Fernando, el radiólogo del Hospital Severo Ochoa que combate la Covid con la poesía

Fernando López Guisado es Técnico de Radiología en el Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés. Gracias a sus dotes literarias ha dado una nueva dimensión, “más humana, optimista y cultural”, a la lucha contra la pandemia teniendo a la poesía como medicina.

“Además de sanitario y padre, la otra faceta de mi vida es la de escritor y hace poco acabo de publicar un poemario que tiene de fondo la primera oleada de la Covid, lo vivido, así como las ciudades de Leganés y Madrid, entre las que vivo a caballo, tanto por motivos profesionales como personales”, explica el poeta radiólogo.





El libro, titulado ‘Vestido de verde hacia Nunca Jamás’, ha recibido los primeros elogios, considerándolo un “canto de amor y una fotografía (más bien radiografía) fija sobre la pandemia”.

Entre otros elementos, “utiliza y juega con el concepto del ‘verde’ de Peter Pan y el del uniforme sanitario”, explica el autor en El Reto de los Lectores de La Vanguardia.

Se trata de una ocasión para conocer una visión diferente de cómo se ha afrontado la pandemia en uno de los hospitales más castigados de España por la Covid, en primera línea. Lo explica el propio Fernando López Guisado, a continuación, respondiendo a nuestras preguntas:

Fernando López Guisado, invitando al optimismo.
Fernando López Guisado, invitando al optimismo.
(Fernando López Guisado / FLG)



— ¿Qué le motivó a escribir este poemario?

— No hay un motivo, en realidad, y los hay todos. La escritura es la creación de una “ficción estable” que ayuda a las almas a poder comprender el mundo, que establece conexiones más allá de lo evidente o lo científico, es una ciencia de la expresión y la intuición.







Escribía en mi libreta, en papeles sueltos, en mensajes de móvil… aquello que luego se terminaron convirtiendo en la gran parte de los poemas de este libro”



Se escribe, primero, por necesidad y, sobre todo, de conectar con el otro y con uno mismo. Precisamente es un tiempo en el que necesitamos más que nunca la conexión con los demás y con nuestro interior. Era imposible no sentir y, por tanto, no escribir sobre ello. Mis grandes temas de siempre son el Amor, con mayúsculas, y la existencia entre luces y sombras. Hay un poema en el libro titulado ‘Notas sobre no escribir un poema’, que se pregunta “¿Cómo no se puede escribir a todo esto que ocurre, a lo que vivimos, al Amor de la vida, a los compañeros del Severo Ochoa…”.

— ¿Y así surgió el libro?

— Fue mi editor quien, de pronto, me llamó y me preguntó si tenía escrito algo y me rogó leerlo a pesar de oponer una férrea resistencia. Lo pasé a máquina y se quedó tan impresionado y conmovido que, en un lapso vertiginoso, estaba presentando el libro sumergido en una vorágine más, completamente inesperada. También uno de los poemas, ‘Bajo la capa de Ozono’, comienza diciendo que jamás pensé en publicar un nuevo libro y que creo que la poesía está cansada de mí.





— ¿Qué sintió a la hora de combatir el virus en el hospital durante la primera ola y cómo lo plasmó en sus poemas?

— Todos los sanitarios hemos sentido, creo, una enorme impotencia y desconcierto. La modernidad no estaba preparada para algo tan inesperado y, a su vez, tan enorme, tan cruel e invisible.



Trabajábamos con el miedo, propio y ajeno, con la responsabilidad hacia los pacientes, los compañeros y el hospital”



A nuestro impulso de querer ayudar a todos. De pronto nos vimos sumidos en una especie de pesadilla muy extraña, casi de película, como digo en uno de los poemas. La gente sufría, moría, a veces en muy pocas horas… La impotencia era enorme. Estar separado de personas que amamos, un mundo en aislamiento y, al mismo tiempo, esa unión con el otro, con los compañeros, fuera de rangos o títulos, con la gente que amamos y darnos cuenta de que verdaderamente los amamos. Todo eso iba quedando plasmado en cada verso. En ocasiones, el cansancio, lo desolador, los pequeños y vulnerables que podemos llegar a ser… Y también que el mundo puede moverse, apoyar, superar las adversidades. Y amarse: atreverse a amar pese a todo.

