Más de 50 personas con discapacidad pierden su terapia de pádel por el Covid

La pandemia ha alterado las rutinas diarias y ha sumido a la población en una ‘nueva normalidad’ con restricciones que la población ha admitido con resignación. No obstante, la interpretación estricta y generalizada de algunas de estas limitaciones ha producido un efecto nocivo en la salud de algunos colectivos. Es el caso de la Asociación Pádel Para Todos (Aspado), que denuncia que 50 de sus miembros han visto interrumpida su práctica de este deporte pese a que en ellos funciona como una terapia al tratarse de personas con diversidad funcional.

Hasta 50 adultos se han visto afectadas por la decisión de las residencias en las que residen de suprimir las actividades al aire libre. «No se puede generalizar y comparar unas salidas con otras porque el deporte para ellos no es ocio, sino su medicina«, explica la presidenta de Aspado, María de la Rocha, a Madridiario.

Por el momento, esta circunstancia ha hecho que la asociación, que fomenta la integración de personas con discapacidad, solo haya podido mantener las clases en las escuelas de tarde al recibir a chicos que residen con sus familias y no internos. Para estos, ofrece un certificado que justifica los desplazamientos en caso de que deban acudir a una pista que se ubique en un municipio sobre el que se haya decretado el cierre perimetral.

Desde la asociación aseguran que en las instalaciones se cumplen de manera escrupulosa las medidas sanitarias pertinentes. De la Rocha explica que antes de acceder al recinto los jugadores se aplican hidrogel, que todos los objetos se desinfectan previamente y que los 200 metros cuadrados de la pista posibilitan el distanciamiento social entre los participantes.

Los chicos juegan con mascarilla, así como el monitor también la lleva puesta. «Todos mantienen la distancia de seguridad», indica la presidenta. Por su parte, Montse Guillén, coordinadora de Aspado, añade que todos se han mostrado «bastante concienciados» con la situación actual y han interiorizado las nuevas normas. «En lugar de chocar la mano o el codo, lo hacen con el pie y a la hora de recoger las bolas siempre guardan la distancia», ejemplifica.

El pádel como terapia

La presidenta de Aspado traslada su preocupación por la interrupción de las clases, pues incide en que el deporte «es absolutamente fundamental para estas personas». Sin actividades como estas, «tienden a la apatía» a la par que crece el riesgo de sobrepeso.

En la misma línea se pronuncia la coordinadora, que afirma que les han quitado «algo que les encanta» y que les permite «desarrollar muchas habilidades». Sin la práctica deportiva, estas 50 personas que acuden a centros de Madrid capital, Pozuelo de Alarcón y San Sebastián de los Reyes pierden la oportunidad de sociabilizar, «que les viene fenomenal a los chicos con autismo que tenemos», así como ven una limitación en su capacidad motriz.

«Necesitan esta actividad igual que la fisioterapia o la logopedia», sostiene Montse Guillén, quien cita entre otros beneficios del pádel la adquisición de comportamientos de grupo que los chicos han ido perdiendo en los dos últimos meses. «Es una terapia que mejora su conducta y lo van a perder», se queja. De hecho, asegura que ya se está siendo patente este cambio de actitud en los miembros de Aspado. «No quieren hacer nada y algunos han cogido peso», apunta.

Las rutinas de los chicos que viven en las residencias han cambiado. Han sido separados de parte de sus amigos, los que viven con sus familiares, pero siguen asistiendo con sus compañeros a clases de terapia ocupacional, entre otras. Por eso, en Aspado no entienden por qué les impiden estar juntos en pádel. «Es muy injusto que yo mañana pueda ir a jugar al pádel y ellos no cuando es su terapia», lamenta María de la Rocha.




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