El saxofón y Golden, el perro que canta al ritmo de la música

Si cualquier mediodía del año camina por el Paseo del Prado, a mitad de su recorrido -en la esquina del mismo Paseo con la Plaza de la Lealtad- el sonido del famoso tráfico madrileño se atenúa con el del saxofón de Salvador Carrero y el aullido de su perro, Golden, al ritmo musical. Con 69 años, Salva quiere seguir tocando el saxofón en la calle “hasta que me muera”, y vivir tranquilo, después de una vida compleja y con muchas experiencias. A los doce años ya trabajaba con labores en el campo del pueblo donde nació, Villaverde de Íscar, un pequeño municipio de la provincia de Segovia que no supera el millar de habitantes.

Dos años después su madre le propuso desplazarse a Madrid para trabajar en el bar de un vecino del pueblo. Salvador ha confesado que dormía por las noches en su interior a pesar de tener familiares en la ciudad, sin embargo cada uno estaba haciendo su vida: “Trabajaba en este bar y por las noches dormía en la cueva del local”, recuerda. Más tarde se trasladó a un restaurante en la glorieta de Iglesias y en ese momento una de sus hermanas le hizo un hueco en casa. Salvador era el séptimo de ocho hermanos, de los cuales la mitad fueron varones y la otra mitad mujeres.

Con catorce años se dedicó la hostelería y a trabajar en bares, restaurantes, pubs y discotecas. A los diecinueve se desplazó a Palma de Mallorca durante un periodo de dos años para seguir viviendo de este sector asegurando que es «una ruina en la actualidad”, fruto del miedo e incertidumbre de la gente a poder contagiarse por la Covid-19. Después de su estancia en la isla le destinaron a Cádiz y Ceuta donde permaneció poco más de un año, para regresar a las Islas Baleares meses más tarde.

“Ahora no hay gente por la Covid-19 porque pasan tres o cuatro gatos»

Desde el 2012, ya jubilado, recibía una pensión muy baja y fue cuando comenzó a practicar con el saxofón que le regaló una amiga el día de su cumpleaños: “Cuando trabajaba en un pub en la calle de las Huertas celebré mi cumpleaños ahí. Vino una amiga mía y me regaló un saxofón que sabía que me gustaba”. Nunca había tocado dicho instrumento pero un día ensayando en casa, Golden empezó a aullar al ritmo de la música y le gustó el resultado. El animal tenía un don que deconocía Salva. Desde aquel entonces hasta hoy toca cada día en la calle con el perro que para él lo es «todo», un fenómeno al que le guarda un cariño muy especial desde que su hija se lo trajo para que lo cuidara cuando apenas tenía cinco meses. «¡Papá, me voy de vacaciones y te voy a llevar a mi perro para que te lo quedes!», recuerda emocionado.

Sin embargo, tal y como reconoce Salvador, la pandemia también ha afectado en su día a día cuando se pone de 11 a 13 horas acompañado de su perro en el banco con el saxofón: “Ahora no hay gente por la Covid-19 porque pasan tres o cuatro gatos y te echan un euro o dos euros”, lamenta el buen hombre. Antes de la pandemia llegó a sacarse alrededor de 20 o 30 euros al día, sin embargo ahora “cuatro o cinco euros”. No obstante, el músico se encuentra en el mismo lugar desde hace ocho años porque es una zona turística y después de tanto tiempo es muy conocido por los vecinos del barrio.

No obstante a pesar de mostrarnos su disconformidad con la situación que atraviesa España, Salva cuando habla de su perro cambia en milésimas de segundo esa rabia e impotenica por una gran emoción hacia su mascota. Para él Golden, de raza labrador con padenco, que va a cumplir doce años doce es el “artista”. Tal y como nos asegura hacen una buena pareja, y cuando el can está inspirado da el ritmo de la música cosa que a la gente le agrada: “Cuando el perro se cansa ladra, y cuando está inspirado aúlla y lleva el ritmo de la música”.




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