De esta forma se derrumbó el muro de Wall Street

Dado Ruvic / Reuters Se suponía que WallStreetBets iba a ir de tranquis. Su constructor, Jaime Rogozinski, era consultor en Washington y estaba cansado del envaramiento del lenguaje financiero: deseaba un espacio para dar consejos

Se suponía que WallStreetBets iba a ir de tranquis. Su constructor, Jaime Rogozinski, era consultor en Washington y estaba cansado del envaramiento del lenguaje financiero: deseaba un espacio para dar consejos sobre inversiones de manera coloquial. Creó en 2012 un jardín para relajarse, lo cesaron por “avaricioso” unos años después y su criatura ha resultado ser un tiburón con la capacidad de morder a Wall Street.

“Jamás imaginé que esto podría ocurrir”, ha reconocido este hombre de 39 años que se hace llamar Jartek en el planeta virtual. Ni él ni nadie. Lo de que un ejército de foreros pusiese a tremer a los enormes fondos y consiguiese disparar en más de un 1.000% el precio de las acciones de GameStop, una cadena de juegos para videoconsolas con muchas problemas económicos, era algo que solo cabía en la cabeza del que haya escrito los guiones de 2020 y 2021.

Nada es tan bonito como parece, mas todo tiene una explicación y está en la historia del foro de discusión que Rogozinski creó en Reddit en el momento en que trabajaba en el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington. Ahí, entre memes, vaciles, triunfos y descalabros monetarios, fue cristalizando la idea de que el Bien podía vencer sobre las fuerzas del Mal. O, al menos, el convencimiento de que se podía ganar pasta troleando a los enormes del mercado financiero.

La clave de todo en WallStreetBets, según su principal creador, es la sinceridad: allí los usuarios cuentan en el momento en que ganan, pero asimismo en el momento en que ven volar su dinero por una mala resolución. Todos juegan bajo exactamente la misma máxima: YOLO. You Only Live Once. Solo se vive una vez.

De comunidad a ejército

Los pertenecientes de WallStreetBets a lo largo de los primeros años de vida del foro de discusión eran poco más de mil jóvenes inversores que se hacían llamar “corrompidos”. Ahora, el foro de discusión tiene más de 5,7 millones y es ese músculo el que les permitió retar a los fondos que fundamentan su fortuna apostando por el hundimiento de empresas en problemas.

La clave para ese crecimiento ha sido, entre otras cosas, la popularidad de novedosas herramientas digitales como la interfaz Robinhood, una aplicación creada con el propósito de democratizar el acceso a los mercados financieros.

Los foreros no perdona la codicia excesiva. No la de su constructor, Rogozinski, que en este momento tiene 39 años y vive en Ciudad de México con su mujer y sus dos hijos. Este fue defenestrado como administrador de WallStreetBets tras la publicación de su libro WallStreetBets: How Boomers Made the World’s Biggest Casino for Millennials (WallStreetBets: cómo los boomers hicieron el casino más grande de todo el mundo para los millennials).

La red social, su red social, le dio la espalda y le quitó el control. Como se lo han quitado en este momento a fondos como Melvin Capital, que habían invertido en corto apostando por la caída en Bolsa de GameStop y que prosiguen haciéndolo con otras compañías. 

Al tratarse de una compañía pequeña, esta idea colectiva de WSB provocó un efecto inmediato en el precio de las acciones de GameStop. Los títulos subieron un 18% el primer día de la semana, un 93% el martes y un 134% el miércoles. 

¿La victoria del Bien contra el Mal? No está tan claro. No pocos son los analistas que consideran que esta red social convertida en ejército está actuando exactamente como esos a los que parecen batallar: manipulando el mercado para embolsarse grandes cantidades de dinero.

Atravesar la línea

Tras el éxito logrado en GameStop, estos inversores también han apostado por otras compañias en adversidades como Blockbuster, los cines AMC, la empresa de teléfonos Blackberry, la cadena de tiendas Bed Bath & Beyond y la compañía de alquiler de aviones AeroCentury. Nadie sabe hasta cuándo durará esta euforia y de qué forma de grande va a ser la caída.

“Un conjunto de individuos se ha ordenado colectivamente para tener un taburete en la mesa de póker, donde antes solo te sentabas por convidación”, enseña el fundador, para proteger que la buena intención impulsaba su emprendimiento. Ahora no lo tiene tan claro.

“La red social por el momento no es lo que era”, se lamenta desde el exilio. Considera que el ejército del foro de discusión que fuera su válvula de escape está suficientemente envalentonado para cruzar algunas líneas rojas. No habla completamente desde el rencor: hace unos días, recibió la llamada de un enorme inversor a corto que le solicitaba asistencia para templar los ánimos de cientos y cientos de inversores online que le perseguían a él, a su mujer e inclusive a su hijo.

El pasado le persigue y Rogozinski se expone asustado por el futuro. “Es como ver una de esas películas de terror en las que puedes ver al malo subiendo lentamente las escaleras”, teme.




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