Los sanitarios, nuevamente al límite: «Me da pánico volver a hacer triaje, a decir ‘este sí, este no’»

REUTERS/Nacho DoceUna sanitaria atiende a un tolerante de UCI en el Hospital de Sant Pau de Barcelona, el 21 de enero de 2021.  “Cansados”, “desmotivados” y “desbordados” son las palabras que más repiten cuando se

“Cansados”, “desmotivados” y “desbordados” son las palabras que más repiten cuando se les pregunta “¿qué tal?”. Los sanitarios llevan sus espaldas no una ni dos, sino más bien tres olas pandémicas en menos de un año. Y quizá lo peor es que en el horizonte más cercano no ven optimización. Los retrasos en la vacunación y la aparición de novedosas cepas se suman a los estragos que dejaron a su paso unas navidades ‘salvadas’.

En varias comunidades autónomas, entre ellas Comunidad Valenciana, Murcia, Baleares y Andalucía, la tercera ola del coronavirus es aun más fuerte que la primera, en el momento en que la peor parte se vivió principalmente en la Red social de La capital española y Cataluña. Los centros de salud y sus profesionales ahora no tienen idea de dónde sacar más camas: hospitales de campaña, capillas y hasta paritorios se usan para ampliar su aptitud. Pero semeja que jamás es suficiente, y los sanitarios por el momento no solo se preocupan por los pacientes covid, sino por aquellos que, sin tener coronavirus, no pueden ser atendidos como deberían. 

“Me da pánico regresar a hacer triaje de guerra”

“Tengo temor a que se me mueran los pacientes”, sentencia Javier Ortega, cirujano general en el Hospital del Tajo en Aranjuez y delegado sindical de Amyts. El médico pasó de sentir “pánico” por la enfermedad a temer por la vida de la gente que asiste a él.

“Ahora mismo no tenemos la posibilidad de dar asistencia a quienes no sean covid. Y eso es muy duro”, asegura. “Los cirujanos operamos cánceres; y si no operas esos cánceres, la multitud se muere. Si retrasas un régimen quirúrgico oncológico, la mortalidad es bestial”, advierte.

“En el mes de marzo tenía pánico al virus. Tengo 56 años y tenía miedo a morirme, a transmitir la enfermedad a mi familia. Ahora lo he pasado, ya sé lo que es, ya estamos vacunados y tenemos máscaras, pero la población no está protegida. El miedo que tengo es no poder asistir a la población ‘habitual’ que tenga un tumor, una perforación o bien lo que sea”, detalla. “Me asusta tener que regresar a llevar a cabo triaje de guerra, a decir ‘este sí, este no’. He visto fallecer a gente de 40 años en cosa de una hora durante una guardia Covid en Urgencias. Y eso es deprimente”. 

Tengo temor a que se me mueran los pacientes

En marzo se suspendió toda la actividad quirúrgica programada de su hospital, y todos y cada uno de los equipos quirúrgicos pasaron a planta Covid. Esto mismo va a suceder “desde la próxima semana”, cuenta Ortega. No es una predicción a futuro, es lo que ya le han afirmado en su centro: “Volvemos al ámbito de marzo”.

Se reitera exactamente la misma pesadilla, aunque con alguna distingue. “seguramente nos trasladen a hospitales ‘limpios’ [sin covid] para efectuar cirugías programadas. Pero, además de esto, se baraja la posibilidad de que nos trasladen como acompañamiento al Zendal. Y esto me pone los pelos de punta”, confiesa el cirujano. “Todo el planeta tiene en cabeza lo de los traslados forzosos”.

Javier Ortega critica la manera en que se trata a los sanitarios por parte de los causantes de la gestión. Y dentro de la Red social de Madrid, los traslados al Hospital Enfermera Isabel Zendal, el mediático centro de pandemias construido en tres meses, son el tema más espinoso.

“Conozco a anestesistas a los que desearon enviar al Zendal y, como dijeron que no, los han echado a la calle”, asegura Javier Ortega. No obstante, esos sanitarios no se han ido al paro: “Al día después ahora tenían un contrato en Toledo por un par de años. Nos cogen con las manos abiertas”.

