Cómo prevenir y curar las ampollas y rozaduras en los pies por los zapatos

Hace más de un mes que podemos salir a la calle a dar paseos, correr y, en general, hacer cosas fuera de casa. Durante las semanas en las que se nos han limitado las salidas, muchos de nosotros hemos hecho caso omiso a los zapatos y los hemos sustituido por cómodos calcetines o zapatillas de estar por casa.

El drama viene cuando, al volver a «abrocharos los cordones» y salir a quemar el asfalto, estos os rozan e incluso os han salido ampollas. Para algunos, de hecho, este es el panorama habitual cada verano, al volver las sandalias. ¿Hay alguna forma de evitar estas lesiones de la piel? Y en el caso de tenerlas, ¿cómo las tratamos?

Una ampolla es una acumulación de líquido que aparece, en este caso en cualquier parte de nuestro pie, al haber sufrido este un roce repetitivo. Este puede estar causado tanto por el calzado como la propia piel, en el caso de aquellas que salen entre los dedos. Por muy incómodas y dolorosas que sean, estas pequeñas «burbujas» son un mecanismo de defensa de la epidermis, la capa más externa de la piel, para proteger su tejido interior. 

Para evitar estas molestas lesiones, lo más adecuado es mantener la piel bien hidratada; utilizar calcetines, incluso en verano si vamos a salir a caminar o correr, así como un calzado adecuado a cada actividad. Además, si justo estrenamos un par de zapatos o zapatillas o si vamos a realizar una caminata muy larga es aconsejable «emplear vaselina o lubricantes específicos, aplicando más cantidad en las zonas propensas a sufrir rozaduras», como explica este artículo del blog Podoactiva, dedicado a la podología y la biomecánica.

Y si ya es tarde, si ya tenemos a nuestra compañera de fatigas asomando por cualquier parte del pie, ¿la explotamos o la dejamos «a su aire»? «Por un lado, están los que apuestan por que la naturaleza siga su curso y por aprovechar el efecto protector de la piel que recubre la ampolla», explica en su blog la farmacéutica y divulgadora Marián García. «Por otro lado, los que apuntan que la piel que recubre la ampolla ya es una piel muerta porque ha perdido el contacto con la dermis (de ella le separa el liquidito de la ampolla). Por tanto, que esta piel sería frágil y no una barrera perfecta», continúa.

La solución, según García, dependerá de la situación de cada persona. Si existe el riesgo de que la ampolla «reviente» por si sola (por ejemplo, si tenemos que hacer una larga caminata al día siguiente), «lo suyo es hacer una detonación controlada de la bomba», es decir, explotarla. Para ello, recomienda:

  • Lavar la zona con agua y jabón.
  • Desinfectarla (mejor con clorhexidina que con agua oxigenada, alcohol o Betadine).
  • Pinchar la ampolla con una aguja esterilizada y vaciar su contenido ayudándonos de una gasa.
  • Volver a desinfectar.
  • Aplicar un apósito, preferiblemente hidrocoloide, para favorecer la cicatrización en húmedo.

Importante: olvidémonos de explotarla con los dedos, arrancar los restos de piel y usar el mismo calzado que la causó.




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