Adiós a Trump, ¿adiós a las ‘fake news’?

El papa Francisco sostiene que la primera fake news de la historia la pronunció la serpiente para convencer a Eva de que se comiese la manzana. Para mí, sería que una serpiente hable. Sea cual fuere, las noticias falsas existían antes de Trump y seguirán existiendo después de él. Si al aún presidente norteamericano no le podemos atribuir la invención de las fake news, sí podemos reconocer que como legado nos deja su uso como arma política e ideológica capaz de convertir en falsa toda información contraria a sus intereses y presentar cualquier mentira como un relato pseudofactual con poder para viralizarse e imponerse como únicamente verdadero en muchos de nosotros. En el caso de Trump, sus mentiras son aceptadas como verdad por más de 70 millones de norteamericanos. Casi nada.

En los cuatro años que ha durado su presidencia, su política de fake news se ha expandido por todo el mundo. En 2017, un estudio de Oxford detectó 28 países en el mundo con campañas de desinformación activas en redes sociales. En 2018 la cifra aumentó a 48 y en 2019 a 70. Son gobiernos que usan las fake news para suprimir los derechos humanos fundamentales, desacreditar a los opositores políticos y ahogar las opiniones disidentes. “La manipulación de la opinión pública en las redes sociales se ha convertido en una amenaza crítica para la vida pública”, advierte el informe del Instituto Oxford. El legado de Trump es más que evidente. Ahora bien, las fake news no solo existen en la arena política. También son muy activas y presentes a la hora de introducir y alimentar ciertas visiones del mundo y, en consecuencia, determinar nuestro comportamiento y nuestra toma de decisiones.  

Una ‘fake new’ no es una noticia con la que no estamos de acuerdo sino una mentira de tomo y lomo aunque diga lo que pensamos

¿Qué ocurrirá cuando la mejor solución a la pandemia de la Covid-19 pase por una vacuna y nos topemos con que una o dos o tres de cada diez personas se nieguen a administrársela porque han decidido creer en fake news? Durante la pandemia, más de un millar de personas han muerto por culpa de noticias falsas relacionadas con supuestos remedios contra el coronavirus. Las fake news juegan con nuestra salud, nuestro corazón y nuestra mente para condicionarnos nuestra visión del mundo y nuestra capacidad de entendimiento para con los demás. A través de las noticias falsas se están librando en el mundo una serie de batallas hegemónicas acerca de cómo debemos organizarnos políticamente, cómo debemos convivir unos con otros y cómo debemos afrontar los grandes retos que tenemos como humanos. En este frente de guerra se discute y se decide si es mejor ser gobernados por una democracia liberal o por una gobernanza más autoritaria, si es mejor abrir o cerrar fronteras a la migración, si es mejor admitir o ignorar riesgos potenciales para nuestra supervivencia, como el cambio climático o pandemias sanitarias, si es mejor confiar nuestra salud a la medicina oficial o dejarla en manos de tratamientos alternativos, si es mejor una religión u otra, o si es mejor vacunarse o no ante un nuevo virus. 

Trump se irá, pero las fake news se quedarán y seguirán jugando a usar los grandes temas de conversación social y nuestras mayores preocupaciones como humanidad, sociedad e individuos para situarnos en una guerra ideológica que determinará qué relatos deben dominar el mundo en las próximas décadas. Y, como en toda guerra, quien gane logrará imponer su visión de la vida, la sociedad y el mundo. Las fake news seguirán existiendo después de Trump y no cesarán en su intento de dominarnos mentalmente a través de noticias emocionales que lejos de contarnos la verdad de los hechos, nos ofrecerán lo que el trumpismo bautizó como “hechos alternativos”, es decir, mentiras interesadas disfrazadas de información que buscan crear una nueva realidad falsa destinada a satisfacer nuestros deseos. Pero una fake new no es una noticia con la que no estamos de acuerdo sino una mentira de tomo y lomo aunque diga lo que pensamos. Y no tener esto en cuenta nos jode la vida porque si bien las noticias son falsas, sus consecuencias son reales.

Se va Trump y con él se va un presidente que pronunció quince fake news diarias, pero el vaticinio lanzado en 2018 por la consultora Gartner sigue vigente: en 2022, la mitad de las noticias que leeremos serán fake news. Ojalá este escenario no sea real nunca y, ahora que se va Trump, ojalá todas las noticias puedan volver a estar totalmente basadas en hechos reales. 


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