Awa, la niña que contempló de qué forma arrojaban a su hermano Alhassane al mar tras fallecer en la patera

Las primeras personas que la atendieron pensaron que tenía unos 12 años, mas solo ha cumplido nueve, se llama Awa D. y el sueño de sus progenitores de ofrecerles a ella y a su hermano

Las primeras personas que la atendieron pensaron que tenía unos 12 años, mas solo ha cumplido nueve, se llama Awa D. y el sueño de sus progenitores de ofrecerles a ella y a su hermano mellizo Alhassane un futuro mejor que la vida que les aguardaba en Guinea se ha roto. Se quebró en una patera a la deriva entre la costa del Sahara y Canarias.

La novedad de que la noche anterior había llegado una patera al muelle de Arguineguín (Enorme Canaria), donde hacía falta uno de los cuatro inferiores que partieron en desde Dajla, no solo estremeció a numerosas personas en España este sábado, sino que rápidamente se extendió entre las comunidades de inmigrantes subsaharianos asentadas en Marruecos, donde habita parte de la familia de Awa.

Los mellizos Awa y Alhassane se embarcaron con su madre y 33 personas más en una patera de unos seis metros de eslora el martes 12 de enero de madrugada, sobre las 2.00, en algún sitio de la costa de Dajla, entre los puntos calientes en el mapa de los sitios de salida más recurrentes de los africanos que emigran hacia Europa.

20 mujeres, 11 varones y 4 menores compartieron a lo largo de cuatro días el escaso espacio de la patera, todos procedentes de Guinea Conakri, Costa de Marfil y países del África Subsahariana, salvo dos hombres de tez obscura, mas de aspecto asiático.

El rescate

El conjunto estaba en búsqueda desde las 8.00 horas del miércoles, cuando numerosos familiares contactaron con la ONG Caminando Fronteras y esta transmitió el aviso a la Guardia Civil y a Salvamento Marítimo, que movilizó al Sasemar 101, el avión que les terminaría encontrando un par de días después a la deriva, en océano abierto, a unos 164 quilómetros al suroeste del puerto de Arguineguín y casi exactamente la misma distancia al oeste del cabo Bojador (Sahara).

Sus coordenadas eran 26º 20.20′N, 16º 7.68′W. Desde el momento en que el avión facilitó esa posición hasta el momento en que seis horas después llegó el barco de salve desde Enorme Canaria, cuidó de el UAL Texas, un carguero holandés que, por sus dimensiones (127 metros de eslora), no ha podido hacer más que permanecer a su lado hasta que apareciese Salvamento Marítimo, proporcionarles agua y vigilar que no volcaran.

A las 14.35 horas del viernes, los 34 ocupantes de la patera estaban en la cubierta de la Guardamar Talía, cuyos tripulantes están más que familiarizados a atender situaciones límite -llevan incontables rescates a sus espaldas en los últimos meses-.

Mas esta vez solicitaron por radio que las asistencias en tierra se prepararan para personas que llegaban en “muy estado deplorable”, confirmó a Efe una portavoz de ese servicio público del Estado.

Y, además, transmitieron un mensaje terrible: los salvados afirmaban que hacía falta uno de sus compañeros de travesía, al que habían lanzado al mar tras perecer en la patera en algún instante entre el miércoles y el jueves.

Si bien es esta una catástrofe que se repite frecuentemente entre quienes se aventuran al océano con barcas y medios de navegación siempre insuficientes para las condiciones que les aguardan en el Atlántico, esta vez la víctima era un niño.

La identificación

En Arguineguín se vieron las dimensiones del drama: la mayor parte de los inmigrantes necesitó que lo bajaran al muelle casi en volandas entre los voluntarios de Cruz Roja y los marineros de la Talía, varios salieron de manera directa en camilla y una mujer precisó que la sedaran, porque presentaba una grave crisis de ansiedad.

Le acompañaba Awa, su hija; fue ella la que contó a la Cruz Roja lo ocurrido. El niño fallecido era su hermano, Alhassane.

Por la mañana siguiente, las familias de tres menores telefonearon a la activista Helena Maleno, de Caminando Fronteras, angustiadas por saber si el que había fallecido era uno de los suyos, porque nadie de los salvados había podido llamar todavía a casa y la ONG había anunciado la novedad en sus redes sociales, pero sin revelar si el fallecido era niño o niña. En realidad, solo iba un niño a bordo.

Entre las familias preguntó por 2 hermanos, niño y niña, que viajaban acompañados por la madre. Dio dos nombres que coinciden con los que tienen los servicios de emergencia y la Dirección de Protección del Menor del Gobierno de Canarias, y facilitó los pocos detalles que se conocen por ahora de su crónica: Awa y Alhassane eran mellizos, su padre está en Bélgica y llevaban ya tiempo en Marruecos con ciertos parientes y con su madre, que quizás creyó una patera le ofrecía la oportunidad de reunir a la familia.

Este viernes, la madre lloraba y gritaba agobiada en el muelle, apenas podía charlar. En estos momentos está ingresada bajo supervisión psiquiátrica, porque los equipos que la atendieron en el muelle vacilaban de su seguridad, han señalado fuentes de la Cruz Roja. La situación impactó tanto a las personas allí presentes, que ciertos voluntarios de la ONG volvieron a casa llorando.

No es lugar para niños

Casi todos los ocupantes de la patera terminaron esa misma noche en el campamento de Barranco Seco, en Las Palmas de Enorme Canaria, incluidas las tres niñas, ha confirmado a Efe el pediatra del Servicio Canario de Salud que las asistió en relación llegaron allí y que las derivó inmediatamente al Hospital Materno Infantil.

Este sanitario enseña que, aunque solo una de las niñas presentaba síntomas que requirieran cuidados sanitarios, sus compañeros y él han tomado la resolución de enviarlas al hospital porque Barranco Seco “no es un lugar correcto para nadie, y menos para un niño”.

“Es cierto que la Policía jura proporcionarles el mejor trato posible y que Barranco Seco no es Arguineguín, pero es que cualquier cosa es preferible que el campamento de Arguineguín”, resalta este médico.

“Sin embargo, en Barranco Seco la gente está pasando bastante frío y humedad, solo tienen una manta cada uno para abrigarse, la que les dio Cruz Roja, ciertas tiendas tienen goteras, se amontona la basura y no hay agua corriente ni duchas para asearse, más allá de que estas personas llegan tras muchos días en el mar, a veces diez o más”, añade.

Ni Awa ni las otras 2 niñas de su patera volverán al campamento de Barranco Seco. La Dirección General de Protección del Menor del Gobierno de Canarias ahora dió normas para que queden en espacios bajo su tutela en cuanto reciban el alta hospitalaria.

Esa misma noche, los sanitarios del Servicio Canario de Salud enviaron al hospital desde Barranco Seco a otros seis ocupantes de la misma barquilla, mayores, dos de en malísima situación, con cuadros de deshidratación, mal abdominal agudo e hipotensión. 




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