El cuento que no acaba

Se marcha finalizando ya la una parte de la trama de esta serie que habitamos las que hay presidentes de países grandes, muy rubios, y que toman decisiones muy populistas. El final de estos capítulos

Se marcha finalizando ya la una parte de la trama de esta serie que habitamos las que hay presidentes de países grandes, muy rubios, y que toman decisiones muy populistas.

El final de estos capítulos en los Estados Unidos de Trump no ha defraudado. De la chistera se sacó un ataque al Capitolio, con señores vistiendo muchas pieles de bisontes, lanzas, y algunos llamando a la guerra soplando por medio de cuernos… como si estuviéramos en la edad media. Si bien claro está que ese es el estado mental de una gran mayoría de , negacionistas, fieles en la tierra plana, racistas, homófobos…vamos, los retales que sobran en muchas familias.

Y digo ellos, sí. Aquí no caben dudas sobre si emplear el lenguaje inclusivo, ya que la mayor parte aplastante de estas tropas de energúmenos eran señoros. 

En este episodio penoso de la historia estadounidense varios, según veíamos las imágenes por televisión, estábamos deseando que Estados Unidos acudiera a dejar en libertad a Estados Unidos de las manos malignas de ciertos estadounidenses, hasta que nos dábamos cuenta de que el país que ejerce de “policía del mundo” es bastante miserable tratándose de protegerse a sí mismo… ¿o bien estaba orquestado?

Hedía el tufo a Bannon en esta acción en la que sin importar conocerse que podía pasar, solamente había policía para defender el edificio, y la que había ayudaba a abrir vallas o bien se sacaba selfies con gestos de nazis vestidos con parafernalia militar.

Sus eslóganes de segundo de parvulario repitiendo aquello que su líder supremo ha gritado por Twitter los últimos años, han sido clave a la hora de hacer este clima guerra civilista en Washington y esta deslegitimación de la elección de Biden.

¿No les suena esto de “gobierno ilícito”? Claro que sí, tiene exactamente el mismo sello de calidad de Steve Bannon y su populismo pueril, que se basa en reiterar mentiras, muchas veces, altísimo, aunque sepas que suenan absurdas y no te las creas ni tú.

Se terminó la pesadilla así de hacer política, por ahora, en los USA… pero en la serie spin off en Reino Unido, siguen teniendo a su rubio de turno mandando. Un Boris Johnson que nunca defrauda, nuestro Prime Minister lleva una semana agitada.

En la penosa liga de la Covid19, su ineficiencia llevó al país en las últimas semanas a dirigir en todas las estadísticas. Los 1.600 fallecidos del miércoles parece que debieran llevar a la exigencia de un más grande control de movimiento de los ciudadanos, pero Reino Unido es diferente.

No ha sido hasta la pasada semana en el momento en que algunas cadenas de mercados como Sainsburys y Morrisons decidieron que no van a dejar ingresar sin mascarilla. No lo hicieron en el mes de mayo ni agosto, no en octubre. Lo hacen ahora, con más de 80 mil muertos según “sus” recuentos.

La cadena Wetherspoons del desagradable Tim Martin, que fue entre las “mentes privilegiadas” en pos del Brexit, acaba de decidir que quizá deberían retirarse los pósters negacionistas de los pubs.

Mientras que se nos pide que nos encerremos, con la boca pequeña, y se multa a mujeres que se marchan a pasear a un parque a 5 millas de sus casas (nada que ver con las 400 millas que viajó el asesor Dominic Cummings infectado de covid), nuestra belleza rubia se marcha con su bicicleta de aventura al parque olímpico lejos de su casa, el 10 de Downing Street, y no se sonroja. Eso sí, siguiendo con su rutina, ahora le va a tocar ocultarse unas cuantas ruedas de prensa a fin de que no le pregunten si se puede salir o bien no, o por qué razón él y sus amigos tienen la posibilidad de llevarlo a cabo mientras que el resto de la población no. 

La actitud de los fieras en USA fue paralela a las bravuconadas de los fans del Brexit hasta el 31 de diciembre, mas últimamente, se le ve más muy mudos.

No vociferan sus eslóganes ridículos, y no van a festejar las innumerables secuelas positivas del Brexit. Quizás se volvió más clarividente que el planeta de ilusión en el que creyeron no existe, y el ámbito que se presagiaba y que llamaban “Project Fear” (emprendimiento temor) se están cumpliendo.

Para los amantes del humor a lo Monty Python, la prensa brexiteer y los comentarios de sus leyentes nos han dado una semana gloriosa.

España esta en el centro de la furia de varios británicos que dicen que a los españoles habitantes en Reino Unido nos tenían que obligar a registrarnos como hacen a sus emigrantes (me niego a decir deportados) en las Costa del Sol…ignorando que llevamos 2 años sorteando los obstáculos y registrándonos a través del estatus de asentado, impuesto por la Home Office.

Uno de mis favoritos ha sido sin lugar a dudas el grito de un brexiteer en redes sociales preguntándose si los puertos británicos están colapsados con el Brexit: “No es justo que solo estén colapsados nuestros puertos”, lamenta.

O quizá, la policía portuaria de holanda requisando sándwiches de jamón y queso a transportistas, y cuando se les pregunta el fundamento, contestando de manera socarrona “bienvenidos al Brexit”.

En materia de pesca, ahora se sabe, tras sacar pecho las finalizas semanas con su maravilloso tratado, se encuentran con un sector que trina. Y en los medios, Peter Wood, dueño de la compañía UK Glass Eels, hace aparición diciendo que su compañía va a la quiebra. Wood, que logró campaña con UKIP para salir de la UE, en este momento no puede vender su producto, mientras que Nerys Edwards en Gales, que exportaba mejillones a España y que asimismo hace menos de 18 meses se vanagloriaba de haber votado por el Brexit, en este momento se lamenta de las trabas impuestas.

La palma, eso sí, para Jacob Rees-Mogg. El parlamentario, con sus manerismos y su política elitista, acabó una semana llena de tonterías asegurando en la Cámara de los Comunes que el pescado es ya “británico” y por esto, “más feliz”.




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