¿Así entiende la izquierda nuestra democracia? ¿Con pistolas?

Después de un debate parlamentario bronco. Una se queda con mal sabor de boca. ¿esto es lo que esperan de nosotros los madrileños?

Estoy convencida que no. No quieren eso de nosotros. No quieren de los cargos públicos crispación. No quieren contiendas bélicas en un hemiciclo. No lo quieren. Tampoco quieren manipulación, ni mentiras, ni sumisión. Ni silencio. Ni hipocresía. Ni incoherencia. Aunque algunos piensen lo contrario. Yo estoy convencida. No, no quieren esto.

Y, a pesar de ello. Algunos diputados deciden continuar con sus actitudes sectarias, de división, de resta. Actitudes y palabras de señalamiento, de acusación desde la impunidad de sus escaños. Faltas de respeto y de educación.

Esto es lo que muchos diputados sufrimos, pero no callamos. Respondemos sin amilanarnos ante el atropello de nuestros derechos y con todo el poder del argumento y el respeto a las normas democráticas. Y así, por no callar. Nos dicen. “Crispan, señorías. Ustedes, crispan”.

Muchas veces una reflexiona sobre cómo reaccionar ante ataques, provocaciones y mentiras reiteradas de una izquierda absolutamente sectaria y comunista. Y reflexionamos y concluimos que el discurso de la unidad es recurrente cuando tu único argumento es no bajar al barro porque las encuestas son lo primero. Y la confrontación no suma.

Pero, ¿debemos callar si nos atacan?

La valentía consiste en defender nuestros valores y principios. No callar. La valentía se demuestra cuando respondes de forma nítida a quienes quieren acabar con nuestro sistema de derechos y libertades. Y la valentía es, sin duda, defendernos de esa izquierda que galopa aforada con el objetivo de “aniquilar” al rival.

¿Unidad? Si. Con los madrileños. Con los españoles. Con la democracia. Con la libertad.

Y esa libertad que defendemos desde el Partido Popular, fue nuevamente atacada con una “amenaza”. Sucedió en la último Pleno de la Asamblea de Madrid. Desde su escaño, la diputada Mónica García simuló enarbolar una pistola, apuntar y disparar al Consejero de la Comunidad de Madrid. Javier Fernández-Lasquetty.

Una acción ruin, deleznable, reprochable y repugnante en sí misma.

Las imágenes se han hecho virales, los medios de comunicación las han puesto en bucle. Las radios, artículos de opinión, de información. Todos se han hecho eco de tan condenable momento.

Pero hete aquí que la señoría de izquierdas, decidió negar la evidencia y atacar al Partido Popular. Así es la izquierda.

Todo hubiese concluido si su señoría “errejonista” hubiese pedido disculpas. Pero no fue así. Cualquiera de nosotros lo hubiésemos hecho. Si hubiese sido un error, claro está. Y en política se cometen muchos. Así que cabe pensar, ¿fue un error? Visto lo visto, para la izquierda. No. No fue un error.

Mayor repugnancia, si cabe.

En nuestro país. Simular que apuntas con una pistola y disparas. Nos recuerda a asesinos que, con pistola en mano, arrebataron la vida a cientos de españoles que defendían la libertad

Es indecente.

Podría describir la cara de odio que la diputada de izquierdas tenía mientras simulaba un disparo, pero hasta eso, me produce asco. Miren las imágenes.

¿Así entiende la izquierda nuestra democracia? ¿Con pistolas?

Tuvieron la oportunidad de pedir perdón. A todos los madrileños. A Javier Fernández-Lasquetty. Y no, se negaron a hacerlo.

No es de extrañar, esta actitud es correlativa al camino emprendido por esta izquierda cobarde y totalitaria. Vemos que ellos se sienten bien con los bilduetarras. Con aquellos que tanto daño han hecho a centenares de familias. Aquellos que jamás han pedido perdón por los viles asesinatos de ETA.

Se sienten cómodos con aquellos que justifican la violencia. ¿Cómo iban a sentir esa acción como un error y pedir perdón?

Quizá esta izquierda no tenga remedio, pero lo que si tiene remedio es que, con la ley en la mano, con argumentos y en las urnas. Los madrileños no volvamos a sentir la vergüenza, la amenaza y el odio que destila esta izquierda radical y totalitaria.

El Partido Popular ni callará ni se resignará. El señor Fernández-Lasquetty continuó su intervención defendiendo así nuestra democracia. No se achantó ante el odio ni ante la amenaza. Y así seguiremos. Defendiendo, sin dudarlo, nuestra libertad.




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