El misterioso caso de las infecciones contenidas de Covid en África

Brian Inganga / ASSOCIATED PRESSUnos niños corren frente a un mural que alerta de los peligros del coronavirus, el pasado junio, en el vecindario de Kibera, en Nairobi (Kenia). Cuando el planeta se dio cuenta

Cuando el planeta se dio cuenta de la gravedad del SARS-CoV-2, empezó a ver a África con una tremenda angustia: ¿qué va a pasar si llega al continente, tan inmenso, tan poblado, con tantas carencias arrastradas? Las primeras proyecciones eran terroríficas, ONU preveía en abril que hasta 300.000 personas podían fallecer en sus 55 países, gracias a las altas concentraciones urbanas, la falta de sistemas sanitarios fuertes o los inconvenientes de higiene. Y, sin embargo, el día de hoy se charla de “secreto”, de “milagro”, de “contagios silenciosos”, porque afortunadamente no se ha producido la explosión augurada. 

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de esta semana, las situaciones están repuntando, como sucede en Europa o bien América, y son ahora 2,4 millones los contagiados en todo el territorio africano, con medias de 10.000 a 10.600 afectados nuevos cada día. Las muertes socias al Covid-19 rondan las 57.00, con 300 cotidianas en las últimas jornadas. Los fallecidos -sin restar importancia a la cifra, que cada vida cuenta- no suponen más que el 3,5% del total del planeta, en el momento en que la población de África supone casi el 18% del mundo.

Hay ahora dos millones de personas que han sanado, tras contagiarse, desde el instante en que se advirtió el primer caso, el 14 de febrero, en Egipto. Por países, Sudáfrica (23.500 fallecidos), Egipto (7.000) y Marruecos (6.700) son los más afectados. “Hay una brecha asombrosa entre lo que preveíamos y lo que pasa”, ha reconocido la OMS en sus comunicados.

Los científicos aún se están preguntando el porqué de esos datos. Hay hipótesis, suposiciones, pero no hay aún estudios que den una respuesta firme. “Nos queda aún para saberlo, puede haber causas más complejas y hondas, pero en principio hay una secuencia de factores que suman”, enseña el doctor colombiano Salvador González, que ha trabajado para el departamento de cooperación del Gobierno noruego y el Comité En todo el mundo de la Cruz Roja en el África Subsahariana. 

La demografía es, “sin lugar a dudas”, el primero de esos componentes. “Media población del conjunto de naciones tiene menos de 18 años y apenas hay un 4% con más de 60 años, que es siete ocasiones menos que en el continente americano o bien en el europeo. Ahora entendemos que la incidencia entre los pequeños es sensiblemente menor y, cuando enferman, el daño es igualmente más leve. Los individuos de avanzada edad son los más afectados, y sencillamente en África hay menos, eso son menos ciudadanos con diabetes, con inconvenientes de tensión o cardiopatías crónicas”, explica. 

Por ese motivo y por la escasez de recursos, hay pocas residencias de jubilados, que en el planeta más desarrollado fueron focos de contagio y, desgraciadamente, de muerte. Sólo en España, fueron 24.426 la gente fallecidas en asilos en apenas nueve meses. 

Media población del conjunto de naciones tiene menos de 18 años y apenas hay un 4% con más de 60 años, que es siete veces menos que en el conjunto de naciones americano o en el europeo

El segundo gran motivo que descubre González es la “amplia” vivencia previa ante otras pandemias como la malaria, el ébola, el sarampión o bien el VIH. “Los Gobiernos están acostumbrados a encender gadgets ante estas multitud y la población está concienciada de la necesidad de cumplir con los consejos que se dan. Hay tácticas de prevención y trabajo comunitario que funcionan, y una capacidad organizativa destacable pese y precisamente por causa de la escasez de elementos”, apunta. 

Y el tercero, protege contundentemente, es que “se han hecho bien las cosas”. “Siempre el sambenito de África como lastrada… No. Como las situaciones crecían en Asia y en Europa, las gestiones han optado por cerrar fronteras, de espacios aéreos y líneas de tren, y confinar incluso con muy pocos casos registrados. Fueron rápidos al apostar por medidas espinosas en Occidente, como los toques de queda o las restricciones de movilidad, y eso ha surtido efecto”, defiende. 

Eso ha hecho que la red sanitaria del continente, que fuerte no es, haya aguantado razonablemente. Un territorio donde hay cinco camas por cada millón de personas (son 4.000 en Europa) y que solo tiene 2.000 respiradores, o sea, una decena por país más o menos, según datos de la OMS. “Fragilidad hay siempre, carencias de material hay siempre, mas no ha existido colapso”, recalca el doctor. 

Sumadas a estas tres causas fundamentales, González suma numerosas más, como la lógica de que el virus llegó después a África y hubo más tiempo para encajarlo o el hecho de que las interconexiones y comunicaciones entre estados no sea tan fluida como en el hemisferio norte. 

