El marido de Kamala Harris, sin más ni más

Doug Emhoff / INSTAGRAMDoug Emhoff abraza a Kamala Harris, para festejar su aniversario. 1789. Abigail Smith se transforma en la primera segunda dama de Estados Unidos por ser la esposa de John Adams, vicepresidente de

1789. Abigail Smith se transforma en la primera segunda dama de Estados Unidos por ser la esposa de John Adams, vicepresidente de la recién independizada nación. Desde ese momento, hombre tras hombre han ido ocupando el segundo peldaño de la Administración de norteamérica. Y mujer tras mujer los han ido acompañando. El día de hoy cambian las cosas: Kamala Harris toma posesión como ‘número dos’ del presidente Joe Biden. Es su esposo, Doug Emhoff, quien se convierte en segundo caballero. Ya lo cantó Dylan: los tiempos están  cambiado. 

Emhoff no será un simple florero en el Observatorio Naval de los Estados Unidos, donde se situará su novedosa vivienda oficial. Ha prometido centrarse en la defensa de causas como la justicia, los derechos humanos y la igualdad, utilizando el escaparate impagable del cargo de su mujer, y va a ser profesor en la Facultad de Georgetown, tras dejar su trabajo como letrado a fin de que no haya colisión alguna entre intereses privados y públicos. Más que nada, promete “apoyar” a Harris. “Yo no soy su asesor político, soy su esposo. Mi labor será ayudarla siempre, por encima de todas las cosas”, asegura. 

Nacido en Nueva York en 1964, de origen judío (otra cosa más donde es pionero en la cima de Washington), Emhoff se mudó a California con sus progenitores en el momento en que era adolescente y allí había creado toda su historia, hasta la actualidad. Estudió Derecho en la Universidad Estatal y acabó montando un bufete experto en lo que da la tierra: derechos de televisión, cine y propaganda. Venable, su oficina, se convirtió en un referente mundial en la materia. 

El exitoso letrado se casó con Kerstin Mackin, una productora de cine, y tuvo dos hijos: Cole (por John Coltrane) y Ella (por Ella Fitzgerald). Huelga decir que le encanta el jazz. Tras 25 años de matrimonio, la unión terminó en divorcio amistoso. Y a los cinco años de esa separación, la entonces fiscal general de California, el día de hoy vice, se cruzó en su sendero. O bien la cruzaron, más bien. 

La historia es como sigue: un cineasta y productor va a su despacho a charlar de negocios, acompañado de su esposa. La mujer mira y remira a Doug y le acaba preguntando a bocajarro si está casado. Como responde que no, pregunta otra vez: ”¿Te apetece quedar con mi amiga Kamala Harris?”. ”¿La fiscal? ¡Es muy guapa!”, contestó. De esta forma comenzó todo.  

Emhoff, apasionado del deporte, fue esa tarde a ver un partido de los Lakers y, en un reposo, mandó a la “fiscal atractiva” un mensaje de artículo y, luego, un mensaje de voz. cuenta que nunca ha sonado tan ridículo, mas a le gustó -se lo pone cada aniversario, para recordar-, lo llamó y hablaron durante más de una hora. Han quedado en verse. Harris jugaba con desventaja porque su amiga la celestina le había pedido que ni pusiera en Google+ el nombre del letrado. Cita a ciegas. 

Después de ese primer acercamiento, Doug escribió a Kamala: “Soy demasiado más grande para andar con jueguecitos. Me gustas mucho y me gustaría probar a ver si esto funciona”. En un correo electrónico, al día siguiente, le mandó una lista de todas sus fechas disponibles para los próximos meses.

Iba seriamente. Tanto, que ella tuvo que pararle los pies cuando deseó, muy pronto, presentarle a sus hijos. Cuando al tiempo se causó el acercamiento, fue un match, en palabras de la demócrata: si con el abogado había enamoramiento, con sus descendientes era puro amor, “inmediato”, dice. Los chicos, que cuentan que el sentimiento fue recíproco, pasaron de llamarla “madrastra” y se idearon “Momala”, mezcla de mom y Kamala, el título del que más “orgullosa” está hoy. 

Le brindaron seis meses a su relación y, pasado ese tiempo, vieron que era sólida. Emhoff ha propuesto matrimonio a Harris cuando estaban a puntito de pedir comida para llevar en un restaurante tailandés. Se casaron en 2014 por lo civil, en una ceremonia con aires hindúes (herencia materna de ) y judíos. Acción de Gracias lo celebran con la exmujer, con la que hay una magnífica relación. 

Desde entonces, ha estado para Kamala “siempre”, como no para de repetir en los amorosos mensajes que le deja en comunidades. Cogió una excedencia desde el momento en que ella anunció que peleaba en las primarias de su partido aspirando a ser candidata a la Casa Blanca -ganó Biden- y, pese a la timidez inicial, se transformó en el mejor speaker de sus mítines. Hasta se creó una etiqueta para seguirlo, #DougHive, como si fuera una estrella del rock. 

Ha sido una pieza importante en el equipo de transición del equipo Harris-Biden, ha movilizado a seguidores en redes sociales y, más que nada, ha humanizado la política, mostrándose como un tipo entusiasta encantado de que su mujer, en la que cree como nadie, haya apostado prominente. 

Tras ponerse a prueba como pareja en la pandemia, cuando pasaron juntos más tiempo que jamás, dice que no hay nada que no le agrade de su mujer. Y que la quiere más cada día. Y que es “la mejor”, sin más ni más. 

Que su acompañamiento va a ser inquebantable es seguro. Que hará varias cosas y no se va a quedar mano sobre mano, asimismo. La duda, quizás, es de qué manera se le va a llamar en los próximos 4 años. “A mí me chifla decir que soy el marido de Kamala Harris, sin más ni más”, afirma. bromea con el juego de iniciales, tan propio de la Casa Blanca, que resultaría en un horroroso SHUS (second husband of the United States), mas en las entrevistas responde sin duda: ni iniciales ni cargos. “Honey” es la palabra elegida. 

Sus amigos comentan que le va bien, que le pega. Que ha dejado atrás el traje de letrado agresivo y es dulce como la miel. Por ella. Sólo se prosigue transformando, colérico, cuando juega al golf. A Emhoff le encanta competir. 




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