El desenlace de Rosario Porto esfuma la posibilidad de saber por qué mataron a Asunta

El hallazgo del cuerpo sin vida de Rosario Porto en la cárcel de Brieva, en Ávila, donde cumplía condena por matar a su hija adoptiva Asunta Basterra, supone el desenlace para esta abogada compostelana, que llevaba siete años en prisión por un crimen que nunca reconoció, pero no para el caso.

El desenlace de Porto se produce sin que ella nunca llegase a admitir su participación, ni la de su exmarido, Alfonso Basterra, en el asesinato de la menor que fue encontrada muerta en una pista forestal próxima a una casa propiedad de la mujer y que, precisamente, el pasado mes de octubre se incendió causando importantes daños.

Ese inmueble, ahora quemado, fue en el que, según el jurado, los padres de la pequeña perpetraron el asesinato mediante una asfixia mecánica para luego trasladarla a una pista escondida a poco más de un kilómetro. Allí apareció el cuerpo, cercano a unas cuerdas de color naranja muy similares a las que también se hallaron en el chalet.

A la aparición del cuerpo el 21 de septiembre de 2013 le siguieron unos frenéticos meses de incógnitas sobre la desaparición de la niña de origen asiático aunque, desde el principio, la investigación se centró en los padres adoptivos que fueron detenidos dos y tres días después del suceso.

Las incongruencias testificales de Rosario Porto y Alfonso Basterra, y sus teorías imposibles de probar, desencadenaron muy pronto las sospechas, lo que provocó sus detenciones por homicidio, una calificación que posteriormente se elevó.

La instrucción seguida desde el juzgado compostelano pasó por diferentes fases ya que en un primer momento, Rosario Porto se negó a colaborar en las diligencias y, luego, expuso hasta tres versiones diferentes sobre los pasos que ella y su niña habían dado en la jornada de los hechos.

Durante la vista oral del caso en los juzgados compostelanos, que se celebró bajo un importante foco mediático a finales del año 2015, la versión de los padres siempre fue la misma. Ambos se declararon no culpables e insistieron en que Asunta era lo que más querían en el mundo.

Sin embargo, las declaraciones de los condenados no convencieron ni al juez ni al jurado popular que, por unanimidad, los declaró culpables de la muerte violenta de la pequeña después de que los análisis toxicológicos determinaran que Asunta había sido sedada con benzodiacepinas desde varios meses antes de su muerte.

Según los forenses, el día de su fallecimiento, jornada en la que la pequeña había comido con ambos padres, Asunta habría ingerido al menos 27 pastillas de Orfidal.

Los padres justificaron las significativas concentraciones de este tranquilizante a la medicación para tratar una supuesta condición de alérgica, patología que la pediatra que atendía a Asunta negó.

Las concentraciones más altas en la víctima se encontraron al inicio del verano, cuando dos profesoras de Asunta se percataron de sus estados de somnolencia, y en la jornada en la que falleció -el día 21-, con el registro más llamativo, puesto que ahí la dosis es letal.

Días antes del crimen, la niña faltó al colegio y a sus clases de ballet, a las que en ocasiones acudía mareada, una situación que nadie entendió como de riesgo y que solamente después de la muerte de la pequeña cobró relevancia.

Un crimen sin explicación que, ahora, tras el supuesto suicidio de la madre, Rosario Porto, pierde a una de las personas que podría arrojar luz.

El padre, Alfonso Basterra, también condenado, continúa en el penal coruñés de Teixeiro y este mismo año pidió un permiso para salir de prisión después de cumplir una cuarta parte de la condena impuesta, pero Instituciones Penitenciarias se lo denegó.

Ahora, se ha acordado aplicarle a él también el protocolo antisuicidios, tras comunicarle la muerte de Porto y constatar los funcionarios su reacción, ya que ha quedado “muy impresionado” por la noticia, según han indicado fuentes penitenciarias. 


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