Después del fiasco de Navidad, ‘salvar la Semana Santa’ no habría de estar en la agenda

Jesus Merida/SOPA Images/LightRocket via Getty ImagesLa gente pasea por la playa de La Malagueta (Málaga) en una imagen de enero de 2021.   ¿Alguien podía imaginarse que un político se atrevería a entonar el ‘salvemos la

¿Alguien podía imaginarse que un político se atrevería a entonar el ‘salvemos la Semana Santa’ después del novedoso y fallido mantra de ‘socorrer la Navidad’? Pues no ha hecho falta llegar a febrero para oírlo. Lo pronunció a fines de enero la ministra de Turismo, Reyes Maroto, que dijo que la Pascua podía ser “el reinicio de los viajes nacionales si se dan las condiciones de seguridad”. 

Es verdad que remachó su cita con un ‘si’ condicional, pero asimismo abrió la caja de Pandora. Dos días después de sus declaraciones iniciales, la propia Maroto volvió sobre el tema, y apuntó que España puede ser un país “muy atractivo” para los primeros viajes una vez haya pasado lo malo de esta tercera ola.

Tras estas expresiones, miembros del Gobierno y presidentes autonómicos se han distanciado del propósito de la ministra. “Es difícil que pueda haber una movilidad normalizada en ese periodo; es bien difícil que permanezca una libre circulación de personas en el tránsito aéreo o en el tránsito del turismo”, reconoció el martes la representante del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. “A menos que existan incidencias acumuladas bajas deberemos reiterar las medidas que actualmente ponemos en marcha para evitar que se genere una cuarta oleada”, explicó la portavoz, que mencionó al “estudio previo” conseguido en esta pandemia. 

Montero se mostraba bastante más precavida que su colega sobre todo por el hecho de que, un día antes, Fernando Simón ya había echado un jarro de agua fría sobre la cuestión en el momento en que El HuffPost le preguntó en rueda de prensa si coincidía con la ministra Maroto.

50 días para Semana Santa y una incidencia MUY alta 

“No sé qué margen poseemos hasta Semana Santa. Ahora la evolución es buena, pero no podemos confundir una evolución aceptable con una situación aceptable”, respondió el director del Centro de Coordinación de Señales y Urgencias Sanitarias (CCAES). “Nuestra situación va a ser aceptable si estamos en 50, 100 o aun 150 casos por 100.000 habitantes, pero por supuesto no va a ser aceptable si nos encontramos en 500, 400 ni en 200. No sé cuándo es Semana Santa, ni cómo estaremos, ni de qué manera van a estar las comunidades”, apuntó Simón.  

 

Por si todavía queda algún despistado, Semana Santa cae este año entre el domingo 28 de marzo y el domingo 4 de abril, siendo el 1 y el 2 de abril Jueves y Viernes Santurrón. O sea, quedan unas siete semanas.   

Hoy en día, España se sitúa cerca de los 750 casos por 100.000 habitantes y, aunque la tendencia es descendente, el fiasco de la Navidad está bastante fresco todavía. La ministra Montero iba bien encaminada cuando charló de un “aprendizaje previo”.

Ya se salvó (o no) el verano y la Navidad

Cuando se trató de ‘salvar el verano’, en el mes de septiembre el país experimentó su segunda ola pandémica. Pero todavía hacía buen tiempo, la gente podía reunirse en el exterior, y no circulaban variedades más transmisibles del virus, cuando menos que se supiese. En junio, en el momento en que se levantó el primer estado de alarma y el confinamiento más estricto, España tenía una tasa de incidencia inferior a 8 casos por 100.000 pobladores, cien ocasiones menos que en este momento.

En el mes de noviembre, el pico de la segunda ola se alcanzó con una incidencia acumulada de 530 casos por 100.000. Las comunidades aplicaron medidas restrictivas y, un mes después, la tasa estaba por debajo de los 200, que no es un número baja, sabiendo que el Gobierno marca su objetivo en los 50 casos por 100.000. La iniciativa era llegar a Navidad con la incidencia más baja viable (del mismo modo que ahora se busca hacer con Semana Santa), y se realizó lo que se ha podido, pero después de la Navidad, la curva fue imparable. En 4 semanas, se pasó de los 280 a los 900 casos por 100.000, una incidencia nunca antes registrada en el país.

El 27 de enero se tocó techo, y entonces la curva comenzó a bajar, pero los datos de hospitalizaciones y muertes no caen tan veloz. El 2 de febrero, España registró 724 muertes por coronavirus en un solo día, el peor dato desde abril. Con esto en mente, y con los centros de salud en situación crítica —el 45% de las UCI de España están ocupadas por pacientes covid—, cabe preguntarse si vale la pena lanzarse a ‘salvar la Semana Santa’. 

Caer en “falsas expectativas”

Los epidemiólogos opinan que no, o cuando menos no todavía. “Es un craso error regresar a la argumentación de estimar salvar una festividad o una fecha y plantearnos reanudar el fluído de viajes y de trasiego de personas en Semana Santa”, mantiene Daniel López Acuña, exdirector de la Acción Sanitaria en Crisis de la OMS. “No podemos pensar en una situación de abrir las compuertas cuando poseemos todavía incidencias altísimas”, remacha. 