Se baraja la oportunidad de que nos trasladen como acompañamiento al Zendal, y eso me pone los pelos de punta

“En el momento en que se abrió el Ifema, no se forzó a la multitud a ir allí a trabajar. Con el Zendal, sí. Y la gente no trabaja de esta manera a gusto. El desánimo y la desmotivación son totales. No me extraña que haya críticas, que salgan fotografías de baños sucios y comida de mala calidad”, dice. Ortega cree que los traslados forzosos al hospital Isabel Zendal han sido “una gran equivocación”. 

“Si en vez de forzosos se coge a voluntarios, se les ofrece un plus, 2.000 euros al mes y puntos plus, la multitud iría más contenta a trabajar”, mantiene el cirujano, que enseguida matiza que las críticas no son pues sea “izquierdoso”. De hecho, Javier Ortega milita en Ciudadanos, el partido que cogobierna con el PP de Isabel Díaz Ayuso. “Pero en este caso soy muy crítico con los míos. Lo hacen mal”, afirma.  

El colapso ya llegó… el pico, todavía no

En su hospital, por ahora, la cosa “se está poniendo muy mal, muy mal, muy mal”. “Ya está colapsado”, afirma. Y ni él ni sus compañeros pueden más. “Estamos cansados, desmotivados… Y además del desánimo de los sanitarios, es que falta personal, más que nada de enfermería”, apunta Ortega. “En la primera ola vinieron enfermeras voluntarias de Murcia, de Almería, porque Madrid era el epicentro. Ese personal joven con ganas de trabajar ahora no lo poseemos. No se contrató a la gente, ese es el problema, y esta ola nos irá a ofrecer una cornada impresionante”. 

Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, todas las comunidades y localidades autónomas de España, salvo Canarias, Asturias y Navarra, superan el 25% de ocupación de UCI por covid, marcado como umbral de peligro radical. La Comunidad Valenciana, a la cabeza en esta tercera ola, tiene más del 60% de sus camas UCI ocupadas por pacientes covid. Castilla-La Mácula, La Rioja, Melilla y La capital española superan el 50%. 

Desde el instante en que baja la incidencia hasta que esto se refleja en ingresos y fallecimientos, tienen que pasar unas semanas

El director del Centro de Coordinación de Señales y Urgencias Sanitarias, Fernando Simón, lleva días señalando que el país ya ha llegado al pico de la tercera ola, algo que no convence a todos. “Creo que no está muy claro que estemos en el pico. No no cabe duda de que esté bajando la velocidad de desarrollo de contagios”, sostiene Manuel Franco, epidemiólogo y portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). 

Más allá de que se hubiese superado el pico, tampoco significaría que la situación hospitalaria fuera a progresar de la noche a la mañana. “Desde el momento en que baja la incidencia hasta que esto se refleja en los capital hospitalarios, en UCI y fallecimientos, deben pasar unas semanas”, explica Manuel Franco, para quien resulta “imperioso” bajar la transmisión. “Es probable que en los hospitales lo malo esté por venir”, advierte. 

“Tres ocasiones peor” que en marzo

María (nombre ficcional) duda que la situación pueda empeorar en el Hospital Clínico Universitario de Valencia, donde trabaja como partera. “Ya nos encontramos tres veces peor que durante la primera ola”, afirma. “En noviembre ya empezó a ponerse mal la cosa, pero ahora ya ha sido el desborde”, dice. “Primero suspendieron todas y cada una de las ocupaciones no urgentes en los quirófanos y empezaron a usarse como UCI, pero jamás llegamos a meditar que pasaría lo que nos pasó. Creíamos que el paritorio no se tocaba”.

Sus compañeras y ella estaban equivocadas. “Desde el pasado viernes nos encontramos sin paritorio porque de la noche a la mañana lo han convertido en una UCI covid”, enseña la matrona. La mujer sabe que la situación es extrema, pero no comparte la resolución que tomó el hospital, y mucho menos las formas. “Todo se ha hecho muy precipitadamente, a salto de mata. Las compañeras no sabemos bien dónde tenemos que llevar ahora a las señoras que vienen a parir”, cuenta. 

Emocionalmente, no podemos más. Llevamos ocho meses tragando carros y carretas

La situación, que en un principio iba a ser provisional, podría alargarse finalmente “numerosos meses”. “Emotivamente, no tenemos la posibilidad de más. Llevamos ocho meses tragando carros y carretas”, exclama la enfermera.

