Parroquia de la calle Toledo de Madrid corrobora la proposición del escape de gas fuera del edificio como causa de explosión

MADRID, 4 Feb. (EUROPA PRESS) – La parroquia de la Virgen de la Paloma, aneja al centro sacerdotal y social que explotó el 20 de enero en la calle Toledo 98 de La capital española,


MADRID, 4 Feb. (EUROPA PRESS) –

La parroquia de la Virgen de la Paloma, aneja al centro sacerdotal y social que explotó el 20 de enero en la calle Toledo 98 de La capital española, ha compendiado en las últimas semanas testimonios de testigos de lo sucedido y especialistas en esta clase de hechos que confirmarían la hipótesis de un escape de gas de fuera del edificio como causa de la deflagración, han indicado Europa Press fuentes de la parroquia.

De esta forma corroboraría la primera de las conclusiones a la que llegaron los agentes de la Policía Nacional encargados de las pesquisas, que señalan a que la fuga de gas se produjo en el exterior del edificio, con lo que la responsabilidad recaería en la empresa distribuidora del suministro gasístico, según ha publicado esta tarde el períodico ‘El País’ citando fuentes de la investigación.

Días tras el hecho, ocurrido el 20 de enero, en el que murieron 4 personas y múltiples más resultaron lesiones, el responsable de la iglesia de la Paloma, Gabriel Benedicto, pidió la colaboración de los vecinos o peatones que tengan la posibilidad de haber hecho fotos o vídeos durante los minutos rápidamente posteriores a la explosión a fin de que les hiciesen llegar las imágenes con la meta de «seguir avanzando para acercarnos cada vez más a la realidad».

Así, la parroquia ha recibido decenas de fotografías y vídeos y ciertos vecinos y viandantes que pasaban por allí en el instante del estallido les han contado lo que vieron. Minutos antes de lo ocurrido, un paseante se cruzó de acera porque «olía mucho a gas», otro comunicó que en el momento en que pasó por el edificio «le pinchaban los ojos» por el gas y otra persona transmitió lo mismo a la próxima residencia de ancianos.

Además, varios técnicos que intervinieron después y expertos en la materia consultados por la parroquia, o que han acudido a ella tras un análisis de algunos elementos, concluyen que el escape se produjo fuera, en la acometida del gas. De hecho, tendrían pruebas de que esa tubería que distribuye el gas a los difierentes inmuebles estaría dañada.

Desde la parroquia de la Paloma, que repiten que están a disposición de la Policía y del Juzgado y que acatarán sus dictámenes, aseguran a Europa Press que tienen «todos los papeles en regla», todas y cada una de las calderas registradas en la dirección de Industria, aparte del contrato de mantenimiento en vigor, como de esta manera se ha publicado.

Repiten además de esto que en el momento de la defragración tanto el sacerdote fallecido, Rubén Pérez, como el amigo electricista que acudió a su llamada, David Sántos, no manipularon ni tocaron las calderas o los radiadores, algo que esta conclusión policial prelimiar en este momento descartaría.

Según explican tras una reconstrucción que han realizado con los testimonios e imágenes recabadas, una avería o rotura provocada por causas aún por ignotas en la tubería de gas produjo un escape que se olía por la calle y que se coló, creen, por el hueco del ascensor hacia los últimos pisos del edificio, haciendo ‘efecto chimenea’, teniendo el cuenta que este gas pesa poco y tiende a subir hacia arriba.

Minutos antes Benedicto, que ese día había acabado su cuarentena por positivo en coronavirus, advirtió una luz roja en su caldera y que su radiador ni calentaba ni enfriaba, por lo que apagó la caldera y abrió las ventanas. Suponiendo que era algo menor, bajó para reunirse con un carpintero a la iglesia para unos trabajos que tenían pendientes en el trono de la Virgen. Su presencia en el templo a las 14.57 horas de ese día le salvó de una muerte prácticamente segura.

Minutos antes, Rubén y David se habían cruzado con el párroco en las escaleras y entre los tres charlaron de que olía de gas en la quinta y sexta planta del inmueble. Los 2 primeros se han quedado en la quinta planta y, al reventar el edificio por algún chispa o llave de luz, en teoría la onda expansiva y los escombros expulsaron sus cuerpos hacia la calle.

En verdad, esta hipótesis la corrobarían, según aseguran exactamente las mismas fuentes, los datos de los informes médicos de ambos muertos, unas muertes compatibles con la versión de aplastamiento por caída desde altura.

Por otro lado, desde la parroquia ignoran que, según exactamente las mismas fuentes de investigación antes nombrados, los policías hayan descubierto un socavón por agua bajo inmueble en cuestión. Se da la coyuntura de que el pasado viernes por la noche se causó un pequeño escape de gas en el número 94 de la calle Toledo. Operarios del Canal de Isabel II trabajaban en una zanja en la calle cuando han pinchado una tubería de gas, que arreglaron de forma rápida.

Además, ayer miércoles comenzó la inspección del inmueble por parte los peritos contratados por el Arzobispado de Madrid, dueño del edificio, y que tras sus conclusiones deberá saber si derruye todo el edificio o lo reconstruye desde la parte quinta, que permanecen de pie tras los trabajos de los técnicos municipales.


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