No es la Ley trans, es la pelea por el control del feminismo

SOPA Images via Getty Images En 2014 Andalucía se convirtió en la primera red social autónoma de España en aprobar una Ley trans que contemplaba la autodeterminación del género. Se ponía así fin al tutelaje

En 2014 Andalucía se convirtió en la primera red social autónoma de España en aprobar una Ley trans que contemplaba la autodeterminación del género. Se ponía así fin al tutelaje psiquiátrico y médico de las personas trans que las ordena a tener que presentar un certificado de que no son enfermas mentales para poder entrar a tener un DNI en relación a su identidad sexual o de género. La ley andaluza salió aprobada unánimemente de todos y cada uno de los conjuntos políticos que en ese momento tenían representación en el Parlamento andaluz: PSOE, PP y también IU. 

“El Parlamento andaluz da el día de hoy a luz una ley muy esperada, conocida, tramitada en tiempo récord, con una palabra inexplorada en estos momentos, unanimidad. Conseguimos el más destacable texto que este colectivo se merece”, afirmaba en la tribuna de la soberanía del pueblo andaluz la diputada socialista Soledad Pérez, ponente adjuntado con Alba Doblas (IU) de la ley de transexualidad que se aprobó en 2014, a su vez inspirada en la ley argentina de 2011.

Merced a la Ley trans de Andalucía y en el campo rivalidad de la red social autónoma, las personas trans han podido cambiar su tarjeta sanitaria o universitaria y la Junta puso en marcha un protocolo pionero en las escuelas, universidades y también institutos que ha garantizado el respeto a las infancias trans y eludido mucho padecimiento, mucha discriminación y varios suicidios, al unísono que ha educado a toda la comunidad educativa en el respeto a la diversidad. Con que sólo la familia de un menor informe a un centro educativo de que su hijo o hija es trans y notifique el cambio de nombre, la ley ordena a cambiar el nombre en los listados de clase y en el boletín de notas y permite al menor emplear los baños y vestuarios de deportes acordes a su género.

Después de Andalucía han venido doce comunidades autónomas más a incluir la autodeterminación del género en sus legislaciones: Red social Valenciana, La capital española, Extremadura, Murcia, Navarra, Aragón, Baleares, País Vasco, Canarias, Cantabria, Cataluña y La Rioja –esta última en trámite parlamentario en estos momentos–. Salvo Galicia, Asturias, Castilla y León y Castilla-La Mancha, todas y cada una de las CCAA cuentan con legislaciones que contemplan la autodeterminación del género. En todas y cada una estas comunidades las leyes han salido adelante con la participación activa, en el momento en que no con el impulso, del PSOE. La última comunidad donde se ha aprobado ha sido Cantabria, donde Podemos no posee representación en su parlamento autonómico.

Es más, desde el año 2006, por orden de la exdirectora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, las personas trans pueden seleccionar, en el momento de su ingreso, el módulo en el que van a estimar cumplir condena. No se conoce ni un solo caso de mujer trans que haya violado a mujeres no trans en centros penitenciarios. Ni un solo caso de pequeñas o universitarias trans que hayan usado los baños o vestuarios deportivos para abusar de sus compañeras valiéndose del derecho que le dan las leyes autonómicas. Entonces, ¿por qué un área del feminismo vinculado al PSOE ha emprendido una guerra contra la Ley trans con razonamientos propios de la ultraderecha que aseguran que esta normativa borra a las mujeres y las pone en riesgo de “futuros violadores vestidos de mujeres?”.

Un viejo feminismo institucional y académico se encara al nuevo feminismo popular e interseccional.

