El año de Pablo Iglesias

DANI GAGOIglesias 2020 quedará grabado en la cabeza de todos. El año más bien difícil de la historia reciente. El año que nadie aguardaba, el año en el que un virus puso al mundo en

2020 quedará grabado en la cabeza de todos. El año más bien difícil de la historia reciente. El año que nadie aguardaba, el año en el que un virus puso al mundo en alerta, el año en el que España debió confinarse por primera vez, el año en el que la multitud dejó de abrazarse, el año en el que los ciudadanos no pudieron despedirse de sus conocidos cercanos. 

Y fue asimismo el año en el que se formó por vez primera un Gobierno de coalición en España desde la II República. Ya no tenía que ver con asaltar los cielos… Unidas Tenemos la posibilidad de logró un acuerdo con Pedro Sánchez para entrar en el Ejecutivo. Con Pablo Iglesias, el político que hacía quitar el sueño a muchos socialistas, como vicepresidente segundo del Gobierno y responsable de Derechos Sociales.

El hombre al que odia la derecha (y una parte asimismo de la izquierda) y que se ha enfrentado desde hace dos meses al reto de pisar moqueta y tratar de transformar en hechos lo que antes prometía. Un viaje político y asimismo personal. En mitad de una pandemia, con una situación trágica que no se vivía desde la Guerra Civil. ¿De qué manera fueron para nuestro líder de Tenemos la posibilidad de estos meses? 

Los días más duros los tiene grabados en su cerebro. Fueron, según confiesa nuestro Iglesias a El HuffPost: “Los primeros momentos de la pandemia, cuando no sabíamos verdaderamente la intensidad de la emergencia a la que nos estábamos confrontando, faltaban EPIs y respiradores y la presión hospitalaria y los fallecimientos aumentaban rápidamente. Lo que sabemos el día de hoy no lo sabíamos en el mes de febrero o en el tercer mes del año. Hemos aprendido bastante, como sociedad y como Gobierno, pero el principio fue fundamentalmente duro”.

También ha sido “duro”, confiesa el vicepresidente, “aplicar políticas públicas que tratan de asegurar a la multitud más vulnerable mientras observamos que el Ingreso mínimo Escencial no llega con la agilidad que sería necesaria o que se han seguido generando desahucios de personas vulnerables hasta que por fin hemos logrado aprobar un nuevo decreto para suspenderlos”.

Los peores momentos para Iglesias fueron los primeros meses de pandemia cuando subían los muertos, no había material y crecía la presión hospitalaria

“Se ha trabajado mucho y en ocasiones nos han criticado por apretar en el seno del Gobierno, por ser cabezones y por meter prisa, mas hay que comprender que el tiempo es muy diferente para alguien que no puede realizar los pagos el alquiler o bien la luz que para alguien que no posee problemas económicos”, reflexiona Iglesias al hilo de este fatídico 2020.

Cuando uno cierra los ojos, viene a la cabeza esa mezcla de experiencias, fotografías y sentimientos que dejó atrás este año. Cuando lo hace Iglesias, le asaltan los balcones en toda España a las ocho de la tarde aplaudiendo. Para el vicepresidente, “la primordial lección que nos deja esta pandemia es la necesidad de cuidar de quienes cuidan y proteger la sanidad pública”. Es algo, cree, que no se debería olvidar nunca.

“Recuerdo asimismo la imagen de unas enfermeras del Hospital del Mar de Barcelona que llevaron a la playa a conocer el mar a un tolerante de coronavirus que llevaba más de 50 días ingresado en la UCI. Me pareció una imagen bella que expresa hasta qué punto los profesionales sanitarios dieron lo mejor de sí mismos para defendernos a todos. La sociedad está en deuda con ”, sostiene al reflexionar sobre lo que se ha vivido.

