Emilio Mario (actor, 1838-1899) | Madridiario

Actor y director, Emilio Mario se llamaba realmente Emilio López Chaves. Nació el 30 de enero de 1838 en Granada. Fue el comediógrafo Luis de Eguílaz, que lo protegió en sus comienzos, el que le sugirió que se hiciera llamar Emilio Mario en el teatro. Y así quedó para la historia. Lo vio por primera vez en el teatro del Instituto, en una función de aficionados, y fue uno de los artífices de su paso a la escena profesional.

La suya es una de las tumbas destacadas del cementerio sacramental de Santa María y de las que están catalogadas como bien artístico. Se desconocen su arquitecto y escultor. Sobre el túmulo se levanta una gran cruz. Apoyada en ella se muestra una mujer en actitud doliente. No se le ve la cara. Le falta un brazo que, seguramente, reposaba sobre la lápida. Al pie de la cruz se apoya también una lápida más pequeña en la que se lee, bajo una corona de laurel: Emilio Mario, 9 agosto 1899. Su esposa Emilia Fenoquio. 28 noviembre 1908. Su hijo Emilio. El conjunto está ennegrecido por el paso del tiempo pero sigue manteniendo parte de su hermosura original.

Emilio Mario es recordado en la historia del teatro español por sus cualidades como actor y por ser uno de los primeros que propició el rigor en la puesta en escena de las comedias. Para muchos estudiosos puede ser considerado como el primer director de escena de nuestro teatro.

La familia del actor se había trasladado a Madrid cuando este contaba con dos años. Siguiendo los consejos de su padre, comenzó a estudiar notarías e ingresó en el Colegio de Caballería de Madrid. Siendo sargento de carabineros, decidió entrar en Real Conservatorio, donde se formó con García Luna -quien le aconsejó que desistiera de ser actor- y Fernando Ossorio. Este último lo contrató en 1856 para la compañía del Español. Cuatro años más tarde se puso a la órdenes de Julián Romea. Si primero destacó como gracioso, poco a poco fue incorporando los grandes personajes masculinos y convirtiéndose en uno de los intérpretes favoritos de la burguesía.

Tras una estancia de casi cinco años en La Habana regresó a España para afrontar un gran reto en su carrera. Al aproximarse, en 1875, la apertura del teatro de La Comedia, que su propietario, Silverio Larrainzar, quería dedicarlo al género chico, y le encargo a Mario la formación de la primera compañía. Este reclutó a los mejores actores del momento encabezados por Balbina Valverde, Ricardo Zamacois, Enrique Sánchez de León y el propio Mario como primer actor. Convirtió este teatro en uno de los más importantes de la Capital por el repertorio que programó y por los actores que trabajaron a sus órdenes en los años siguientes. Gracias a su tesón consiguió estrenar allí, en 1895, el drama rural Juan José, de Joaquín Dicenta. Los detractores decían que aquel teatro de alpargata no gustaría al refinado público de La Comedia. Pero fue un grandioso triunfo y abrió la puerta a otro tipo de teatro de raíces populares.

Diez años después de inaugurar este teatro también sería el encargado de levantar por primera vez el telón del nuevo teatro de la Princesa (María Guerrero).

En 1893 don Emilio fue nombrado profesor honorario de la Escuela de Música y Declamación. El año anterior a su desaparición había hecho temporada en el Español y la dos últimas obras que interpretó fueron El sí de las niñas y Muérete y verás.

La noche del 8 de agosto de 1899 unos sorprendidos madrileños atendieron en la calle de Fuencarral a un señor maduro que se encontraba en el suelo. Era Emilio Mario quien, según el médico, había sufrido una hemorragia en el pulmón derecho. Falleció unas horas después en su domicilio del Paseo de la Habana. En ese momento era también el presidente de la cofradía de Nuestra Señora de la Novena, la de los cómicos españoles. Su esposa, doña Emilia, le sobrevivió nueve años.

De él escribió Jacinto Benavente (ABC, 8-8-1949):

Don Emilio Mario bien merece un recuerdo y un lugar preferente en la historia del teatro español durante la segunda mitad del siglo XIX. El teatro fue su vida entera, y yo creo que lo mismo que don Julián Romea, sin duda se preguntó muchas veces: ¿Qué harán por las noches los que no hacen comedias?

Emilio Mario López Fenoquio, hijo del actor, falleció en Leganés el 22 de agosto de 1911 a los cuarenta y tres años. A la sombra del padre logró estrenar algunas comedias como autor: Militares y paisanos, El director general, Tocino del cielo o El revisor, que se presentó en el Eslava poco antes de morir.

Emilio Mario

Sacramental de Santa María

Patio de la Concepción




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