La autodeterminación del género está conocida por el PSOE en su último congreso federal, donde se aprobó la idoneidad de reformar la ley de rectificación registral de 2007 que, si bien en su instante fue un avance esencial, ya no sirve por el hecho de que somete a un proceso siquiátrico y ordena a las personas trans a un ‘vaciado’ de sus órganos reproductores para obtener el DNI. La opción es un pleito judicial costoso y largo que no todo el mundo puede costear ni está presto a aguardar a fin de que un juez le diga quién es después de pasar por un peritaje forense y desarrollo de años. ¿Se imaginan que a los gais, lesbianas o bisexuales nos afirmaran desde fuera cuál es nuestra orientación sexual pues de partida fuésemos tratados como enfermos mentales? O sea lo que se hace actualmente con las personas trans y es intolerable en un Estado democrático, social y de derecho.

Este consenso en pos de la Ley trans –con autodeterminación del género– no se rompe en mayo de 2017, cuando se registra en el Congreso la Ley LGTBI impulsada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) que contempla la autodeterminación del género. Ni en febrero de 2018, en el momento en que se registra la ley integral de transexualidad, inspirada en la ley andaluza de 2014, promovida por la Plataforma Trans. Ni solo una crítica del movimiento feminista y, mucho menos, del PSOE a ninguna de las dos leyes en el instante de su registro. Tampoco críticas mediáticas, al contrario. Se dedicaron piezas monográficas sobre que España se podía convertir en el país más progresista de Europa en el respeto y reconocimiento a la gente trans.

Sin embargo, en 2018 tiene lugar un fenómeno que lo cambia todo. El 8-M de 2018 se convierte en el año del estallido del feminismo habitual, una especie de 15-M del feminismo donde, por primera vez, ni el PSOE ni sus asociaciones  satélites son hegemónicas. Una nueva generación ha ensombrecido a las feministas históricas y, en lugar de responder con alegría y generosidad porque ahora son más mujeres para defender la igualdad, las feministas enlazadas al PSOE reaccionan de forma furiosa en clave identitaria. La diputada socialista Ángeles Álvarez hace filibusterismo parlamentario para boicotear la tramitación en el Congreso de la ley registrada en 2017. La Ley trans de 2018 no llega a la Mesa del Congreso porque el PSOE la paraliza por orden de Ángeles Álvarez, el día de hoy una de las portavoces más consagrados del feminismo transfóbico. 

En 2019 el 8-M vuelve a ser masivo, pero el 25-N de ese mismo año, Día Internacional contra la Violencia de Género, se producen divisiones de las manifestaciones y manifiestos. El feminismo se balcaniza. Por un lado, las asociaciones enlazadas al PSOE introducen disensos en los manifiestos, como la abolición de la prostitución, para romper la unidad; por otro, las organizaciones feministas más jóvenes, politizadas alrededor del 15-M y del 8-M de 2018.

Un viejo feminismo institucional y académico se encara al nuevo feminismo habitual e interseccional que, aparte de reconocimiento, defiende redistribución de la riqueza y aboga por un feminismo transversal para cambiarlo todo, que beneficie a todas las mujeres, y que el feminismo no ande únicamente como un lobby para los objetivos de las mujeres con poder. En verano de 2019 llega una edición nueva de la Escuela Rosario Acuña de Gijón, dirigido por la filósofa feminista y componente del PSOE Amelia Valcárcel, que lo recordarán por el hecho de que se hizo viral un vídeo con risas, comentarios jocosos e insultos transfóbicos que a su vez saltó a los medios generalistas. La Escuela Rosario Acuña no es una día feminista más, es el encuentro anual más esencial que, desde 2003, tiene el feminismo vinculado al PSOE y donde se dan debates que entonces ocuparán la agenda feminista en los próximos años. Es el enorme think tank del feminismo español y en 2019 se convierte en el think tank de un feminismo genitalista que afirma que las mujeres trans no son sujetos del feminismo “por el hecho de que son tíos”. 

