«Estamos en la puta ruina». Por Luys Coleto@


Julio, el paradigmático y cuarteado rostro del desplome de la economía española. La lúgubre prefiguración del hambre cercana. Hace casi seis lustros, sus cuatro hermanos se asociaron para sacar adelante Agarbus S.A., la compañía que fundó su padre, Alfonso García, en Leganés.

Pymes: deshonor y ruina

Hoy, entre lágrimas, en la puta ruina. Certero. Julio posee una flota de catorce autobuses y sólo cinco permanecen activos llevando, como puede, alumnos a los colegios. El resto de buses, en el hangar. Diecisiete familias dependen de este negocio. Las cuentas no salen y los vehículos que tienen activos dan para cubrir los gastos de mala manera.

Su aparición en Tele Díaz-Abuso. Apenas podía articular palabras. En siete meses de horror, la empresa familiar demolida. Tanto esfuerzo para nada. Y, más doloroso aún, en base a una gran mentira planetaria. Tanto humillar la cerviz ante el tirano para nada. A todos los autónomos y pymes se les ofreció poder elegir entre la deshonra y la ruina. Y escogieron la deshonra pensando evitar, de esa manera, la ruina. Obviamente, lo previsible: tuvieron deshonor y, lógicamente, la ruina.

El Estado, ladrón y asesino, te mata a impuestos

Economías domésticas rotas, mentes violadas, espíritus devastados. Lo propio de las operaciones de torturas psicológicas militares: quebrarte. En este caso, a la población mundial. Y, por supuesto, el monstruoso Estado, a través de los diversos gobiernos, devastando – todavía más si es posible – el territorio (físico y mental). Todo pequeño empresario lo sabe, como el amor lopesco.

Machacados a abusivos impuestos y regulaciones con cláusulas leoninas. Impuesto de Sociedades. Impuesto de Actividades Económicas. IVA. Parte de la Seguridad Social de los trabajadores que están en el ERTE. Evidentísimo expolio del Leviatán. Además, con recochineo: con  el 80% menos de facturación.

Y el sector que nos ocupa, más. Cuotas de los préstamos de la flota, seguros obligatorios de viajeros, seguros de instalaciones, seguros de vida, más otros seguros exigidos por las siniestras y diferentes administraciones para poder empezar con la actividad laboral. ¿Y seguros por tocarte los huevos a dos manos? ¿No lo han maquinado aún? Lo dicho, puro saqueo. El Estado, siempre, asesino. Y, por supuesto, ladrón.

El Estado, asesino y ladrón, se alía con los fuertes

Cincuenta mil currelas de este sector acabarán en el paro. El sector del transporte discrecional,  reo de desaparición. Más de tres mil empresas, jaque. Casi mate. Y, no lo duden, los tiburones en perfecto estado de salud. A las líneas que tienen concesión pública – como ALSA o AVANZA – las han subvencionado con ayudas milmillonarias, practicando por ende en el mercado (demostración, otra más, de que no es nada libre) una competencia muy desleal.

Estos gigantes autobuseros se van a zampar a los enanitos en escasos tres meses. En cuanto todo cristo se largue al ineludible concurso de acreedores. Los tiburones, grandes beneficiados de la crisis. Se repartirán los despojos de las pymes. El 95% de las micropymes de autocares,  negocios familiares de gestión privada. Obviamente, todas van a desaparecer. Quiebra. El pez grande, más enorme aún.

Salir del laberinto: combatir

Ya les he dicho en más de una ocasión que uno de los objetivos de esta falsa pandemia es aniquilar a la inmensa mayoría de las pequeñas y medianas empresas. El futuro, en dos añitos, tras el reposar provisional de la plandemia, hasta el siguiente pufo, cristalino: totalitaria alianza entre el Gran Capital y el engendro estatal. La tenebrosa hidra de Lerna, en esta ocasión con dos inmensos cabezones. Y solo existe una única senda para salir del laberinto, cual Ariadna: desobedecer. E inevitable corolario: luchar. Sin parar. En fin.

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