Por qué que seas ordenado o tengas una manía no quiere decir que tengas un TOC (trastorno obsesivo compulsivo)

No. No eres el único al que le chirría encontrar calcetines desparejados o un bolígrafo azul con la tapa de uno negro. Y no. Tampoco el iluminado al que, por las buenas, le agrada que los artilugios varios que tiene encima de la mesa estén alineados los unos con los otros o que un objeto encaje perfectamente dentro otro. «Es que tengo un TOC (en relación a un trastorno obsesivo compulsivo)«, puede que hayas comentado u oído alguna vez, en tono de humor y haciendo referencia a situaciones similares. Pero no, lo más probable es que no sea así y que estés utilizando un concepto desvirtuado.

«Los objetos poco complejos y bien organizados y en general la belleza, la estética y la proporción nos gustan y nos relajan. Vemos algo ‘bonito’ que relacionamos con la naturaleza y la salud (habitualmente, cuando un organismo está sano, es simétrico). Lo contrario, el desorden, la asimetría, nos pone en alerta«, explica a Maldita Ciencia Aurora Gómez, psicóloga de de Corio Psicología.

Es cierto, en palabras de la experta, que la gente que tiene mayor deseo de perfeccionismo y necesidad de control tiende a buscar con mayor frecuencia estas situaciones agradables. Pero, ¿por qué llegamos a decir que esa gente «tiene un TOC», incluyendo esta expresión en el lenguaje coloquial? Porque ambos comparten estos rasgos: el perfeccionismo y la necesidad de control. «Sin embargo, un TOC va mucho más allá. No tiene que ver sólo con organizar las cosas. Esta es una característica que sí, está ahí, pero no es la más importante», aclara Gómez.

¿Qué es el Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC?

El Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC es un trastorno mental grave que afecta aproximadamente al 2,5% de la población. Se caracteriza por la presencia de obsesiones que pueden ir desde pensamientos o imágenes mentales hasta impulsos indeseados, que producen un intenso malestar para la persona que las sufre.

El rasgo más importante de esta patología, por lo tanto, es la respuesta concreta ante pensamientos disruptivos: aquellos que nos vienen a la cabeza de repente y sin motivo aparente, como la muerte de un ser querido.

«Cualquier persona reconocería que estos son pensamientos que no hemos elegido y que no tiene ningún control u obligación sobre ellos. No les daría importancia y los olvidaría. El problema de las personas con TOC es que creen que sí tienen cierta responsabilidad sobre estos (obsesión), lo que genera una respuesta (compulsión), a través de la que intentan hacer algo para evitar el contenido o la consecuencia de esa idea», señala Gómez. Estas compulsiones o rituales pueden ser tanto abiertas (motoras, visibles); como mentales (cuando se trata de otro pensamiento).

«El razonamiento que lleva a las personas a ejecutar esas conductas tiene una lógica coherente. Sin embargo, a través de una repetición exasperada, dicha lógica se convierte en absurda«, explica a Maldita Ciencia Marc Ruiz, psicólogo.

Tratar de ignorar o detener estas obsesiones, según la página web de la Clínica Mayo, solo aumentará la angustia y la ansiedad, así como la necesidad de realizar actos compulsivos para intentar aliviar el estrés. «A pesar de los esfuerzos para ignorar o eliminar los pensamientos o necesidades que molestan, estos vuelven una y otra vez. Esto produce un comportamiento más ritualista: el círculo vicioso del TOC», explican los expertos de la clínica.

Que seas ordenado o tengas una manía no quiere decir que tengas un TOC

Quedamos, entonces que, dependiendo de la obsesión que aparezca, la conducta de la persona que sufra este trastorno se adaptará a la situación, buscando rebajar el malestar asociado a la misma. Esto no quiere decir que porque alguien sea ordenado o limpio tenga un TOC ni que todos los pacientes con TOC diagnosticado estén obsesionados con estos temas en concreto. Como señalaba Gómez, en general, a todos nos agrada lo estético, lo bello (lo colocado, por ejemplo) [si es tu caso, te recomendamos echarle un vistazo a esta cuenta de Twitter, nos lo agradecerás].