En la Escuela Rosario Acuña de 2019 se decidió que la agenda feminista del PSOE de los próximos años tenía que girar cerca de la oposición a la Ley trans que PSOE y Unidas Tenemos la posibilidad de llevaban en sus propios programas electorales y que se incluyó en el archivo por el cual se firmó el acuerdo de coalición. Todo basado en un supuesto eliminado de las mujeres que no ocurría, sorpresivamente, cuando las leyes trans se aprobaron por el PSOE en los parlamentos autonómicos. Las feministas del PSOE se separan de la línea del partido por el hecho de que piensan que Pedro Sánchez les ha fallado por darle el Ministerio de Igualdad a Unidas Podemos y dejar fuera de las políticas feministas a las socialistas que creen ser las dueñas del movimiento. El monstruo ahora no se puede parar y acaba aun por hacer un arduo problema interno que divide al PSOE en dos mitades. 

En el fondo está el interés por hacer caer a la ministra de Igualdad, a la que consideran una okupa del feminismo.

Luego viene la creación de la Plataforma contra el Borrado de las Mujeres que fomentan Alicia Miyares, exjefa de gabinete de Amelia Valcárcel en el Gobierno asturiano y exasesora de María Teresa Fernández de la Vega en la Vicepresidencia del Gobierno de España, y Ángeles Álvarez, exdiputada del PSOE que es sacada de las listas por La capital de españa tras apoyar el golpe de Estado contra Pedro Sánchez y votar la investidura de Mariano Rajoy en el Congreso. Después de esta interfaz vienen cientos y cientos de artículos, charlas, tertulias, jornadas universitarias, bulos y tweets de claro contenido transfóbico donde se niega que las personas trans tengan derecho a decidir quiénes son. 

Y ahora como conclusión, llega el 8-M de 2020. Las feministas del PSOE marchan por su cuenta, llegan a las manos con la comisión organizadora de la manifestación de La capital de españa, rompen el cordón de seguridad y se lían a tortazos por situarse en cabeza a lo largo de la lectura del manifiesto. Para poner la guinda al pastel, y por si acaso a alguien le queda duda, en el mes de junio de 2020 se hace público un argumentario transfóbico firmado por Carmen Calvo, y enviado a todas y cada una de las agrupaciones del PSOE, en el que se les afirma a los componentes socialistas que las personas trans son “ficciones jurídicas” y que se opongan a la autodeterminación del género por el hecho de que borra a las mujeres.

Groso modo, o sea el resumen de lo que ocurrió en los últimos años hasta llegar al momento presente de guerra total entre las feministas enlazadas al PSOE, el Ministerio de Igualdad, el movimiento LGTBI y la mayoría del movimiento feminista que ha firmado un manifiesto con 11.000 firmas en pos de la Ley trans para marcar la diferencia de otros manifiestos contrarios a la ley que han promovido desde las organizaciones feministas que son satélites de los intereses de Carmen Calvo.

En el fondo está el interés por llevar a cabo caer a la ministra de Igualdad, a la que consideran una okupa del feminismo y una traidora a las políticas feministas del PSOE. Aún más en el fondo, lo que subyace en esta guerra es la lucha sin cuartel por el control del movimiento feminista con los argumentos, patrañas y retórica de la reacción frecuente de la ultraderecha. Las asociaciones LGTBI, históricamente muy afines al PSOE, siguen sin dar crédito de que el partido que históricamente más ha apoyado las reivindicaciones de la diversidad sexual sea felicitado aun por Vox por reproducir los mensajes de la organización ultraderechista Conviértete en Oír: “Los niños tienen pene y las pequeñas tienen vulvas”.

El PSOE se encara a una separación sensible con el movimiento LGTBI que no disculpará que la Ley trans no se apruebe y que podría aun conllevar como consecuencia la prohibición de que los socialistas desfilen en el próximo Orgullo LGTBI. Las feministas contrarias a la Ley trans, con razonamientos tan peregrinos como que los hombres desearán ser mujeres para no ser condenados por crueldad de género, tendrán que argumentar realmente bien su situación a fin de que no parezca tosca transfobia al servicio de la pelea por el control de un movimiento que ya no administran y de un ministerio que está gobernado por una nueva generación de feministas porque el PSOE por el momento no saca mayorías absolutas. No es la Ley trans, sino más bien la pelea encarnizada del PSOE por intentar controlar un movimiento feminista que se ha independizado de sus sedes.




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