ET y Elliott llegan al Congreso

EFEEl representante de ERC en el Congreso, Gabriel Granuja, interviene, este miércoles, a lo largo de la primera sesión de control al Gobierno en el Congreso desde el mes de diciembre. ¿Se acuerdan de ET?

¿Se acuerdan de ET? La película del tierno extraterrestre desarrollado por Spielberg que tiene casi 40 años y que observamos cada Navidad. Ya que bien, ingresar en el Congreso de los Miembros del congreso de los diputados tras las vacaciones navideñas y pandémicas es como ingresar en la burbuja de plástico con que la NASA envuelve la casa de Elliot y del ahora pachucho ET. Es una sensación de irrealidad bien difícil de batallar con la que cae ahí afuera. Es tal y como si aquí dentro el tiempo no pasara, como si la tercera ola que asuela ciudades y pueblos y que tiene acogotada y deprimida a la gente en la calle aquí no penetrara a través de ese plástico enorme y transparente que parece pegarse a todas sus señorías.

La estrella invitada hoy era Miquel Iceta, el nuevo ministro de Administración Territorial que termina de llegar a La capital de españa para ceder su puesto a Salvador Illa como candidato socialista a la Generalitat. Antecedido del aura de aplomo y calma, además de político hábil, hubo que aguardar a las 10:12 horas de la mañana para que demostrara si la practicaba o no. A esa hora, Macarena Montesinos, miembro del congreso de los diputados del PP, ha entrado con todo el armamento de que disponía para sacar de sus casillas al nuevo titular de la política autonómica y territorial. No lo consiguió. Montesinos le ha acusado de exigir el indulto de los golpistas catalanes -los independentistas-, de estar a años luz de la Constitución, de practicar el cinismo, de bailar al son de los independentistas y de venir a La capital de españa a un retiro dorado. Por ejemplo linduras. Iceta respondió recordando su extendida trayectoria desde 1978 en política, que va a ser el más grande defensor de la Constitución y, como es natural, ha tirado de sus palabras preferidas, utilizadas entonces con Inés Arrimadas asimismo: Sosiego y diálogo. Iceta emplea pluma estilográfica en sus notas en tiempos en los que hay que teclear a toda agilidad en Twitter. Fué Gabriel Granuja, en las interpelaciones al Gobierno, quien ha ironizado sobre la al azar de que Iceta en La capital española sea considerado independentista o filoindependentista, conque el flamante nuevo ministro ha pedido que le asista a desmentirlo. Veremos.

Fué sobre las 11 de la mañana en el momento en que se ha materializado el sueño de que Iceta y Rufián eran ET y Elliot en la burbuja aséptica, por el hecho de que se han respetado e incluso admirado con disimulo en este guirigay tan obsoleto que vive a espaldas de la ciudadanía desde hace unos meses. El exdirigente del PSC se ha lanzado con su tono tranquilo, dialogando bajo ese eslogan que ha lanzado más veces, y ha anunciado a los integrantes de la Cámara que ha venido para mantener “una relación de sinceridad”. Y con el humor que le caracteriza, aunque le recomiendan siempre no llevar a cabo bromas, ha recordado otro de sus mantras: “He nacido para pactar”. En resumen, que el debate entre el representante de ERC, Gabriel Rufián, y Miquel Iceta ha sido una bocanada de aire de sosiego, alguna sinceridad y algo más. Iceta, leal a su pasado de joven fontanero en La Moncloa de Narcís Serra hace décadas y discípulo en varias cosas de Alfredo Pérez Rubalcaba, tuvo un recuerdo para el malogrado político socialista. Pero da lo mismo, en minutos, los miembros del congreso de los diputados del PP, Ciudadanos y Vox se publicaron a criticar que ese tono civilizado del enfrentamiento -no exento de dureza en su fondo- no hace más que avanzar el futuro pacto de Gobierno en Cataluña entre ERC y PSC. Sueños.

El día de hoy, el argumentario de los populares se ha basado en la pregunta: ¿Dónde está el informe del Consejo de Estado?

