El mercenario | El HuffPost

En Estados Unidos los jefes de campaña son profesionales que trabajan para los republicanos o los demócratas sin necesidad de adscripción ideológica. Ayudan a ganar a un republicano y a continuación diseñan la estrategia de un demócrata. Forma parte de la tradición de la democracia norteamericana. Resulta improbable que hagan equipo con su cliente en la correspondiente administración; a continuación se quedarían sin trabajo. 

En la tradición española los jefes de campaña son los hombres y mujeres de confianza de los líderes, pertenecientes a los aparatos y direcciones de los distintos partidos, con raigambre y recorrido en las organizaciones. Una tradición sólida en una nación de nuestra antigüedad y complejidad. Un hábito imprescindible, pues el jefe de campaña conoce al dedillo los recovecos de su partido, y se arroga con razón una certeza ética, la de intentar ganar desde los postulados ideológicos que le han conformado como persona. En los socialistas uno de los principales es que nadie es más que nadie. A mi entender, son iguales un autista que un accionista mayoritario de una mega empresa. Cada uno tiene un mundo mental, ambos respetables.

La cuestión viró, se malbarató y desechó la tradición con el mercenario D. Iván Redondo, primero jefe de campaña y luego jefe de gabinete del presidente. Mercenario se adecúa a la perfección a su recorrido. Ha trabajado con el popular Albiol, de jefe de campaña, consiguiéndole de chiripa el Ayuntamiento de Badalona; con el Sr. Monago, del PP, de director de gabinete de la Presidencia en Extremadura; y asesorando a Antonio Basagoiti, del PP de Euskadi. 

Carece de convicciones con las que construir una España mejor. Sin convicciones ni se debe ni se puede aconsejar a un presidente del Gobierno

El Sr. Redondo, hasta el presente, siempre cobró de nuestro principal adversario, el PP. El Sr. Redondo se vende al mejor postor; significa que carece de convicciones con las que construir una España mejor. Sin convicciones ni se debe ni se puede aconsejar a un presidente del Gobierno.

Suele fallar. La última metedura de pata no se comete ni en el parvulario de la educación política. El PP, costumbre, se equivocó a sabiendas –ya lo ha remediado cuadrándose ante Bruselas–, cuando no quiso negociar los nombramientos del CGPJ. Alegaba que no se sentaría en la misma mesa que UP. El campo de fútbol embarrado y la falta de perspectiva democrática del PP se demostró una vez más. Aunque no me guste el Sr. Iglesias, el partido que dirige está conjuntado con el nuestro en el Gobierno. El PP, con la negativa, abjuró de una de las esencias de la democracia multipartidista: no gobierna por necesidad el que más votos saque, gobierna la coalición mayoritaria.

Entonces salta a la cancha el Sr. Iglesias, y forzando a mi secretario general, le insta a tramitar una ley por la que el Gobierno, sin negociación con el partido de la oposición, puede elegir a los componentes del CGPJ. Por enésima vez el Sr. Iglesias da fe de ser un reaccionario de izquierdas, que por el bien de la izquierda española debería recluirse en alguna isla bonita. Creo que la de Elba está libre. Mi secretario general podría decidir llamarle al orden y ponerle en su sitio, el del socio de Gobierno minoritario.

La UE europea jamás hubiera permitido que un país se cargara, desde una política de extrema izquierda, la separación de poderes

Sánchez, lógica y obligación, consulta al mercenario D. Iván Redondo, su mano derecha en la administración del Gobierno, que no en el Gobierno. Al mencionado, al que se le ha concedido patente de corso, la operación se le antoja redonda y maquina en esa dirección, en contra de destacadas ministras, gentes con años y rodaje en mi partido. Pero Redondo no cae en lo elemental, lo que cualquiera con dos dedos de frente hubiera imaginado, la contestación de la UE. En nuestro viejo continente hay dos gobiernos de derecha ultramontana, Hungría y Polonia, con los problemas que causa a las reivindicaciones europeas de libertad/igualdad/solidaridad. La UE europea jamás hubiera permitido que un país se cargara, desde una política de extrema izquierda, la separación de poderes. Teniendo la UE el frente de la ultraderecha no aceptaría otro frente de la extrema izquierda. Echarle el órdago a España también fue un aviso para navegantes de demás naciones. La negativa de la UE, que es de cajón, ni la reflexionó el Sr. Redondo. Su ineficacia, de nuevo, su falta de cálculo, es un hecho.

Ahora, comentan los medios, entiendo que contrastando la información, el Sr. Redondo busca colocar en la Ejecutiva de nuestro próximo congreso a una persona de su confianza. Sr. Redondo, tenga algo de cabeza y un poco de prudencia. Mis compañeros del PSOE, en nuestra larga historia, jamás han permitido que un elemento ajeno a nuestra organización pretenda controlar nuestra Ejecutiva. En caso de permitirlo mi secretario general, lo que dudo mucho, mis compañeros echarán al pilón al mercenario.


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