¿Por qué el Princesa de Asturias para Francisco Ibáñez?

Quim Llenas via Getty ImagesImagen del archivo de Francisco Ibáñez.  Este pasado diciembre, treinta miembros del congreso de los diputados/as de europa españoles firmamos una adhesión para impulsar la candidatura de Francisco Ibáñez para el

Este pasado diciembre, treinta miembros del congreso de los diputados/as de europa españoles firmamos una adhesión para impulsar la candidatura de Francisco Ibáñez para el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Como impulsor de la idea, confieso que no me fue difícil sumar a miembros de PP, Tenemos la posibilidad de, Ciudadanos, PNV o bien PSOE, antes bien su suma fue casi automática en todos y cada uno de los casos. Y sé que no se han adherido más por el poco tiempo en el que reuní los apoyos y porque en ocasiones es difícil desbrozar nuestras cuentas de correo, alén de las muchas urgencias cotidianas. 

Una de las cosas que más me satisfizo y que por su dimensión me sorprendió muy gratamente es que en el momento en que hice pública la iniciativa en comunidades se produjo una genuina avalancha de mensajes de acompañamiento. Quien utilice una red como és es Twitter, en la que solo es necesario que constates que por la mañana sale el sol para que recibas desde refutaciones automáticas hasta de manera directa insultos, será consciente de lo que supone no tener más que solamente un puñado de respuestas negativas o bien invectivas. Y es que se hace visible que Ibáñez es patrimonio común de todos y todas y cada una, da igual ideología, procedencia geográfica o bien extracción social.

Una de las peculiaridades que tiene el arte es su naturaleza bidireccional, interactiva, no solo es sustancial el emisor sino más bien de qué manera el receptor recibe y traduce el contenido. Eso es lo que hace que nuestra experiencia ante la observación de un cuadro o la lectura de una novela sea completamente única, multiplicando mágica y también infinitamente las dimensiones de una misma obra. Mas asimismo la experiencia artística genera lazos y elementos compartidos entra quien crea y quien experimenta esa creación, y a su vez entre exactamente los mismos receptores. Esto es lo que hacemos generaciones y generaciones que hemos crecido leyendo a Ibáñez y a su pléyade de individuos. No solo son Mortadelo y Filemón, sino 13 Rue del Percebe, Rompetechos, el botones Sacarino… Cada quien de nosotros los hemos experimentado de una manera particular, pero nos hermanamos sensitivamente en territorios en los que nos reconocemos. Su proyección en todo el mundo o la adaptación de sus personajes al cine, charla asimismo a las claras de la dimensión de la que charlamos.

Como en algún personalidad artística, su obra trasciende a las bondades y miserias humanas del propio creador

Particularmente aprendí a leer con mi madre señalándome lo que significaban aquellos signos del Mortadelo, antes de llevarlo a cabo en exactamente la misma escuela. Me conmovió mucho leer a numerosas personas en comunidades diciendo lo mismo y señalando que fue a través del cómic como se aficionaron a la lectura -lo que es mi experiencia-. Estos días asimismo he podido hablar con muchas personas, que me comunican su adhesión personal a la idea, de qué forma somos deudos de Ibáñez en la conformación de una parte de nuestra misma personalidad. En mi caso mi sentido del humor, la percepción en exactamente la misma situación de gags propios de “historieta”, el reírse para uno mismo con analogías que se referencian a elipsis que solo uno puede entender, es absolutamente tributario de la mente de Ibáñez. Como lo es la presencia de latiguillos automáticos comprados muy de manera temprana y que que se han quedado conmigo para el resto de mis días; solo por poner unos ejemplos:  “O bien limpiada con bayeta o limpiada con estropajo su ropa lucirá más limpia con detergente Cascajo”, siempre que veo una Olimpiada; “ese señor del bigote tiene cara de hotentote”, cada vez que veo a alguien con bigote; ese adulto mayor japonés que se tiraba por la ventana canturreando una “vieja canción kamikaze”, cuando leo kamikaze;  ese delantero que era expulsado “por golpear con el ojo la rodilla del defensa contrario”, que anticipó una forma de hacer periodismo que vino después; o esas rompetechianas ocarinas en vez de las “ocas finas” del cartel, no bien veo a una oca.

Comentando del estilo del humor de Ibáñez, solo es necesario darse un paseo con determinada madurez por el Quijote para saber las magnas fuentes en las que bebe el profesor barcelonés (imperdible su Mortadelo de la Mácula). Y sí, Ibáñez es hijo de su tiempo y de la manera de ver la vida de su tiempo, es un anacronismo juzgar determinados cortes muy evidentes con los ojos de el día de hoy, porque sus cortes son reflejo de una España que tanto ha avanzado desde el siglo XX y que reflejan con idéntica maestría otros/as enormes relatores del mundo de la novela o del periodismo. Y, por supuesto, como en algún personalidad artística, su obra trasciende a las bondades y miserias humanas del propio autor (al que, de hecho, siempre le recuerdo de cada entrevista por una risa persistente que solo transmitía buen rollo). 

Dar el Princesa de Asturias a Ibáñez es asimismo dárselo a una generación de humoristas espectaculares y nunca bien ponderados

Tampoco sería justo no apreciar de qué forma desde el humor Ibáñez era con la capacidad de sortear a la zafia censura del franquismo, incluso caricaturizando una dictadura militar en exactamente los mismos años 60 en El Sulfato Atómico (con su espectacular “presidente Bruteztrausen”, víctima más de “un golpe de garrote” que de un golpe para derrocar al gobierno). Debemos asimismo acordarse su plante, adjuntado con otros historietistas, cuando la extinta Bruguera les “robó” sus derechos de autoría y de qué forma gallardamente han comenzado a publicar aquella revista Genial con personajes nuevos; de allí salieron cosas magníficas como los Chicha, Tato y Clodoveo del propio Ibáñez, o el completamente espectacular Mirlowe del profesor RAF (mi favorito de aquella publicación).

Enlazando con esto último, dar el Princesa de Asturias a Ibáñez es también dárselo a una generación de humoristas geniales y jamás bien ponderados, muchos de los que nos dejaron ahora, como el Escobar de Zipi y Zape, la Purita Campos de Esther y su mundo, o bien el propio RAF de Sir Tim O’Theo. El Princesa de Asturias de las Artes para Ibáñez sería asimismo una dignificación del arte del cómic (o bien el más español “tebeo”) y ubicarlo como lo que es, un arte más grande de edad al nivel de todos y cada uno de los considerados ya de este modo.

Me agradaría para acabar agradecer su esfuerzo a todas y cada una de las iniciativas paralelas que hay con exactamente el mismo propósito y soliciar el apoyo expreso de quien se quiera agregar. Estoy seguro de que en esta ocasión no iremos “todos juntos en unión hasta ofrecernos el morrón”, sino que lo lograremos. 

Y con todo el cariño del mundo, solicitarles a los y las integrantes del jurado del Princesa de Asturias, que no sean “merluzos” ni “lepidópteros estrábicos” y hagan este año justicia, haciendo con esto felices a millones de conciudadanos.




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