Ni Oriente Medio ni América latina: el ataque al Capitolio fue muy estadounidense

SAMUEL CORUM VIA GETTY IMAGESLos seguidores de Trump a las puertas del Capitolio. Los asaltantes se abrieron paso mediante barricadas y muros y entraron por la fuerza en el edificio gubernamental mientras chillaban eslóganes de

Los asaltantes se abrieron paso mediante barricadas y muros y entraron por la fuerza en el edificio gubernamental mientras chillaban eslóganes de su líder, como el de “detened el robo”. Las imágenes de los asaltantes saqueando el edificio y acomodándose en los despachos de los legisladores ahora quedan grabadas en la historia de Estados Unidos. Aunque ciertos periodistas y trabajadores lograron ser evacuados, muchos otros han quedado atrapados y tuitearon en directo lo que podían ver y oír desde sus posiciones. Cuando menos cinco personas murieron y decenas acabaron lesiones.

Políticos, expertos y cronistas expresaron su perplejidad e incredulidad por lo que estaba pasando en USA. Algunos tildaron las escenas de “antiestadounidenses” y argumentaron que era como “ver una televisión extranjera”, ya que esas cosas solo pasan en “países tercermundistas”, como los de Oriente Medio, África y Latinoamérica.

Jake Tapper, periodista de la CNN, le dijo a un corresponsal que comunicaba en directo desde el Capitolio que sentía tal y como si estuviera “conectando con un corresponsal en Bogotá”. Otro periodista equiparó el Capitolio con Bagdad y Kabul y mencionó que era horrible que eso estuviese pasando en Estados Unidos.

“El sitio al que vamos se parece más a Siria que a los Estados Unidos de América”, expuso el comentarista de la CNN Van Jones.

Y no solo cronistas. El expresidente George W. Bush publicó un comunicado que rezaba: “es de este modo como se deciden las elecciones en una república bananera, no en nuestra república democrática”. El senador republicano Marco Rubio tuiteó el miércoles que estos acontecimientos eran “propios del tercer mundo y antiestadounidenses”. Otros académicos y analistas vendían exactamente la misma retórica problemática. 

Porque la realidad es que el uso de la crueldad y la intimidación para el beneficio político siempre ha formado parte de la retórica estadounidense, desde el racismo de los días de Jim Crow, los linchamientos y la segregación, pasando por la mortífera manifestación de Charlottesville en 2017 hasta el plan fallido de raptar al gobernador de Michigan el año pasado. No obstante, demasiadas personas siguen cegadas por la falsa ilusión del excepcionalismo estadounidense y son incapaces de ver que también su democracia es frágil y falible. Suponer que la inestabilidad política es un inconveniente único de los países pueblos por personas de color es una perspectiva xenófoba que ignora la extendida historia de supremacismo blanco de Estados Unidos.

¿Por qué tantos estadounidenses siguen recurriendo a Oriente Medio o bien a América latina cuando procuran una comparación para lo sucedido el miércoles en el Capitolio? La edición estadounidense del HuffPost se puso en contacto con numerosos académicos para intentar resolver esta complicada duda.

Zaheer Ali, historiador de la Universidad de Nueva York, afirma que la incapacidad de los estadounidenses de aceptar su propia historia ha conducido a visiones muy problemáticas de lo que representa su país.

“Lo que más me frustró fue que las noticias trataran de detallar este suceso como algo inusual, impredecible, inesperado y atípico en USA. Ese excepcionalismo que provoca que todo el mundo piense ‘eso no pasaría aquí’ o ‘nosotros no somos de este modo’ ignora completamente la historia del país”, expone Ali.

“Suscribirse a la narrativa falsa del excepcionalismo estadounidense nos llevó a estar ciegos frente esa parte de nuestro legado como país”, añade. Esta falacia ha llevado a muchos cronistas y analistas a mirar fuera de las fronteras de su país para intentar abarcar la situación política de hoy en lugar de mirar hacia dentro.

Bastante antes que los manifestantes asaltaran el Capitolio, los entusiastas de extrema derecha de Trump ahora agitaban las comunidades con sus conspiraciones de robo electoral, instaban al uso de la crueldad e inclusive llegaron a pedir una guerra civil. Para los seguidores de Trump y varios cronistas, USA es distinto en esencia al resto de las naciones, y los valores y el sistema político de Estados Unidos es mayor a los del resto países.

Pero exactamente la misma historia que ha contribuido a que Georgia elija a su primer senador negro esta semana fué la base sobre la que se causó el asalto al Capitolio. Los estadounidenses tienen que admitir todos y cada uno de los aspectos de su pasado, incluido el papel que ha desempeñado su país y Europa en desestabilizar los países a los que se referían los cronistas en sus poco afortunadas comparaciones.

“Ignorar tu historia para seguidamente ver a los países que han sufrido inestabilidad a nivel económico y garantizar que eso es lo habitual ahí denota estrechez de miras y ceguera en el momento de admitir que has contribuido a que esos países estén de este modo”, mantiene Ali.

Esa ceguera, afirma Ali, es la que provoca que tanta gente crea que Estados Unidos es bastante grande para fracasar.

Otra razón por la que muchos periodistas buscaron comparaciones en el extranjero implica tópicos racistas sobre el aspecto de los agitadores.

Solo hay que ver el doble rasero con el que la Policía actuó contra estos insurgentes blancos, que esencialmente tuvieron permiso para tomar el Capitolio. Si hubiesen sido personas de color, habrían sido arrestadas o contrarrestadas de forma fuerte mortal.

“Mucha gente prosigue preguntándose con incredulidad cómo posiblemente estos agitadores llegaran tan lejos. Es sencillísimo. No son negros. No son de piel morocha. No llevan hijabs. Son blancos y los trataron con dulzura”, comenta H.A. Hellyer, académico y miembro del Centro Real de Servicios Unidos, de Londres.

Ali coincide con su diagnóstico y destaca la consideración de sacar a la luz ese doble rasero, mas con precaución.

“Esto tiene mucho que ver con el privilegio blanco y la elasticidad del estado con lo que está presto a consentirles a sus ciudadanos blancos”, explica Ali. “Ciertos discursos sobre lo peligrosos que son los negros y los musulmanes ya están muy normalizados en la sociedad”.

Y a pesar de que la crónica de los negros y los musulmanes en USA se remonta a varios siglos atrás, todavía son muchos los estadounidenses que los piensan extranjeros, “los otros”.

Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones De todo el mundo en la Fundación Getúlio Vargas de São Paulo (Brasil), apunta que comparar altercados políticos puede resultar informativo si se hace con contexto y tacto.

“Estos análisis comparativos tienen la posibilidad de ser muy útiles siempre y cuando no se defina a esos países solo por su historia política”, indica Stuenkel, que añade que la turbulencia política de un país debería estudiarse en el contexto de su historia completa y no solo enmarcada en un instante preciso de revolución.

El problema del excepcionalismo estadounidense aparece, según enseña, cuando los comentaristas políticos no consiguen reconocer la dificultad de otros países y solo los analizan desde el criterio estadounidense, que está salpicado de estereotipos.

Alén de las fronteras estadounidense, los observadores internacionales señalaron una ironía: Estados Unidos se ha visto durante décadas como el adalid de la libertad y ha estado siempre presto a invadir otros países con el motivo de regresarles la paz. En este momento ¿quién salvará a Estados Unidos de sí?

Este artículo fue anunciado inicialmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.




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