Antes de tomar ninguna decisión habría que ver qué situación epidemiológica poseemos. Hay que ir semana a semana o mes a mesPedro Gullón

Pedro Gullón, médico especialista en Medicina Precautoria y Salud Pública y coautor de Epidemiocracia, cree que el principal error está en “ponerse un horizonte tan claro”. “Puede ser que en Semana Santa estemos en una situación epidemiológica lo suficientemente buena como para aceptar viajes interiores o es posible que no. Ya vimos que aventurarse o meditar que tenemos la posibilidad de controlar perfectamente los ciclos de transmisión y las datas resulta bastante equivocado”, opina. 

Gullón coincide con la postura de Fernando Simón, según la que “antes de tomar ninguna decisión habría que ver qué situación epidemiológica poseemos”. “Hay que ir semana a semana o mes a mes”, afirma el epidemiólogo. 

Sin embargo, para López Acuña las expresiones de Simón no fueron acertadas. “Me parece frívolo que diga que con incidencias de 100, o incluso 150, habría justificación para ‘abrir las compuertas’”, opina. “Con esas cifras, España estaría todavía en zona naranja o amarilla según el semáforo de riesgo de Sanidad”, apunta. Según la estrategia del Ministerio de Sanidad, una incidencia de entre 50 y 150 casos por 100.000 pobladores a 14 días se considera ‘riesgo medio’ y de entre 150 y 250, ‘riesgo prominente’. 

Si tuviéramos una incidencia de menos de 25 por 100.000, podríamos tener en cuenta varias cosas. Pero no nos encontramos ahí ni vamos a estarloDaniel López Acuña

“Si tuviésemos una incidencia de menos de 25 por 100.000, podríamos considerar varias cosas. Pero no estamos ahí ni vamos a estar ahí en 50 días, en el momento en que es Semana Santa”, zanja el epidemiólogo. “Creo que es un fallo planteárselo, producir falsas expectativas y autoengañarse o ser ilusorios con respecto a lo que se puede conseguir. Por satisfacer la expectativa de la gente, de las industrias o del turismo, no podemos incurrir en estos planteamientos que crean un peligro a la seguridad sanitaria y unas falsas esperanzas”.

La situación “va a ser muy dispar” entre comunidades

Ajeno de la incidencia que tenga el virus en España dentro de siete semanas, ese no sería el único indicador a tomar en cuenta, advierte Gullón. “No es lo mismo estar en 140 casos con una inclinación descendente que ascendiente, no es lo mismo si la comunidad está controlando las cadenas de transmisión o no”, enseña. 

El epidemiólogo presagia que “la situación va a ser muy dispar” entre las distintas comunidades autónomas. A priori, semeja casi irrealizable que regiones como Madrid lleguen a 150 casos por 100.000 pobladores cuando no baja de 200 desde mediados de agosto. En cambio hay otras como Canarias (170 casos por 100.000) o Cantabria (360) que parten de una mejor posición. En cualquier caso, insiste Gullón, “queda bastante tiempo para aventurar algo concreto”.

Y hay que agregarle las novedosas cepas más contagiosas

El razonamiento económico tampoco parece válido. La operación socorrer la Navidad tampoco funcionó en términos económicos, tal y como explica este artículo de El HuffPost, por lo cual tampoco tendría mucho sentido esgrimir ahora ese razonamiento. “Sería un error para la economía y para la seguridad sanitaria. Si se abre el país en Semana Santa suponiendo que de esa forma se favorece a las industrias, lo que se hace de todos modos es favorecer considerablemente más contagios, y más aún en presencia de variantes del virus más infecciosas, como la británica —que se hará dominante en las próximas semanas—, la sudafricana y la brasileña, de las cuales todavía no conocemos su gravedad y intensidad”, alerta López Acuña. 

Abrir el país ería un error para la economía y para la seguridad sanitariaDaniel López Acuña

Es verdad que, por un lado, el clima podría jugar a favor de cara a la Semana Santa —en comparación con Navidad—, pero la presencia de nuevas variedades más transmisibles y desconocidas juega por supuesto en contra. “Es una dificultad añadida”, reconoce Gullón, que explica que, “si bien las medidas para combatirlas sean las mismas, a lo destacado se deben poner un poquito antes”. “Por supuesto, no es una buena noticia”, apunta. 

Ambos epidemiólogos coinciden en que no es instante de meditar en socorrer la Semana Santa. “Nuestra tarea ahora es abatir drásticamente la curva, pero no para poder salir de vacaciones, sino más bien para achicar la presión asistencial e inclusive para lograr vacunar con más holgura”, remarca López Acuña. “Pienso que deberíamos borrar por completo la emoción de que tendremos condiciones para una desescalada apresurada que nos permita viajar en Semana Santa. Hay que reducir 30 o 40 veces la incidencia que tenemos, y esa es una tarea colosal”. 


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Una Semana Santa atípica


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