La imagen que marcó al vicepresidente es la de los españoles aplaudiendo en los balcones

En estos últimos 12 meses el instante político de mayor satisfacción fue la capacitación del Gobierno de coalición, en el que pocos creían días antes del acuerdo y tras las fallidas negociaciones que se produjeron después de las selecciones de abril de 2019. La iniciativa de Iglesias es que ese paso piensa romper la “cláusula de exclusión histórica que ya duraba ochenta años”. Si bien el peso de UP, a su juicio, es “modesto” y los desenlaces no son siempre lo que les gustarían, su presencia se aprecia.

Gobernar a lo largo de estos días no ha sido nada simple, pero a Iglesias no le agrada ingresar al aspecto porque cree que no es justo que los que llenan responsabilidades charlen de sus dificultades en el cargo, debido a que fué la ciudadanía la que lo pasó mal este año.

Su reflexión es: “La responsabilidad de un gobernante no se revela en los instantes simples, en el momento en que sopla el viento a favor, sino en los instantes difíciles. Si bien fué duro y seguramente todavía faltan momentos muy complicados por vivir a causa de esta emergencia, pienso que nos encontramos siendo capaces de hacer una gestión de esta crisis que pone por enfrente el interés general, en contraste con lo que sucedió en la crisis de 2008”.

Esa fué una de las obsesiones de los ‘morados’ durante estos días: no caer en los errores, a su juicio, de la salida de la austeridad que se impuso en España y en la UE hace diez años. Los aires, sin importar la dureza, han soplado de otro modo, con una Bruselas enfrentando de otra manera la crisis y también inyectando dinero a los países (España recibirá este año 27.000 millones de los fondos europeos).

Han sido meses de enorme sufrimiento para el país y el planeta entero, piensa Iglesias. Lo que le queda asimismo es que UP ha dado la cara y, entre las medidas adoptadas, se siente orgulloso de la subida del salario mínimo, el Ingreso Mínimo Vital -si bien reconoce que hay que mejorarlo-, el freno la publicidad de las viviendas de apuestas y la aprobación de los capitales.

Ese fué uno de sus enormes empeños: consolidar la mayoría progresista que sacó adelante la investidura de Pedro Sánchez y que el PSOE no virara en la aprobación de las cuentas con un convenio con Cs. A lo largo de este tiempo desea el vicepresidente segundo aclarar el sendero y poner las bases a fin de que haya gobiernos progresistas durante la próxima década en España.

¿Cómo ha sido meterse en el puesto de vicepresidente? “Y durante la peor pandemia en cien años… No es un trabajo sencillo y en ocasiones es desepcionante, sobre todo teniendo el peso que poseemos en el Gobierno, que es modesto, porque no siempre se puede conseguir todo lo que a uno le gustaría. Mas creo que se está demostrando que el sitio desde el que se tienen la posibilidad de cambiar ciertas cosas y revertir, aunque sea relativamente, ciertas injusticias, es desde el Gobierno. Se consiguen muchas más cosas siendo gobierno con 35 diputados que siendo oposición con 50 o con 60”, responde.

Para Iglesias es desepcionante no poder hacer todo cuanto quisiese en el Gobierno, pero afirma que es el lugar donde se tienen la posibilidad de mudar las cosas

Ver al futuro pensando lo que ha pasado durante este tiempo. Y, como el resto de españoles, debió dejar de abrazar a sus progenitores durante estos días y no los pudo ver. Algo “doloroso”, para Iglesias. Además de esto, su padre vive en otra provincia y por su salud es fundamentalmente vulnerable.

En el momento en que dejaba el despacho o colgaba el teléfono en el final del día, Iglesias escapaba de esta muy dura realidad estando en el hogar con sus hijos. Viéndolos medrar. También procuraba leer algo por las noches y hundirse en películas y series. “Hay gente a la que le parece un inconveniente que un vicepresidente vea series. A mí lo que me parecería un inconveniente es que un gobernante no siguiera formándose y no leyese novelas, no viera series ni películas, porque viviría fuera de la realidad”, sostiene. 