Según 2 nuevos análisis elaborados en España, el 45,7% de los profesionales sanitarios presenta un “peligro prominente” de sufrir algún tipo de trastorno mental, y casi el 30% ha padecido depresión tras la primera ola de coronavirus. A la matrona no le sorprenden esas cantidades. “En cualquier momento me da una crisis inquieta”, comenta.

“Comentan que la población va a estar bien atendida, mas desde dentro vemos otra cosa. Las pacientes se marchan a conocer perjudicadas”, lamenta la comadrona. “La situación es un desastre. Y no hablamos por nosotras, que somos trabajadoras y ya está; estamos hablando por nuestras pacientes”.

Lo peor podría estar por venir

Javier Ortega entiende la sensación de la que habla María. En verdad, hay días que el cirujano elige no ver los datos de coronavirus. “Da verdadero temor ver los números, pues en epidemiología las cantidades no engañan nunca, y sabes lo que pasará”, afirma. “Si ayer se asentaron 5.000 casos en la Red social de Madrid, ya sabes que en diez días un 1%, 50 personas, van a morir y que más de 200 van a entrar en hospitales. Es despiadado”. El cirujano está seguro de que, cuando menos en su hospital, lo peor está por venir.

“En cuestión de días esto puede colapsar”, coincide Manuel Menduiña, especialista en Medicina Interna del Hospital Virgen de las Nieves de Granada. “Esta semana hemos vuelto a suspender intervenciones y he vuelto a planta”, cuenta.

Estamos realmente mal. El cansancio no es tanto físico como psicológico

El internista describe la pandemia como “una montaña rusa” en la que se hacen “sacrificios tremendos”, se doblega la curva, la sociedad se relaja y, de nuevo, la situación se descontrola en los hospitales.

Ahora lo que más siente Menduiña es que, de nuevo, “comienza a resentirse la atención a los pacientes crónicos”. Su hospital está en un ritmo de unos 60 nuevos pacientes diarios (aproximadamente 40 covid y 20 con otras nosologías), “y eso no hay quien lo aguante”, lamenta.

“Otra vez nos encontramos muy cerca del colapso, y ya no hay más personal. Por el momento no hay más gente para contratar. Nos encontramos los que estamos”, afirma. Y los que están ahora están “desbordados”. “Estamos verdaderamente mal. El cansancio no es tanto físico como psicológico. Por el hecho de que volvemos a conocer a las familias rotas por las muertes y las hospitalizaciones”, señala Menduiña. “Es cierto que hemos aprendido a tratar mejor el virus, pero el virus prosigue haciendo bastante daño”. 

Las navidades (y la nueva cepa), en el punto de atención

Todos y cada uno de los sanitarios consultados hablan de principalmente los encuentros navideños como ‘causantes’ de esta situación, si bien asimismo tienen un ojo puesto en la expansión de la cepa británica, hasta un 70% más transmisible, y en los ritmos de vacunación, inferiores a lo que se espera. 

Manuel Franco cree que tanto la Navidad como la novedosa variación han influido en el descontrol de la epidemia, pero piensa que hay más. Por ejemplo, no concibe que zonas como La capital española, donde reside, mantengan el interior de la hostelería abierto en el momento en que la red social presenta una tasa de incidencia próxima a los 1.000 casos por 100.000 pobladores.

Proseguimos siendo reactivos en vez de proactivos. Y no podemos continuar con parches: hay que remarcar la salud pública y la atención principal

“Estamos en una situación de peligro altísimo”, asegura Franco. “Estar con 1.000 casos por 100.000 pobladores es una barbaridad”, alarma. La Comunidad Valenciana, Murcia, Castilla y León, Extremadura, La Rioja y Castilla-La Mancha ya han superado esa ‘barrera’. 

“Es muy fácil decir que nos hemos pasado tres pueblos en las navidades y que la cepa ha descontrolado los contagios. Creo que fué un poco de ámbas cosas”, opina Manuel Franco. “Pero pienso que, además, seguimos siendo reactivos en vez de proactivos en las decisiones sobre la pandemia. Y no podemos seguir con parches: hay que reforzar la salud pública y la atención principal. Hay que parar la transmisión”.


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Tuits que comentan el desastre del Hospital Isabel Zendal


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