«Un país de maricones» | El HuffPost

Adriano Machado / ReutersEl presidente brasileiro, Jair Bolsonaro. El machismo tiene dos enormes vías de hacerse presente, una es el refuerzo de su modelo mediante la potenciación de sus elementos (ideas, valores, mitos, estereotipos, costumbres,

El machismo tiene dos enormes vías de hacerse presente, una es el refuerzo de su modelo mediante la potenciación de sus elementos (ideas, valores, mitos, estereotipos, costumbres, tradición, creencias…) y otra, por medio de personas que actúan como referente y “portaltavoces”, una combinación de “representante” y “altavoz” que lleva sus palabras a todas las esquinas de la sociedad, y sube el volumen de su mensaje para que todo el mundo lo escuche.

Desde que con el cambio de milenio las políticas de Igualdad han comenzado a hacerse situación de una manera más ordenada, profunda en cuestiones fundamentales y transversal, las posiciones habituales del machismo entraron en una especie de silencio decidido que, desde el punto de vista estratégico, se tradujo en una resistencia general y en una crítica puntual, en gran parte fundamentada en la generación de confusión sobre los elementos que definen la verdad, para así hacer la sensación de amenaza y ataque. Es lo que hemos denominado como “posmachismo”. Pero nadie defendía públicamente los postulados más tradicionales ni cuestionaba los derechos de las mujeres, tampoco la necesidad de accionar contra la crueldad que sufrían. Se resistían, pero no atacaban de forma directa y explícita, al menos desde posiciones institucionales y de representación.

Todo ello cambió con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos con su machismo exhibicionista. Súbitamente, todo el miedo a plantear en voz alta lo que de verdad se pensaba desapareció, y la política, las tertulias y las columnas se llenaron de expresiones que unieron por vez primera en su mensaje la crítica a la igualdad y sus políticas y el ataque a quien las fomentaba, principalmente al feminismo y a los partidos de izquierdas por desarrollarlas. La derecha se llenó de “conservadurachismo”, una combinación de conservadurismo al empleo y de machismo explícito, y los líderes se percataron de que jugar con ese mensaje daba puntos y votos. Así ocurrió con la ultraderecha, que aprovechó lo que misma considera la “derechita cobarde” y su situación, para plantear estos temas “negacionistas” de la desigualdad y la violencia de género directamente y vociferante. 

Puede ser bueno si lo hacen ellas, pero es malo si lo hacen los hombres

En este momento, entre los discípulos más avanzados de Trump, Jair Bolsonaro, ante la trágica evolución de la pandemia en Brasil ha intentado reforzar sus ideas y modelo al manifestar hace algunas semanas que, “todos vamos a morir cualquier día. Debemos dejar de ser un país de maricones”.

Ajeno de las responsabilidades que emanan de unas afirmaciones de este tip, en quien tiene la situación para evadir que el encontronazo de la pandemia alcance la dimensión desastrosa que ahora tiene en su país, sus palabras reflejan el modelo de sociedad que desea y protege. Para Bolsonaro y el machismo todo lo relacionado con las mujeres es negativo, puede ser bueno si lo hacen ellas, pero es malo si lo hacen los hombres. 

De forma que los cuidados y una actitud miedosa ante la realidad, siendo elementos históricamente asociados a las mujeres, cuando se relacionan con los hombres hace que estos pierdan su condición, y se conviertan en una especie de quimera. Un ser con una doble composición, la de “hombre-mujer” donde lo femenino deforma la condición masculina y la transforma, de manera directa, en lo que él considera que es un “maricón”. Un hombre que no es hombre, porque ser hombre es un paquete que tiene dentro la heterosexualidad junto por fuerza, ser duro, no necesitar precaución ni proteger, esconder las conmuevas, no expresar cariños…

Y todo cuanto no sea de ese modo es un caos popular, no una alternativa individual, porque el machismo definió una cultura que interpreta la naturaleza bajo una referencia antropocéntrica, y al antropocentrismo desde una visión androcéntrica. 

Para el machismo es conveniente que la gente muera por cientos de miles que faltar a las referencias del modelo

De esa forma la verdad popular es la que viene definida por la civilización desde esa concepción antropocéntrica de la vida que toma a los hombres como referencia. De manera que esta creación sitúa a los hombres como reyes de la creación, y a su creación (la civilización y la sociedad) como reino para su reinado.

Y en ese reino los hombres son los reyes y todas las otras personas sus súbditos, tanto más sometidas cuanto más se distancien del modelo dado y de las funcionalidades, permisos, tiempos y espacios definidos para ellas.

Para el machismo es preferible que la multitud muera por cientos de miles que faltar a las referencias del modelo. Y no solo sucede ahora con la pandemia y el COVID-19, sucedió siempre, como demuestra el hecho de que la identidad masculina esté en la base de formas de proceder como la violencia homicida, el suicidio, los accidentes de tráfico y laborales, la mortalidad por patologías que requieren de una detección precoz y un cuidado personal… en las que los hombres se muestran sobrerrepresentados. 

Mas al machismo y a sus líderes parece ofrecerle igual todo ello, para y su modelo, más vale un machista fallecido en el ejercicio de sus funcionalidades que un “maricón” en la calle.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor. 




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