Mariano Fernández, (actor, 1814-1890) | Madridiario

Junto al monumental mausoleo de Julián Romea y Matilde Diez, en el cementerio de San José y San Lorenzo, se localiza otra sepultura mucho más sencilla. Consta de una lápida y un pedestal coronado por un ángel. Éste aparece sentado sobre voluminosos libros. En los laterales figuran los títulos de algunas de las grandes creaciones de la persona enterrada ahí. En el pedestal se lee: Mariano Fernández. 1890. Tus hermanos.

Un nombre corriente que pasa inadvertido pero es la última morada de uno de los actores más populares en Madrid en el siglo XIX. Seguramente la proximidad final con Romea fuera circunstancial, aunque totalmente oportuna. Ambos fueron compañeros de estudios en el recién fundado Real Conservatorio de María Cristina. Y los dos fueron figuras en los teatros madrileños, sobre todo en el del Príncipe.

Mariano nació en la madrileña calle de la Torrecilla del Leal el 9 de abril de 1814. Aunque de niño mostró especial habilidad para el dibujo, el teatro acabó siendo su auténtica vocación. Su domicilio estaba muy próximo al corral de la Cruz del que su tío, conocido como Espinosa, era conserje. Así que podía entrar frecuentemente a ver las comedias. Decidido a formarse ingresó en el citado Real Conservatorio, recibiendo clases de José García Luna. El maestro, al ver sus cualidades y la de su compañero Romea, los contrató para la compañía del Príncipe con un sueldo de 20 reales diarios. Mariano debutó allí en 1834 con un pequeño papel en La mojigata, de Fernández de Moratín. Se cuenta que habiendo viajado a Cádiz para trabajar, la compañía que lo había contratado se quedó abandonada, sin recursos para volver a Madrid. El joven Mariano se vistió con las ropas de arriero de Las tramas de Garulla, se apoderó de un carruaje del correo y lo condujo hasta Madrid.

Su carrera comenzó realmente en 1840 cuando Julián Romea, su antiguo compañero, lo volvió a contratar para el Príncipe. Durante los siguientes cincuenta años ya no dejó de trabajar, tanto en ese teatro como en el del Circo. Sus personajes más populares eran los de las comedias de magia La redoma encantada y La pata de la cabra.

Mariano Fernández fue en las compañías lo que se denominaba ‘gracioso’. En ese siglo estaban el primer actor, el galán, la primera dama, la dama joven, el barba (especializado en viejos), la característica, el gracioso y las segundas y terceras partes. También destacó en personajes andaluces.

Él dio la primera oportunidad al legendario Rafael Calvo al contratarlo para una compañía que montó en Santander.

Mariano Fernández no es que muriera en el escenario, pero casi. Tres meses antes había estrenado en el Español El mundo comedia es o el baile de Luis Alonso. Y la última función que representó, en el mismo escenario y tres días antes de su muerte, fue La pata de la cabra, en su personaje característico de Simplicio Bobadilla. Haría, como casi siempre, una amplia exhibición de chalecos y sombreros ya que era sabido que tenía una gran colección de ellos y que los sacaba en sus actuaciones.

Hoy nadie recuerda al gracioso Mariano Fernández pero su sepulcro, al menos, está medianamente bien conservado.




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