Otros factores “plausibles”

Kevin Marsh y Moses Alobo, que encabezan el equipo Covid-19 de la Academia Africana de Ciencias, han anunciado un artículo en The Conversation el que matizan que la transmisión está siendo alta, que no se debe relativizar las cantidades, pero que es verdad que las situaciones no revisten ni la gravedad ni el grado de letalidad que en otros países. Aceptan que, en parte, asimismo puede deberse a una falta de identificación y de registro de las muertes, que se carece de datos fiables -no es de extrañar, dicen, que haya más casos en países donde se hacen más pruebas y controles-, mas añaden que hay otros factores “plausibles” más curiosos. 

A saber: enfatizan que las diferencias climáticas, dado que lleve a cabo más calor, pudo afectar al virus; que puede haber una inmunidad preexistente en la población gracias a los otros virus sufridos y peleados por la comunidad; que las cepas que han llegado a África, más tardías, tengan hábitos distintas o cargas virales más bajas e, inclusive, que haya causantes genéticos. “Asimismo pueden ser relevantes. Un haplotipo (conjunto de genes) recientemente descrito, asociado a un mayor riesgo de gravedad y presente en el 30% de los genomas del sur de Asia y en el 8% de los de europa, está ausente en África”, afirman.

Los especialistas reconocen que los números empiezan a ser más preocupantes. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC) está advirtiendo un aumento del 20 al 32% diario en contagios, un ritmo que no se prosigue en las pruebas que se realizan: hasta ahora, se contabilizan más de 19 millones de test en una red social de 1.300 miles de individuos. Son “muchos” los asintomáticos, lamentan, que no son tratados. 

Lo que menos se ve

El Covid en África está ocasionando asimismo daños indirectos. Desde la economía, que se resiente y llueve sobre mojado, a la sanidad básica, donde se complica la atención de otras patologías. El Grupo de Cooperación En todo el mundo de la Asociación Española de Pediatría ha alertado en la gaceta Anales de Pediatría de que “debemos considerar los muy importantes probables efectos indirectos que la pandemia tiene en aquellas patologías endémicas y que son ya causa recurrente de morbimortalidad”, y pone como ejemplo el VIH, la tuberculosis, la hepatitis b o la malaria. Aún no se sabe la llegada de este encontronazo.

“Lo que sí está claro -añade el artículo- son las importantísimas consecuencias que la disrupción ocasionada por las medidas de contención tendrá en las actividades comunitarias ya bien establecidas, como los programas de inmunización infantil, las consultas antenatales en mujeres embarazadas o bien la distribución de medicamentos para patologías crónicas (siendo los antirretrovirales para el control del VIH el ejemplo paradigmático) o de redes mosquiteras contra la malaria”. Y a ello se aúna el “miedo” al contagio que pueden tener los africanos y que puede acabar realizando que no acudan a sus centros sanitarios cuando lo necesiten. 

 

De la asistencia en todo el mundo dependen hoy muchos sistemas de salud africanos y se teme que, cortos como están de euros los Gobiernos de todo el mundo, bajen las asignaciones a organismos de Naciones Unidas o bien a agencias propias de cooperación y partidas que antes eran deficientes contra “patologías olvidadas”, como las llama la Asociación Española de Pediatría. El poco dinero que haya se puede traspasar a la investigación sobre el Covid, desvestir un santurrón para vestir a otro.

El doctor González coincide en que se pueden ofrecer “pasos atrás en otros campos”, que han retrasado “varios años” en conseguirse. De ahí que sea “vital” que “el planeta no desvíe la mirada, pensando que en África todo está bajo control”, que las vacunas que los países ricos están acaparando “se distribuyan con justicia” y que, aún en tiempos complicados, la cooperación internacional no desaparezca. “Sería gravísimo, hay que aumentar la supervisión y el deber, los fondos”, advierte. 

La economía, tocada

Porque la otra víctima del coronavirus es, como a nivel mundial, la economía. En los peores niveles dibujados por la ONU en primavera, se apuntaba a una contracción económica de entre el 1,8 y el 2,6%, lo que podría en mover a 27 miles de individuos en el conjunto de naciones a la extrema pobreza. El Banco Africano de Desarrollo (BAD) calcula que este año se van a perder entre 24,6 y 30 millones de empleos.

La clave se encuentra en el precio del petróleo, que piensa el 40% de las exportaciones africanas, y que se ha reducido a la mitad, a la exportación de otros productos como los textiles o las flores, que asimismo se han hundido, y al turismo congelado, que en algunos países supone el 38% del PIB. 

“Para asegurar y crear una prosperidad compartida en el continente, hacen falta 100.000 millones de dólares para prestar de forma urgente y también inmediata espacio fiscal a los países que les ayude a prestar una red de seguridad inmediata a la población”, mantiene la asesora ejecutiva de la Comisión Económica para África de la ONU (UNECA), Vera Songwe. Además, harían falta otros 100.000 millones de dólares estadounidenses para un estímulo económico de urgencia.

Una situación que amenaza con empeorar si las cifras de contagios prosiguen en alza, como esta semana. 


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