Obviamente a esta altura a nadie se le ha olvidado que el próximo 14 de marzo hay elecciones en Cataluña. Y el resto de la mañana ¿en qué se les ha ido a sus señorías? Mientras que ahí afuera la gente leía que 29.800 personas han muerto de covid en las residencias, que los equipos sanitarios están desbordados, agotados, mientras los ciudadanos intentan acertar cuáles son las normas para desplazarse de una localidad a otra, de un pueblo a otro. Y algunas voces hablan de “socorrer la Semana Santa”. Da frío. Y todo ello aderezado con el escándalo sobre las vacunas. Pues ¿saben qué? Nadie ha atornillado a la nueva ministra de Sanidad, Carolina Darias, preguntando por los escándalos de políticos que se han saltado el protocolo para ser vacunados los primeros, antes que población de peligro y sanitarios. Indudablemente pesa visto que todos los partidos tienen en sus filas a individuos sin ética, que se pasaron por el arco de triunfo los protocolos. 

Todo comenzó, como tantas otras veces, con la entrada del presidente del Gobierno, Sánchez, a las nueve menos un par de minutos. Pedro Sánchez y Aitor Esteban han tenido que pegarse hombro con hombro para atravesar juntos la puerta de entrada al hemiciclo, seguidos de cerca por la vicepresidenta Carmen Calvo. El presidente y el representante del PNV estuvieron unos minutos charlando; más bien Esteban hablando y Sánchez asintiendo, mientras Calvo se sentaba a la izquierda del presidente, seguida de Pablo Iglesias y su inconfundible moño -empieza a ser viejuno a costa de intentar ser tan vanguardista- y la vicepresidenta económica, Nadia Calviño. Entre Calviño e Iglesias hay otra mini burbuja invisible que repele a uno del otro, transmitida desde la situación envarada de los dos, viendo adelante o a sus papeles. Ni un comentario del uno para el otro en el momento en que fueron interpelados por la oposición. Da lo mismo, en La Moncloa mantienen que esa imagen estimula a los intereses particulares de cada uno. Ellos sabrán.

El PP ha cargado contra Vox, que la semana anterior con su abstención al lado de Bildu salvaron la votación del decreto de los fondos europeos.

Y luego llegó el pan nuestro de cada día. Hoy, el argumentario de los populares se ha basado en la pregunta: ¿Dónde se encuentra el informe del Consejo de Estado? Presuntamente, un informe que está contra el decreto del reparto de los fondos europeos. A estas horas, aún no ha aparecido ese informe, pero es seguramente lo va a hacer en breve y va a haber que esperar qué trayectoria tiene. De paso, han cargado contra Vox, que la semana anterior con su abstención junto a Bildu salvaron la votación del decreto de los fondos europeos. Hay que rememorar que los populares pasaban extensamente de los informes del Consejo de Estado cuando su opinión contradecía la suya. Es lo que sucedió en el momento en que en el mes de enero de 2018 Rajoy buscaba el aval del Consejo de Estado para enseñar un recurso ‘preventivo’ frente al TC para evitar la candidatura de Puigdemont y lo único que logró fue el rechazo unánime de todos y cada uno de los miembros que lo componen, entre aquéllos que se encuentran expolíticos del PP. Aun así, prosiguió adelante con sus planes, ignorando el dictamen. Los informes del Consejo de Estado no son vinculantes.

En estas estábamos, sumidos ya en el ámbito enfermizo y insistente de la Cámara, en el momento en que llegaron los de Vox: Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith y Gil Lázaro. Salvo la intervención de Espinosa preguntando datos económicos catastróficos a Calviño, Ortega Smith y Gil Lázaro se publicaron sobre el ministro del Interior, Fernando Marlaska, con sus brutalidades sobre inmigrantes ilegales trasladados a la península, acoso a los adeptos de Vox que presuntamente son arremetidos todo el tiempo… En fin, los goteos de la política trumpista de esta extrema derecha que preocupan a Marlaska. Sí, el ministro del Interior ha llamado la atención sobre los rastros de algunos grupúsculos para cuestionar futuros desenlaces en elecciones.

Por lo demás, sigue sin haber corredores, solo se puede emprender a los políticos bajo el patio del Congreso, entre la Carrera de San Jerónimo y la calle Zorrilla. Y sí, sus señorías se sienten cómodas. Ahora se han acostumbrado a las máscaras, aunque la presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, les ten en cuenta que más allá de que se oculten tras la mascarilla, los conoce muy bien. 




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