Panteón de Hombres Ilustres (1902)

Algunos de los grandes nombres de la escena -escritores y actores- del siglo XIX están enterrados conjuntamente en el denominado Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de San Justo. No hay que confundirlo con el monumental panteón de la calle Atocha.

Realmente este es un conjunto de diez tumbas dispuestas en arco alrededor de una lápida rematada por una cruz en la que se lee:

Beatus Homo qui invenit sapientiam (cap. III, ver 13 prov) Panteón de hombres ilustres de la asociación de escritores y artistas españoles.

Hay medallones con las efigies de Larra, Rosales, Espronceda y Núñez de Arce, impulsor del proyecto. Es un conjunto bastante bien conservado, aunque al estar su frente cerrado por una cadena, es difícil leer los nombres de los allí enterrados. En cada una de las tumbas hay cabida para tres cuerpos. Figuran enterradas veintidós personalidades, la mayoría de ellas relacionadas con el teatro.

El panteón fue realizado con el apoyo de la Sociedad de Autores, Centros del Ejército y la Armada, el Círculo de Bellas Artes, la Sociedad de Autores y Compositores de Música, el Ateneo, la Unión Iberoamericana, Sociedad Central de Arquitectos y el Ayuntamiento de Madrid. El arquitecto Enrique María Repullés y Vargas fue el director de las obras. Intervinieron los escultores Querol, Marinas, Elías Martín y Miguel Ángel Trilles. En la descripción que hicieron los periódicos se cuenta que en la parte central había dos estatuas de Querol: una matrona, que llevaba el rostro casi oculto entre los pliegues de su velo y un ángel que con una lira, adornada de flores, parecía disponerse a emprender el vuelo. Actualmente no existen.

La inauguración oficial se produjo el 25 de mayo de1902 dentro del programa de festejos por la mayoría de edad del rey Alfonso XIII. Mariano José de Larra, José de Espronceda, que estaban enterrados en San Nicolás, y Eduardo Rosales, que lo estaba en San Martín, fueron los primeros exhumados para trasladados allí. Antes de la ceremonia los féretros de los tres fueron velados en la rotonda del Museo del Prado y, posteriormente, trasladados en cortejo a pie hasta la Cuesta de la Vega. Desde allí fueron llevados en coches hasta San Justo.

No sabemos qué criterios provocaron que en las décadas siguientes fueran trasladados hasta aquí los restos de los demás ilustres sepultados. Ciñéndonos a los pertenecientes al mundo teatral, Gaspar Núñez de Arce, promotor del monumento, falleció un año después de su inauguración, el 3 de junio de 1903, y fue el cuarto ocupante.

Juntos reposan, desde el 20 de julio de 1907, Antonio Vico y Rafael Calvo, una pareja teatral legendaria en la escena a la que separó la muerte. Sus admiradores volvieron a reunirlos. También en la misma tumba está Ricardo Calvo, hijo de Rafael, fallecido en 1966. Ambos actores tienen continuidad en la escena española con Antonio Vico y Fernando Marín.

El actor Carlos Latorre, creador en escena de Don Juan Tenorio y uno de los que más luchó por dignificar la profesión de actor, tiene tumba independiente desde 1911. Ese mismo año se inhumó al dramaturgo Manuel Bretón de los Herreros. Pasarían algunos años hasta que en junio de 1926 se trasladó al actor Joaquín Arjona ya que el cementerio donde estaba enterrado iba a desaparecer. Ya en julio de 1934 se trasladando los restos de otros ilustres actores: Jerónima Llorente, Fernando Ossorio y Antonio Guzmán, que reposaban en el cementerio de San Sebastián. Jerónima y la escritora Blanca de los Ríos (1862-1956) son las únicas mujeres enterradas en el panteón.

El poeta y dramaturgo Eduardo Marquina, que murió en Nueva York el 21 de noviembre de 1946, fue trasladado un mes más tarde al panteón.

Dos glorias del romanticismo, Juan Eugenio Hartzenbusch y Antonio García Gutiérrez completan la relación de gentes del teatro enterradas aquí. El primero había muerto el 2 de agosto de 1880 y sus restos trasladados al panteón en diciembre de 1952. Veintidós años más tarde, en diciembre de 1974 tuvo reposo definitivo el autor de El trovador, muerto el 6 de agosto de 1884 y enterrado hasta entonces en el cementerio sacramental de San Lorenzo.

Si se estudiara conjuntamente este grupo de artistas enterrado en la sacramental de San Justo, se podría tener una radiografía bastante fiel de lo que fue el teatro en España, en Madrid sobre todo, durante el siglo XIX y la primera mitad del XX.

Panteón de Hombres Ilustres

Sacramental de San Justo

Patio de Santa Gertrudis, sección 4




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