La vida en los bosques: Pequeños criados por animales

La vida es extraña y el hombre lo es más. En ocasiones es con la capacidad de perder la humanidad que lo caracteriza como especie, pudiendo llegar incluso a desentenderse de sus hijos. Muchos son

La vida es extraña y el hombre lo es más. En ocasiones es con la capacidad de perder la humanidad que lo caracteriza como especie, pudiendo llegar incluso a desentenderse de sus hijos. Muchos son los casos documentados de niños que, tras ser abandonados por sus progenitores, lograron subsistir sin contacto humano merced a los animales que los cuidaron y resguardaron como a uno más de ellos.

En Chita, Siberia, una pequeña de tres años llamada Natasha, fue encerrada por sus progenitores en una habitación adjuntado con varios perros y gatos. Para , su hija era otra mascota más.

Un par de años mas tarde, la policía halló a la niña. La habitación se encontraba en un estado insalubre, con el suelo plagado de heces, orines y restos de comida. Cuando la policía entró, la pequeña empezó a ladrar al lado de los demás perros, suponiendo que venían a tirarles comida. La pequeña estaba sucia, malnutrida, paseaba a 4 patas y no utilizaba las manos. Natasha logró superar las gélidas temperaturas siberianas debido a que los animales, sabiendo que la niña podía morir de frío, le dieron calor con sus cuerpos a lo largo de todo el tiempo que permaneció con ellos.

Parece ser, en el momento en que la policía se dispuso a salvar a la pequeña, los perros y gatos que la acompañaban le hicieron frente, y tuvieron reales problemas para podérsela llevar.

Un año antes, en Argentina, una oficial de policía que se hallaba patrullando descubrió al lado de una alcantarilla a varios gatos. Con había un bebé de un año. El pequeño, que se encontraba en buenas condiciones, había sobrevivido merced a sus cuidados.

A lo largo del tiempo que el niño había permanecido con ellos, los gatos lo alimentaron, le brindaron calor, lo limpiaron… al igual que hacían con sus crías. En el instante de aparecer la policía, esta se encontró a varios de los gatos acurrucados al lado del niño con el fin de que su cuerpo no padeciera el frío, en tanto que era invierno y las temperaturas se habían desplomado.

“Al intentar salvarlo, la manada de monos hirió y lanzó fruta y piedras a las personas que formaron parte de la operación.”

Al intentar rescatar al pequeño, los gatos atacaron a los agentes para impedir que se lo llevaran o pudieran hacerle algún daño.

En la década de los ochenta, un chaval llamado John Ssebunya se escapó de su casa al presenciar que su padre maltrataba a su madre y decidió huir a la selva. Allí un grupo de monos lo adoptó, siendo precaución y alimentado por ellos.

John, por su lado, fue imitando poco a poco el accionar de estos y aprendió a estar comunicado con la manada. Años mas tarde, se descubrió mientras se encontraba intentando encontrar comida. Al intentar salvarlo, la manada de monos agredió y lanzó fruta y piedras a las personas que participaron en la operación, para proteger a su integrante humano.

Al joven le había crecido una gran cantidad de pelo en la espalda, que curiosamente desapareció tiempo después, al dejar de estar en contacto con los monos. Fue ingresado en un orfanato y adoptado después por una pareja que le enseño a comportarse como un humano. Más adelante, John destacaría en el mundo de la música como artista e intérprete de guitarra, dando fascinantes conciertos por varios países. Años mas tarde, el joven fue llevado de nuevo a la selva para visitar a su segunda familia, la manada de monos que lo acogió, y se verificó que aún podía estar comunicado con como uno más.

“El haber vivido siempre entre gallinas y sin ningún estímulo exterior afectó seriamente a su cerebro.”

Entre los casos más tristes es el de Maria Isabel Quaresma Do Santurrones, una pequeña a la que su madre con problemas mentales encerró en un gallinero desde su mas tierna infancia, hasta los nueve años en los que fue rescatada.

La niña reaccionaba igual que las gallinas. Andaba como ellas, y llevaba siempre y en todo momento sus brazos encogidos, moviéndolos como si en vez de brazos fuesen las alas. Padecía arduos problemas digestivos y de crecimiento gracias a su mala nutrición. No hablaba, únicamente cacareaba como las demás gallinas y pasaba de la rabia más absoluta a quedarse absorta y ausente de todo cuanto le rodeaba.

El haber vivido siempre y en todo momento entre gallinas y sin ningún estímulo exterior afectó con seriedad a su cerebro y también hizo que este se estancara en los un par de años de edad. Hoy día está ingresada en una institución siquiátrica donde únicamente logró estudiar a caminar erguida y a enseñar alguna reacción frente al miedo o el amor.

En todos de estas situaciones hemos podido ver de qué forma los animales cuidaron de estos niños dándoles el calor humano que les faltó y admitiéndolos como a uno más de la manada. Aparentemente una vez mas, los animales vuelven a darnos enseñanzas de la humanidad que tienen y que , a veces, parece que perdimos.

Para quien desee acompañar la lectura de este articulo con la música que sonaba de fondo mientras que lo escribía, os dejo ahora el enlace.

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