Por su pantalla, han pasado producciones que le han marcado como El colapso, Veneno, Elementos inhumanos, La conjura contra América, Hippocrate y Baron Noir, esta última sugerida por el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Su relación con Sánchez es cordial y se está creando una cultura de coalición

Mucho se ha escrito y hablado sobre ese matrimonio entre el PSOE y Unidas Tenemos la posibilidad de, que ciertos pensaban que se quebraría al poco tiempo. Pero exactamente la pandemia lo ha hecho más fuerte. Su relación con Sánchez es “cordial”, según enseña Iglesias. El líder de UP confiesa a los suyos asimismo que deben estar satisfechos porque se está creando una cultura de coalición, donde “claro” que se producen discrepancias y tensiones, mas que después se traducen en desenlaces positivos en concepto de programa y de ampliación de derechos. El vicepresidente piensa que cada vez más gente hace esta reflexión: “Si las discusiones en el Gobierno se usa para que en el final se prohíban los desahucios y los cortes de abastecimientos o a fin de que se regule el valor de los alquileres, pues bienvenidas sean esas discusiones y esa tensión”.

Esa tensión también interior en todos. Iglesias ha llorado en la intimidad “como todo el planeta”, frecuenta decir. Y también públicamente en ocasiones: “Lo cierto es que soy bastante llorón, mas no pienso que eso sea algo malo. Si un responsable político no es con la capacidad de conmoverse y no le duele el sufrimiento de la multitud, mejor que se dedique a otra cosa”.

La crisis del coronavirus cambió en lo personal a todos los ciudadanos. Nadie volverá a ser igual. Si se le pregunta al vicepresidente segundo de qué forma ha cambiado su historia en estos meses, responde: “La pandemia ha perturbado varios hábitos; no ahora los míos, sino los de todo el planeta. No poder ver a tus padres, no poder reunirte con amigos… provoca que el día a día sea más desagradable”. Y añade: “Aquí debo nombrar también la situación que estamos viviendo en nuestra casa Irene Montero y yo, y nuestros tres hijos, con el acoso de fascistas en nuestra puerta todos los días ya hace muchos meses. A mí no me agrada quejarme ni ir de víctima. Hubo mucha gente a lo largo de la historia que, por hacer política y por proteger las ideas que defendemos, ha sufrido la cárcel, la tortura, el exilio o incluso lo ha comprado con su historia. Pero asimismo es cierto que con nosotros se han cruzado ciertas líneas rojas que jamás se habían cruzado con ningún otro responsable político en democracia”.

Afirma que no desea hacerse la víctima, pero piensa que se han cruzado líneas rojas en democracia con el acoso de fascistas a su familia

Esa democracia tensionada y polarizada que también se vió en las Cortes durante estos días. Para Iglesias, no es justo el relato que se hace en muchos medios de comunicación sobre la “bronca” en el Congreso porque da la impresión de que todos y cada uno de los conjuntos son iguales y causantes en exactamente la misma medida de esa crispación. El líder morado tiene este análisis: “Lo cierto es que quienes gritan, quienes insultan y quienes mienten son siempre los mismos. Mas esa estrategia de la crispación no es síntoma de la fortaleza de la derecha, sino de su debilidad. La derecha en España está en una situación muy difícil, en gran medida porque está atrapada por Vox, que hoy ejerce el liderazgo cultural de ese bloque. Pienso que, mientras que eso sea de esta forma, las derechas tienen muy difícil regresar a gobernar en España”.

2020 es ya pasado. Se abre un nuevo capítulo para todos. Iglesias tiene pendiente todavía que el Supremo resuelva sobre la situacion Dina, siempre ha pensado que no va a ser encausado. Y la coalición estrena etapa tras la aprobación de los capitales en general, con una parte del PSOE pidiéndole a Sánchez que se imponga más frente a Iglesias y marque más perfil propio. Con unas selecciones catalanas a la vuelta de la esquina. Con la esperanza de la vacuna y el temor a la tercera ola. Con el revés de la congelación del salario mínimo. La vida prosigue. 


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