Pandemia: administración pésima | El HuffPost

PABLO BLAZQUEZ via Getty ImagesPedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso.  Aplaudo la idea de Isabel Díaz Ayuso, la creación de un hospital dedicado en exclusiva a las pandemias. Los malo es que no

Aplaudo la idea de Isabel Díaz Ayuso, la creación de un hospital dedicado en exclusiva a las pandemias. Los malo es que no se lo hayan copiado en el resto de las comunidades autónomas (CCAA). No obstante, el manejo de la covid de la presidenta fué una calamidad. Resultó absurdo el confinamiento por zonas. La distancia de la capitalina calle Alcalá desde la plaza de toros de las Ventas hasta la plaza antiguamente llamada Localidad Lineal es de 2,5 quilómetros, una distancia mínima. A la derecha de la calle se estaba confinado y a la izquierda no. Con atravesar de acera, lo habitual, cualquiera se contagiaba. Excéntrica y vergonzosa la punga del PP y del PSOE en La capital de españa. Medida política más que sanitaria el pretérito estado de alarma decretado solo para La capital española. Genera repugnancia que nuestras formaciones endogámicas, mientras padecen y mueren miles de personas, en lugar de llegar a un acuerdo nacional con el que minar la pandemia, se dediquen a las patrañas, el ruido y la pugna. Y todo por un maldito puñado de votos. Menos politiqueo y mayor servicio público.

Las CCAA reportan números falsos de fenecidos gracias a la covid, debido a las papeletas electorales que perderían con los auténticos. El apunte real, el del INE; llevamos 50.000 fallecidos por la pandemia. El Gobierno no lo ha desdicho. Ahora explicaba Unamuno que la aquiescencia es afirmación. Todos engañan en el carrusel de la incompetencia, el PP, el que siempre lo hizo, y el PSOE, el que ha empezado a llevarlo a cabo con Sánchez.

El único que se libra de la quema es Ciudadanos, un partido capaz de conjuntar en oposición al PP al electorado del centro reformista. El problema es que Arrimadas no ha dado con la clave. Y la tiene a tiro. A lo mejor sería bueno que comenzará a realizar pedagogía sobre las leyes que aprobaron los gobiernos del PP. En lugar de ser reformistas nos hurtaron parte de nuestras libertades colectivas e individuales.

Los socialistas nos declaramos feministas y defendemos el derecho a la vida, lo que no choca con la resolución de la mujer sobre la interrupción del embarazo, un derecho fundamental. En la presente coyuntura había que priorizar un principio sobre el otro. Al comienzo de la pandemia, a lo largo de la manifestación de la celebración de las mujeres, contabilizábamos 365 casos del virus. Fue una indecencia del Gobierno Sánchez permitirla. Aumentaron geométricamente las infecciones, hasta que la cosa se desmandó mientras que el presidente no actuaba, atemorizado por los independentistas y hermanado con los podemitas. Aquí, la cuestión de fondo, entonces y en este momento, se basa en quién lidera la extrema izquierda, Sánchez o Iglesias.

Lo humano, no el chanchulleo político, hubiera sido aprobar una ley que devolviera al Gobierno las transferencias sanitarias

Al cabo, Sánchez entró en razón y dictaminó un largo estado de alarma, la única buena acción que ha emprendido en relación a la pandemia. El resto de la gestión ha sido y es pésima, a eso que ha ayudado el PP intolerante de Casado. Ejemplo de intolerancia: La ley Celaá hace aguas por bastantes agujeros y nos distancia de la justicia social. Más allá de ello, al ser ley una ley orgánica, es de obligado cumplimiento por las CCAA. Casado, al utilizar las CCAA para dinamitarla, revela exactamente el mismo talante antidemocrático que Sánchez e Iglesias. No me trago su cara de ángel putín.

Casado faltó a la verdad cuando declaró que las medidas con las que atajar la pandemia les correspondían al Gobierno, mentando que había que aplicar la ley de salud pública de 1986, la que dio cobertura sanitaria universal con la tutela de Felipe González. Casado, tras leerse la ley, mintió a conciencia, con luz y taquígrafos. La ley dicta que la aplicación de las medidas sanitarias las realizan las CCAA y la dirección del Gobierno (no bajo la dirección del Gobierno). En 1986 cabría la interpretación del articulado y se podría haber hecho cargo la dirección del Gobierno. Mas hoy es realmente difícil. En la época de ZP las CCAA, las del PP también, hicieron nuevos estatutos, y las competencias sanitarias fueron finiquitadas en la centralidad y transferidas a las CCAA.

Se ve que la solución pasaba por la cogobernanza, lo que se ha implementado. Fué y es, inmersos en la tercera ola, un autentico desastre impulsado por Sánchez/Iglesias. En las CCAA, las reglas cambian cada semana, confundiendo a la ciudadanía. Los capital hospitalarios, más allá de los estados de alarma territoriales, han repuntado considerablemente. Lo contagios y los fallecidos se multiplican. Y más pasadas las Navidades.

Sánchez/Iglesias tenían la solución al alcance. Lo humano, no el chanchulleo político, hubiera sido aprobar una ley que devolviera al Gobierno las transacciones sanitarias primordiales para que el Gobierno dirigiera a solas la batalla contra la covid. Con la suma de los votos del PNV, Ciudadanos y pocos partidos más, salvo los independentistas, se hubiese logrado. El pago al PNV hubiera sido alto aunque imprescindible, y Ciudadanos hubiese concedido el voto gratis. Casado hubiese votado en contra, pensando antes en su partido que en España, su hábito.

Le importó más su poltrona y la de su amiguete del alma Iglesias que la dignidad de los españoles

Sánchez rechazó aprobar la citada ley (seguro que se le ocurrió), lo que habría salvado cientos de vidas. En su cabeza y en la de Iglesias se encontraba el cambalache con los independentistas exacerbados, que les hubiesen amonestado. Sánchez no efectuó a propósito la ejecutoria de la ley planteada. Le importó más su poltrona y la de su amiguete del alma Iglesias que la dignidad de los españoles. Confirmaba Napoleón que un ejército que no cuida de sus enfermos es un mal ejercito. Un Gobierno que no protege de sus enfermos es un Gobierno infumable. 

De transparencia, además de esto requerida por el órgano del gobierno correspondiente, nada de nada. No sabemos aún los nombres de los ni qué diantres hacen.

Sánchez, Redondo, su mano derecha, y también Iglesias carecen de un concepto sobre lo que es España. De este modo rigen, metidos en una partida de mus inacabable donde se ocupan de los órdagos continuos, signo de mal jugador de mus. Y los muertos siguen cayendo. Todavía se estima que las banderas de las edificaciones públicos estén a media asta, el mínimo homenaje a los fallecidos de la pandemia. A Sánchez/Iglesias no les atrae el merecido homenaje a nuestros compatriotas.

Un partido socialdemócrata, el que forjaremos de continuar el PSOE enrumbado hacia la nada, desde el primer minuto hubiese honrado a las víctimas.




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