‘First Cow’ o el wéstern lírico según Kelly Reichardt

Imagen de ‘First Cow’ Dos hombres. Oscuridad. Sensaciones, pensamientos y actividades incesantes. Una vaca. A primera vista, esta explicación no parece condensar una película, ni tan siquiera define una estampa, sin embargo, es la columna

Dos hombres. Oscuridad. Sensaciones, pensamientos y actividades incesantes. Una vaca. A primera vista, esta explicación no parece condensar una película, ni tan siquiera define una estampa, sin embargo, es la columna que vertebra una de las mejores propuestas de este año, First Cow, la nueva cinta de la directora Kelly Reichardt. First Cow se ha alzado con el Premio a Mejor Película en la sección Albar (directores ya consagrados) en la 58ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, lo cual ofrece una ocasión única para analizar la figura de su creadora.

Kelly Reichardt no es una cineasta al uso. A pesar de ser apreciada en los circuitos indie norteamericanos, el cine de esta curtida directora no alcanza una dimensión mainstream desde ningún punto de vista o, quizá, solo desde uno, el de la calidad. 

Cuando todavía era estudiante, conoció el trabajo de directores como Satayajit Ray, Rainer Werner Fassbinder, Alfred Hitchcock o Anthony Mann y se quedó fuertemente conmovida. Supo por aquel entonces que su cine, el suyo propio, sería completamente diferente. Títulos como Wendy and Lucy, la aclamada Old Joy, Night Moves y Certain Women: Vidas de mujer dan cuenta de ello.

Hace más de veinte años que su filmografía se estrena en salas y que grandes nombres se suman a sus repartos, de hecho, es una imprescindible en Sundance y Berlín e incluso ha merecido una retrospectiva en el MOMA de Nueva York; con todo, esta directora en apariencia tímida y de discurso pausado no ha llegado al público general, pese a que sabe captar la esencia de las relaciones humanas y consigue expresarlas a través de las imágenes. Con sus claroscuros, con sus silencios, con toda su cotidianeidad. 

En esta ocasión, la historia nos traslada al Oregón de 1820. Allí, un cocinero apodado ‘Cookie’ (John Magaro) y un inmigrante chino llamado King Lu (Orion Lee) se conocen en unas tierras apenas exploradas por los colonos. Cuando Cookie conoce a King Lu, este le motiva para dedicarse a la repostería. Uno y otro se unen para dar un nuevo rumbo a su vida. En su pequeña cabaña, ambos crearán un lucrativo negocio con una única arista: necesitan la leche de la única vaca de la zona, propiedad del cacique local (Toby Jones). Cuando este descubra el talento de Cookie y le pida que entre en su casa para preparar los postres en una de sus fiestas, el riesgo y la tensión no harán sino comenzar.

A pesar de que el siglo XIX es una etapa compleja, en ella Reichardt se mueve con total comodidad. De hecho, uno de los proyectos en los que estaba involucrada, que la condujo a Eslovaquia y que finalmente no se llevó a cabo, le acercó a la realidad de este período de manera muy profunda. Fue entonces cuando la idea de adaptar la novela de Jonathan Raymond, The Half Life, tomó forma y se inició First Cow.

Existe en esta cinta una plétora de elementos clave que remiten al universo de Reichardt, detalles que no pueden pasarse por alto y que, de inmediato, nos resultan significativos. El primero es, sin ninguna duda, la composición de cada plano, seguido de su exquisito tratamiento de la iluminación. Como mujer cultivada y eminentemente visual, los planos de Reichardt adquieren naturaleza de auténticos lienzos. Personajes a contraluz, composiciones complejas, detallismo minimalista o espacios con doble encuadre se unen a la escasa iluminación para conformar las distintas vistas, gracias también a la excelente dirección fotográfica de Chris Blauvelt. Para realizar First Cow la directora trabajó profusamente la imagen para remitir a Frederic Remington, artista francés de quien extrajo la esencia del tono y el color de los años veinte del siglo XIX, un momento histórico del que no existe archivo fotográfico y que debió componer gracias a un ingente trabajo bibliográfico.

Otro de los elementos esenciales de su cine es la amistad y el modo en que se relacionan los intérpretes. Su actividad nunca cesa. No realizan grandes labores, pero se aseguran el día a día mediante acciones concretas e ininterrumpidas: recogen leña, la secan, cazan, pescan, barren, cocinan. No existe la quietud, siempre se encuentran enfrascados en alguna tarea, aunque no sea extraordinariamente física. Son héroes mundanos que trabajan para sobrevivir envueltos en su rutina, y cuya amistad les hace salir adelante.

Los animales son otro punto crucial para reconocer a Reichard. No importa que se trate de un perro, un búho que debe descender del árbol y que obliga a todo el equipo a esperar nueve minutos en silencio o de una vaca aristocrática. Los animales son un punto de referencia inigualable para distinguir una película de la directora.

Y, cómo no, el estudio concienzudo de los ambientes, las personas y las características de la vida de sus personajes. Para esta cinta, parte del equipo tuvo que aprender la jerga chinook para dar mayor realismo al relato, a pesar de que es una lengua extinta y que apenas la habla un reducido número de personas.

Por todo ello, conocer tanto First Cow como la completa filmografía de Kelly Reichardt es algo imprescindible para cualquier aficionado al cine. Que Reichard siga siendo una desconocida para el común de los espectadores es algo que no se debería tolerar.




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