Desnudos, sencillamente desnudos | El HuffPost Life

El más renombrado de los escultores helenos tradicionales fue Praxíteles de Atenas, que vivió allá por el siglo IV a. de C. Su obra dejó que la estatua griega evolucionase desde un clasicismo recio y

El más renombrado de los escultores helenos tradicionales fue Praxíteles de Atenas, que vivió allá por el siglo IV a. de C. Su obra dejó que la estatua griega evolucionase desde un clasicismo recio y estático hacia la elegancia.

Fue este artista el que engendró lo que se viene denominando “curva praxiteliana”, que no es otra cosa que una línea ondulada que toma el cuerpo al estar apoyado en la pierna derecha y flexionar la izquierda.

Además, Praxíteles fue el primero en realizar una escultura de una mujer desviste en tamaño natural, una verdadera revolución para la época, ya que hasta ese instante siempre se las había representado totalmente vestidas.

La escultura es conocida con el nombre de la Venus de Cnido, en referencia a la colonia griega de Asia Menor en la que se efectuó, y la modelo escogida para la ocasión fue una cortesana llamada Friné, que en heleno significa “sapo”, gracias a la coloración ambarina de su piel.

Esta Venus es una estatua de bulto redondo que representa a una mujer –la diosa del amor– desnuda y parado en el instante en el que se dispone a darse un baño o inmediatamente después de haberlo hecho. Su anatomía está idealizada, carece de musculatura y están fundamentalmente modelados sus pechos.

“La sociedad de la Antigua Grecia era de base patriarcal, en donde la mujer estaba subyugada a la figura masculina”

Desgraciadamente el original no nos ha llegado, aparentemente la escultura fue llevada a Constantinopla en donde fue pasto de un devastador fuego, allá por el siglo V d. de C. ¡Una auténtica lástima!

Por otro lado, y dado a que la estatua era muy famosa, durante siglos se hicieron numerosas réplicas a lo film y ancho del mundo obsoleto, una de ellas se puede contemplar a día de hoy en el Museo Nacional de Roma.

Dejemos al escultor y a su obra y quedémonos con la modelo, con Friné. Antes de ingresar en pormenores un pequeño apunte, la sociedad de la Vieja Grecia era de base patriarcal, en donde la mujer estaba subyugada a la figura masculina, se podría decir que sencillamente era una sombra popular, carente de voz y voto.

Por otro lado, en esa sociedad tan encorsetada había un grupo de mujeres libres e independientes, las llamadas hetairas, que habían recibido una esmerada educación y que ejercían la prostitución, desde la cual gozaban de una gran influencia popular. A este conjunto de mujeres pertenecieron figuras tan destacadas como Aspasia de Mileto y Friné, nuestra modelo.

En cierto momento de la vida de Friné las cosas se torcieron y acabó siendo acusada de impiedad, no era un castigo menor ni muchísimo menos, tengamos en cuenta que fue una de las razones por las que el filósofo Sócrates acabó tomando cicuta.

“Más allá de la locuacidad del abogado, que era mucha, el juicio comenzó a torcerse, vislumbrándose un mal final para su defendida…”

La ateniense contrató los servicios de uno de los diez mejores oradores de la antigüedad, el perspicaz Hipérides, a fin de que la defendiese en el juicio. El jurado se reunía en el Areópago, un lugar en el que la historia de historia legendaria aseguraba que Labres –el dios de la guerra– había sido juzgado por los dioses y exonerado de ser culpado por dar muerte a uno de los hijos de Poseidón. Allí escucharía la defensa de la acusada y tomaría la decisión final.

Más allá de la locuacidad del letrado, que era mucha, el juicio comenzó a torcerse, vislumbrándose un mal final para su protegida, por lo que decidió pasar al plan B. De modo sorpresivo se acercó a Friné, que estaba cubierta con una vestimenta ligera, y la desnudó bruscamente ante el jurado, para que todos pudiesen ver su anatomía.

Es simple imaginar el impacto visual que logró, especialmente si tenemos en consideración que el jurado estaba formado de forma exclusiva por hombres; a renglón seguido articuló un discurso en el que les exhortaba al jurado a que no podía, ni debía privar al mundo de aquella belleza, caracteristica de la diosa del amor. ¿El veredicto final? Pues ahora se lo pueden imaginar…




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