Aunque los comportamientos más comunes típicos de este trastorno sí están relacionados con la limpieza (limpiar repetidas veces la casa un mismo día) y con el orden (se genera un malestar intenso si las cosas no están donde uno considera que deberían), estos también pueden tender a la comprobación exagerada (tener que volver incluso 10 veces a comprobar si se ha cerrado el coche) o la acumulación de objetos.

Es decir, ni todas las conductas de una persona con TOC están relacionadas con el orden ni que la organización nos agrade quiere decir que suframos un trastorno similar, ni siquiera en un grado leve. «Es importante destacar que el orden per se no constituye un trastorno. Incluso un cierto malestar ante el desorden es normal y sano», explica la psicóloga María Serra a Maldita Ciencia. «Empezamos a hablar de trastorno cuando estas conductas interfieren en la vida de la persona por su frecuencia, el malestar que le producen y el tiempo diario que emplea en ellas», añade.

«Aunque en la población general es normal tener algún pensamiento similar a los de los pacientes con TOC, en estos últimos la frecuencia y el malestar que generan conduce a un deterioro significativo del funcionalismo del paciente con grave repercusión social, familiar y laboral», explicaba en este reportaje de la Agencia Sinc María del Pino Alonso Ortega, miembro del Centro de Investigación en Red de Salud Mental (CIBERSAM) del Instituto de Salud Carlos III.

«Si, por ejemplo, una persona es meticulosa con su trabajo, detectará fallos y eso es totalmente funcional. Revisar varias veces una tarea cada vez que se ejecuta por la inseguridad de haber cometido un fallo es un problema. Comprobar y revisar compulsivamente y de manera irrefrenable el trabajo realizado ante el terror a cometer fallos podría ser algo patológico«, aclara Ruiz.

También es habitual confundir una manía con una verdadera obsesión. Porque, claro, ¿quién establece el límite de dónde acaba la una y empieza la otra? Muchos de nosotros tenemos alguna: nos mordemos las uñas; colocamos del mismo lado los billetes, de mayor a menor (o al revés); ponemos el volumen de la tele en número par, nos fastidia ver los cuadros torcidos o prometemos ponernos con nuestros quehaceres a en punto, y cuarto, y media o menos cuarto. Spoiler: probablemente no sea por culpa de un TOC. «Los pensamientos obsesivos, muy frecuentes en la población normal; como los comportamientos de limpieza, orden, comprobación, etc. no son per se patológicos», recuerda Sierra.

«En cuanto al término ‘manía’, que popularmente se entiende como ‘hábito recurrente’, la mayoría de las veces engloba conductas normales que nos ayudan a mantener una rutina aumentando así nuestra sensación de control», aclara la psicóloga y añade que lo que diferencia estos hábitos recurrentes de una conducta compulsiva es la frecuencia con que la que se realiza, el nivel de malestar que genera no llevarla a cabo y la capacidad para detenerla cuando uno/a se lo propone.

Cualquier comportamiento, si se realiza de forma compulsiva, puede ser señal de un TOC

De hecho, cualquier comportamiento que se nos pueda ocurrir puede estar relacionado con este trastorno si supone una limitación significativa en la vida diaria. Ruiz señala que solemos pensar en conductas manifiestas, acciones que los demás pueden observar, como no pisar las líneas entre las baldosas. Sin embargo, explica que también pueden ser conductas privadas: pensamientos supersticiosos, como realizar pequeños ritos compulsivamente para evitar un castigo divino, analizar todas las posibilidades hiper-racionalizando la situación hasta la extenuación, corrompiendo ese análisis y transformándolo en algo totalmente irracional, no pudiendo así tomar una decisión…

Existen diferentes tipos de compulsiones. Según Ruiz, las basadas en el miedo, como las clásicas comprobaciones del gas, ventanas cerradas, puerta del coche; o en el placer, como la tricotilomanía (el comportamiento recurrente de arrancarse cabello) o el hacerse cortes con un cúter en brazos y piernas. «Podríamos pensar que a través del corte sentimos dolor y es cierto. Pero, a través de la repetición, el dolor desaparece y puede producir un efecto sedativo placentero«, explica.

En palabras de Ruiz, existen también conductas reparatorias, como el lavarse las manos hasta dejarlas en carne viva ante la probabilidad de tener gérmenes; y preventivas, como el tener que atravesar una puerta pensando algo positivo para evitar que le pase algo malo a un ser querido. También conductas que siguen unas secuencias, ya sea basadas basadas en cantidades (como abrir y cerrar la puerta un número determinado de veces) o relacionadas con la calidad (como limpiar la casa de forma muy minuciosa).

