Lucrecia, hermana, nosotros no olvidamos

Empezamos poniendo algunas pancartas en su recuerdo en las fiestas del barrio, en la caseta del colectivo 1984. La policía municipal nos las hacía retirar, pero casi siempre volvían a ponerse, hasta que se hicieron normalidad.

Después hubo un campeonato de fútbol antirracista en su memoria en el que participaban muchos chavales que normalmente no acudían a las convocatorias políticas. Y un pasacalles el primer día de las fiestas en el que siempre le decíamos que no la olvidábamos.

Después se pintó un mural en la plaza más céntrica. Era posible porque Manuela era alcaldesa y tuvimos el permiso, pero también porque ese permiso lo llevábamos ganando durante años en la calle, a veces con multas o con presiones, pero perseverando siempre.

Los nazis alguna vez ensuciaron el mural, pero se aguantó y se rehizo cada vez. Después, en esa plaza y frente a ese mural comenzamos a concentrarnos cada 13 de noviembre, el día que la asesinaron. No éramos más que unas decenas, leíamos algún comunicado o carta. Esa cita se ha ido consolidando y ayer éramos bastantes más.

Lucrecia Pérez era una trabajadora dominicana que fue asesinada en Aravaca el 13 de noviembre de 1992 por un guardia civil, militante ultraderechista, que entró con otros fascistas en la discoteca abandonada donde dormían Lucrecia y otros dominicanos y le disparó varias veces por ser migrante, pobre y negra.

Hay quien se enfada porque la recordemos. Ayer, hablando de ello, me di cuenta de que cuando la mataron yo tenía 9 años y al principio no entendí a qué venía tanto revuelo. Pero recuerdo perfectamente mi espanto de niño cuando me explicaron lo que había pasado y por qué la habían matado: había escoria que se dedicaba a salir por la noche a aterrorizar a trabajadores pobres por su piel o por su forma de hablar. Pero a Lucrecia no la recordamos por un dolor privado, sino por un dolor público: en torno a ella construimos comunidad,
hacemos barrio y generamos los lazos sociales para que algo así no vuelva a pasar. En su nombre homenajeamos a todos los asesinados por el fascismo y el racismo (Sonia, Guillem, Richard, Carlos…) y educamos para no dejarle ni un centímetro ni un respiro a las ideas del odio mezquino contra los más vulnerables.

Ayer homenajeamos a Lucrecia en Aravaca. Como desde que éramos chavales, solo que siendo más. Eso es militancia. Las opiniones son fáciles, pero se las lleva el viento; militancia es organizar las ideas para que echen raíces en el territorio y venzan al paso del tiempo. Y vale la pena.

Lucrecia, hermana, nosotros no olvidamos.


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