— ¿Qué efecto espera producir en el lector con sus poemas?





— Sobre todo: esperanza, empatía y esa (quizá utópica o infantil) creencia de que el Amor de verdad lo puede todo. Espero que se sientan identificados y parece que lo están haciendo. Me llegan mensajes de lectores llenos de emoción, de afinidad, de que ellos también se han sentido así, pero no sólo durante la pandemia, sino a lo largo de su vida, en sus rutinas. Es algo que va más allá de un momento crítico y puntual que vivimos.



Es buscar lo que nos hace humanos en este mundo contemporáneo tan extraño”



— ¿Cree que la literatura también es una medicina necesaria?

— La literatura y el arte son una de mis piedras angulares, una de mis maneras de seguir, cada día, paso a paso, navegando por todas las grandes y pequeñas incertidumbres e incógnitas de nuestras vidas. Creo, con sinceridad, que no sólo necesaria, sino imprescindible. Somos entidades complejas, que sienten, sufren, aman, se emocionan… Necesitamos historias que reflejen lo que somos: necesitamos sentirnos parte de la Eternidad pero ¡también divertirnos! Viajar a otros mundos, evadirnos.



La literatura nos hace la vida mucho más llevadera y que crezcamos como personas, a la vez que nos entretiene. ¿Qué más se puede pedir a una medicina?”








Fernando López Guisado, vestido de verde.
Fernando López Guisado, vestido de verde.
(Fernando López Guisado / FLG)



A continuación, reproducimos dos de los poemas del libro ‘Vestido de verde hacia Nunca Jamás’:


‘Notas sobre no escribir un poema’



Resisto cada día el escribir

un poema nimio como este

al ver, por ejemplo,

a los compañeros del hospital

compartir café en nuestra salita

que parece inmune a la pandemia

en su pequeña burbuja familiar

y sus miradas fijas

como en un cuadro de Hopper;

un poema a la mano temblorosa

de esa madre

al pasarle el delantal de plomo

antes de someter a su hijo a una RX.

Resistir, sí, con fe ciega,

no cantar el recuerdo de tu escote,

o a la brasa de mi pipa, reflejándose

en el cristal de madrugada,

incendiando el parque,

cuando solo yo parezco despierto

y me domina el impulso

de buscar mi sombra

de Peter Pan venido a menos

incapaz de cabalgar el espacio

con un pensamiento alegre.

Un poema inane a estas lágrimas

de ausencia en unas calles vacías

de película de médicos

y zombis

y héroes

a los que no les importa

tener el corazón tan roto

como las alitas de un hada

que no resucita con aplausos

cada día, a las ocho, debo aguantar

no escribir un poema

porque está pasando algo muy grande

y yo me siento pequeño,

tan pequeño y solo,

pensando en el amor,

sin ti bajo el cielo impoluto

y su enorme vacío negro

que todo lo convierte

en un poema insignificante,

un dios antiguo y egoísta,

como en una ensoñación de ‘Lovecraft’.








Fernando López Guisado, con el uniforme de radiólogo.
Fernando López Guisado, con el uniforme de radiólogo.
(Fernando López Guisado / FLG)




‘Respirador’



Trabajo en un hospital

y últimamente pienso

que me voy a tener que traer

una bombona de oxígeno

para cuando no estés cerca.



Fernando, junto a su compañero Luis, médico de Urgencias, que sostiene el libro.
Fernando, junto a su compañero Luis, médico de Urgencias, que sostiene el libro.
(Fernando López Guisado / FLG)




Ficha técnica

‘Vestido de verde hacia Nunca Jamás’



Autor: Fernando López Guisado; Editorial: Ediciones Vitruvio, Madrid, 2020.




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