«Todas estas conductas pueden implicar a otras personas, y todas las variables pueden estar interrelacionadas. En fin, el ser humano es muy creativo», reflexiona Ruiz. «Hasta ahora se creía que eran categorías distintas, pero se ha descubierto que esto no es así, si no que van evolucionando de unas a otras, según etapas», añade Gómez.

Por todo esto, es importante definir claramente las particularidades de cada compulsión para desarrollar una estrategia ad hoc para cada una. «En muchas ocasiones, trabajando las más invalidantes, el resto se van desmontando solas», explica Ruiz.

Escrupulosidad moral y la preocupación por no hacer daño

Una forma de TOC que involucra especialmente a personas religiosas o con obsesiones morales es la escrupulosidad, caracterizada por la preocupación por algo que hicieron o incluso solo pensaron, por la posibilidad de que esto fuese pecado u otra forma de violación moral y tiene que ver con la sensación de culpa.

Es una característica común a muchos de estos pacientes. «La mayoría de las obsesiones de la gente con TOC están relacionadas con proteger o no hacer daño a los demás. No es tanto que yo quiera organizar las cosas, que apague y encienda la luz o me obsesione con haber apagado el gas por evitar grandes facturas o por finalizar una acción, si no para no causar un problema o un daño a las personas cercanas (si causo una gotera, puede que su casa se inunde, este quede incapacitado y se ahogue por mi culpa)», explica Gómez. 

Al introducir este concepto, se ha estudiado si puede haber algún tipo de conexión con religiones como el catolicismo y el judaísmo. «Es un debate que aún sigue investigándose y que no está resuelto. Lo que pasa es que las culturas occidentales, las más relacionadas con estas religiones, tienen más tendencia a ir a psicoterapia. Es un tema algo sesgado«, aclara la psicóloga. 

El lenguaje es importante para evitar desvirtuar el significado de este y otros trastornos

Utilizar expresiones aparentemente inofensivas, en tono de broma o sin tener del todo claro qué significa en realidad el concepto que estamos usando, puede desvirtuar la concepción general de este y otros trastornos y enfermedades. Es lo que sucede cuando, coloquialmente, utilizamos término TOC para identificar las pequeñas manías irrelevantes que no entrañan ningún sufrimiento.

«Padecer un TOC es algo serio y puede llegar a ser tremendamente invalidante«, explica Ruiz. «Pero, al parecer, el concepto goza de cierto encanto entre la gente: una especie de particularidad especial como ha podido pasar con el Asperger. Esto no sólo pasa con el TOC sino que tendemos a utilizar de forma liviana otros conceptos como ‘está depre’ o ‘es bipolar’ para referirnos a que una persona cambia mucho de opinión o está enfadada y luego contenta (cosas que nada tienen que ver con la bipolaridad)», recuerda el experto.

Utilizar expresiones como estas en situaciones habituales crea un halo de desinformación general acerca del trastorno que puede poner obstáculos para tomar la decisión de pedir ayuda cuando es necesario. «Esto sería como decirle a alguien olvidadizo, que tiene Alzhéimer. No sé si desvirtúa el concepto, pero aumenta las creencias erróneas sobre lo que realmente es esa enfermedad«, señala Serra.

Por otra parte, también se llama ‘TOC’ de forma coloquial a una parte de la personalidad que «se obsesiona». «Quizás aquí no hablamos de obsesiones como las hemos descrito, si no de personas a las que les cuesta finalizar tareas, que rumian en exceso etc., pero no tiene por qué tener un TOC«, aclara la psicóloga.

Gómez hace hincapié en que «un TOC no es ordenar cositas bonitas y lápices de colores«. «Esta forma banal de hablar de un trastorno puede hacer que una persona que sí lo tenga ni siquiera lo identifique y no reciba el tratamiento adecuado«, advierte. «El problema al decir que ‘esto es locura y esto no’ o que ‘esto es TOC y esto no’ es que puede llegar a impedir que la persona que lo padece lo identifique», continúa.

https://www.youtube.com/watch?v=vnKZ4pdSU-s?feature=oembed

Primera fecha de publicación de este artículo: 23 de octubre de 2020.




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