preocupante y, en la medida de lo posible, no variar la rutina de comidas, por ejemplo, y, si no es posible salir de paseo, dedicar la hora acostumbrada a una sesión de juego intenso. Como ha escrito Erica Fudge en su libro Pets (Paidós, 2015) antes que ver a las mascotas en dirección vertical de dominancia es mejor la perspectiva vertical que ve al animal en el mismo plano, nunca accederá totalmente a nuestro mundo, pero algo prende, igual que nosotros de ellos.


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